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La misión

Ángel Moreno -

El jueves de la cuarta semana del Tiempo Ordinario, la Liturgia nos propone el texto del Evangelio de Marcos, donde se narra que Jesús envió a sus apóstoles para que fueran de dos en dos, con la misión de predicar la conversión y con poder sobre los espíritus inmundos.

Lo que más sorprende en una primera lectura del texto son las condiciones en las que son enviados los Doce: “Con un bastón y nada más, ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto”.

Dos aspectos sobresalen en las condiciones del envío: ir de dos en dos, y hacerlo en total despojo. Sin embargo, ambas condiciones tienen lectura teológica muy significativa. La primera indica la condición necesaria para dar testimonio válido, que se pueda contrastar la verdad que se comunica, porque es verificable, al menos, por dos testigos. Jesús, al enviar a los suyos de dos en dos, con la doble presencia garantiza la verdad del anuncio. La segunda, la observamos en las condiciones que exige el Maestro a los suyos, a la hora de realizar el mandato de ir predicando por las ciudades, sin equipamiento alguno. En ello se puede descubrir que el éxito de la misión no viene de de los medios que se empleen, sino de la obediencia al que envía y del mensaje que se anuncia, más allá de las condiciones en las que se realiza.

El despojo radical pone de manifiesto quién es el que lleva a término la tarea. El Señor es el que envía, quiere contar con la colaboración de los discípulos, les da poder para realizar la misión, pero, a su vez, les deja experimentar que la fuerza viene de Él y no de estrategias y prepotencias humanas, ni de equipamientos sofisticados. Este relato debe ser siempre un referente a la hora de plantear un proyecto evangelizador. La fuerza la lleva la verdad del mensaje y la honestidad del mensajero, cuando no suplanta al que lo envía, sino que habla en su nombre.

En definitiva, el que ha sentido la llamada y desea llevarla a la práctica, debe hacerlo apoyado en la confianza que le da saber que la misión la ha recibido de Jesús. El Señor no es sádico, ni desea que los suyos pasen una intemperie exagerada para demostrar su fidelidad, sino que les garantiza su mismo poder, y el acompañamiento de signos especiales, para que sientan su presencia.

Cabe intuir un sentido más hondo en las condiciones del envío. La razón de no llevar nada de alimento, se funda en que el verdadero Pan es Jesús; la de no llevar dinero, en que Él es la mayor riqueza; la de no llevar túnica de repuesto, porque a los pies de la cruz dejará su túnica como herencia para los suyos. De ella nos deberemos revestir todos los cristianos, de la Humanidad santa del Hijo de María.

La hospitalidad que se les brinde a los discípulos será motivo de bendición para las casas que los hospeden. Este dato es de gran actualidad, cuando se nos pide, con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, en el próximo agosto, recibir a los jóvenes que llegan de otros países para el encuentro. La hospitalidad es una señal de fe cristiana, y una garantía de recibir por medio de los huéspedes, la visita de Dios.
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icono comentarios 2 comentarios

Comentarios

Cecilia Cecilia
el 5/2/11
Gracias P. Angel, sus comentarios a este pasaje del Evangelio ponen de manifiesto que el exito es solo de El, nosotros somos siervos inutiles que hacemos lo que nos toca. El sabe cuando, como y donde germiina la semilla, aunque a veces percibimos que lo hecho por nosotros no fructifica.
Que el Senor lo bendiga siempre, me gustan sus comentarios y los leo con mucho interes.
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antonio Marin H antonio Marin H
el 7/2/11
De dos en dos, como testimonio del compartir y no de un competir individualista. La evangelizacion es ""Comunión y Participación" ( Puebla)
antonio
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