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Matrimonio y género

Bonifacio Fernandez, cmf -
Todos reconocen que el género es una construcción social. Lo que implica ser de género masculino o femenino se ha construido culturalmente. Constituye un conjunto de roles sociales. Está formado por distintas maneras de vivir la  las relaciones, los sentimientos, la identidad, la intimidad.

Hay que reconocer que en cada persona humana hay una dimensión masculina y femenina, si por ello se entiende que hay unas capacidades que no están despiertas todavía, y que son distintas en los varones y en las mujeres. Los varones hemos desarrollado más la de dimensión de la acción, del proyecto; las mujeres han desarrollado más la dimensión de la comunicación y del cuidado.

Los ideólogos de género  están convencidos de que en esta socialización de la sexualidad ha sido la mujer la que ha llevado la peor parte. Se ha construido un patriarcalismo. Las relaciones entre los sexos resultan marcadamente machistas. Por eso es preciso “deconstruir” la distribución de los roles; y muchas cosas se han conseguido ya en este cambio de conciencia colectiva. Para los más radicales resulta que el  varón es el opresor; el marido es el enemigo al que hay que combatir. La maternidad es un estorbo y no un camino de realización. Algunos pretenden pasar de la lucha de clases a la lucha de sexos. El resultado final sería que desparecen las diferencias sexuales. Ya no existirían propiamente dos sexos: masculino y femenino. Existirías múltiples orientaciones sexuales…

Es cierto que el cambio social y cultural  está siendo uno de los capítulos más permanentes de conflicto entre las parejas. Es cierto que la relación matrimonial no es solamente bálsamo; es también lucha de poder.  Hacer compatible el proyecto profesional de los dos, distribuir las tareas de la casa, compartir la crianza y educación de los hijos, constituye un proceso ineludible. También resulta imprescindible el desarrollo de las apetencias sexuales de cada uno en un nuevo equilibrio de roles. Es cierto que para lograr la igualdad hace falta el “empoderamiento” de las mujeres. Y queda mucho por hacer.

Pero la cuestión de fondo sigue siendo: ¿el género es una mera construcción social y cultural? ¿No se fundamenta para nada en el sexo como realidad biológica, antropológica, psicológica y teológica? Si no se tiene en cuenta esa diferencia, ¿no estaremos cayendo en un igualitarismo plano y solipsista? ¿Dónde queda la complementariedad del hombre y la mujer? ¿No se está sacrificando el desarrollo humano de las personas al desarrollo económico?

La relación de igualdad y reciprocidad entre marido y mujer sigue siendo una gran buena noticia.


Foto por lamon
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