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María, Madre de la sabiduría

Francisco Contreras cmf -

    La vida para María no discurre como un espectáculo, del que ella es una figura de comparsa, o alguien que la ve desde lejos. Sabe retener los acontecimientos. El evangelio de Lucas, tan sobrio hablando de María, la ha sorprendido en una postura característica: " María, en cambio, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón" (Le. 2,19). Es este un verso denso (sería bueno leer el pasaje completo), que refleja muy bien la actitud de María, la Madre de la sabiduría interior, la madre del Corazón. ¿Qué quiere decir? La palabra que emplea el evangelio es symbalousa. No debemos entrar ahora en complicados detalles de exégesis. Únicamente lo preciso para enterder el misterio de María. Es un típico verbo lucano, que sólo se encuentra en otro pasaje: "¿ O qué rey, que va a combatir -symbalein- contra otro rey, no se sienta primero a deliberar si con 10.000 hombres podrá salir al paso del que le ataca con 20.000?" (Le 14,31).

    Aparece un contexto bélico, beligerante. Se trata claramente de presentar batalla. Nos imaginamos a María, meditando dulcemente los acontecimientos de Jesús, pero el contexto del evangelio es duro y guerrero.

    Nosotros podemos traducir como confrontar, que también posee sentido bélico. Muñoz Iglesias, un famoso biblista que ha escrito cuatro libros sobre los evangelios de la infancia, ha vertido así sybalein: "poner orden - cambiándolas de sitio muchas veces,
hasta encontrar su encaje- las piezas de un rompecabezas". El evangelio describe la perplejidad interior de una persona que intenta comprender el significado profundo de los acontecimientos que no ve claros. ¿A qué acontecimientos debe enfrentarse María? El evangelio indica sucintamente, "remata", a saber, palabras y acciones. Más en concreto, estos acontecimientos se refieren al nacimiento de Jesús y a la inesperada visita de los pastores. A María, el ángel Gabriel le anuncia que Dios ciaría a su hijo Jesús el trono de David, y que iba a reinar para simpre; lo que María contempla ahora es un niño, desvalido y frágil, acostado en un pesebre. María trata de explicarse este duro contraste. Y también recuerda dolorida que no había sitio para ellos en Belén; que la palabra vino a los suyos, y los suyos no le recibieron. Y contempla luego a los pastores, que llegan contando lo que han visto...; pero los pastores tenían fama de ladrones y embusteros por entonces. La Virgen trata de ver en estos seres marginados los primeros testigos del evangelio de la alegría.

    María necesitó un tiemplo para llegar a comprender estas cosas. Para confrontarlas en su corazón y verlas más claras. Porque los caminos de Dios son desconcertantes -no son nuestros caminos- y el creyente precisa que la luz de la fe oriente e ilumine. En este duro discernimiento y confrontación, María sigue siendo Madre de la sabiduría, la que nos acompaña y ayuda para saber encontrar la luz de Dios en la oscura noche de nuestra vida.

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