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María Magdalena

Ángel Moreno -
Nos fijaremos ahora en los testigos que aparecen citados expresamente en los relatos de las apariciones del Resucitado para confirmar nuestra fe en el Señor, vencedor de la muerte.
 
María Magdalena, Museo del Prado - Adriaen Isenbrant (siglo XV-XVII) Pocas veces un hecho relacionado con la vida de Jesús es avalado por los cuatro Evangelios de forma explícita. Ni siquiera la Cena Pascual es descrita por todos, ni las palabras que el Señor pronunció en cruz. Sin embargo, los cuatro relatos evangélicos dan cuenta de la presencia de María Magdalena como una de las mujeres que, a partir de su curación, -“María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios” (Lc 8, 2)-, acompañó a Jesús.
 
María Magdalena se nos presenta como la mujer fuerte, atrevida, fiel, sagaz. “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena” (Jn 19, 25). Ella fue la primera en acudir al sepulcro. “María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro.” (Mt 28, 1). La intención era ultimar los trabajos para dar sepultura definitiva al cuerpo de Jesús. “Compraron aromas para ir a embalsamarle” (Mc 16, 1-2).
 
Lo que destacan los Evangelios es que fue la primera testigo de Cristo resucitado. “Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios.”(Mc 16, 9) “Jesús le dice: «María». Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní» - que quiere decir: «Maestro» -. Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre»”(Jn 20, 16-17).
 
Ella fue la evangelizadora de los Apóstoles. Jesús le encomienda: “Vete donde mis hermanos y diles: «Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios». Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras. (Jn 20, 16-18). “Regresando del sepulcro, anunciaron todas estas cosas a los Once y a todos los demás. Las que decían estas cosas a los apóstoles eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago y las demás que estaban con ellas.” (Lc 24, 9-10)
 
«La historia de María de Magdala recuerda a todos una verdad fundamental: discípulo de Cristo es quien, en la experiencia de la debilidad humana, ha tenido la humildad de pedirle ayuda, ha sido curado por él, y le ha seguido de cerca, convirtiéndose en testigo de la potencia de su amor misericordioso, que es más fuerte que el pecado y la muerte». -Benedicto XVI, 23 Julio, 2006.
 
Aunque no parece que el Evangelio se refiera a la misma persona cuando habla de la mujer que ungió los pies al Señor en casa de Simón el fariseo y cuando lo hace de María Magdalena, a ésta se le pueden aplicar muy bien las palabras de Jesús: “A quien mucho se le perdona, mucho ama”. ¿Y tú tienes conciencia de perdonado?
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