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La Sombra Siniestra del Suicidio se Cierne sobre los Amigos y la Familia

  Estamos en manos seguras -en las de Dios-, manos mucho más amables  que las propias nuestras. Podemos fiarnos de Dios, y en ningún otro lugar o en ningún otro momento es esto más conmovedor que en el hecho del suicidio.