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La biblia en las comunidades populares.

Javier Domínguez -
    En los viejos tiempos del franquismo, tras una redada de la policía entre los militantes obreros, se celebró en Vallecas una Asamblea Cristiana. Se escogieron una serie de textos de la Biblia. Recuerdo algunos: «Vete al Faraón y dile que deje en libertad a mi pueblo» (Ex 7,25); «jAy del que construye la ciudad con sangre y edifica un pueblo en la injusticia» (Hab 2,12); «Vosotros convertís el derecho en veneno y la justicia en acíbar» (Am 6,12). Los organizadores del acto fueron llamados al Tribunal de Orden Público bajo la extraña acusación de «lectura tendenciosa de la Biblia».

Los tiempos han cambiado mucho y las Comunidades Populares también, pero, si buscáramos una palabra que resuma de manera un tanto grotesca, cómo se lee la Biblia en las Comunidades Populares, seguramente podríamos decir que se lee «tendenciosamente».

Los libros más leídos son el Éxodo, los libros de los Profetas, los Salmos, los Hechos de los Apóstoles y, por supuesto, los Evangelios. Esta selección no se debe a que haya consignas o planes, sino a que el personal elige los pasajes que más le van.

Si pudiera buscarse un elemento común que explique esta selección, podríamos decir que se hace desde las preocupaciones actuales de las Comunidades: la situación de injusticia estructural, la denuncia, la esperanza, la liberación, la primitiva comunidad cristiana, la comunidad de bienes, los ministerios y carismas, etc. Es decir: no se estudia la Biblia desde ella misma, como puede hacerlo un exégeta, sino que se estudia desde la propia situación de la Comunidad o del mundo que nos rodea. Se busca una respuesta a los problemas que ahora nos acosan.



Hubo un tiempo en que llamamos «lectura materialista» a nuestra manera de leer la Biblia. Los ejes sobre los que se articula este método son los siguientes. Primero, se estudia lo más científicamente posible la situación histórica que revela el pasaje que queremos analizar. Y esto en tres aspectos: el aspecto económico: observar si se hace referencia a determinados modos de producción, oficios, profesiones, explotación económica... si se habla de dinero, de distribución, si se hace referencia a clases sociales, etc.; el aspecto político: estudiar si se hace referencia al poder político, a sus instituciones. Ver si aparecen clases o estamentos que monopolizan el poder. Conflictos que aparecen y cómo se resuelven; y el aspecto ideológico: estudiar el cuadro de valores y contravalores, la utilización del culto para perpetuar la injusticia, la justificación de lo injustificable, la respuesta que da la Biblia, etc.

Y se estudian también otros aspectos llamativos en el pasaje que convenga analizar. Por poner un ejemplo, al analizar la cuestión del tributo que se debía dar al César (Me 12,14-17), tendremos que ver las circunstancias de la dominación romana, la postura de los distintos grupos religiosos israelitas frente a esto... y la respuesta de Jesús.

Una vez hecho el estudio o la lectura «materialista» del pasaje, tenemos que hacer una «transposición» a nuestras circunstancias actuales, a la problemática que nos afecta. Cuando el Tribunal de Orden Público nos acusó de «lectura tendenciosa de la Biblia» es que había comprendido el sentido de la transposición. Donde se dice «Vete al Faraón y dile que deje en libertad a mi pueblo», entendieron perfectamente que no se trataba de Ramsés II.

Aunque hay muchos que leen la Biblia en privado, normalmente la lectura es comunitaria. Si alguna vez viene un perito o experto a explicar algún pasaje, no se queda la cosa en la explicación y la resolución de dificultades sino que una vez entendido se pasa a la aplicación práctica, a lo que a mí me dice ahora este texto y a lo que exige de todos nosotros.

Tenemos que reconocer que nuestro conocimiento de la Biblia todavía deja mucho que desear. Pero sí podemos afirmar que hay una serie de pasajes que tenemos asimilados y que manejamos: las bienaventuranzas, la comunidad primitiva, las denuncias de los profetas, la liberación del Éxodo y la utopía de Isaías.

Las Comunidades Populares leen la Biblia no desde la perspectiva del enégeta, sino desde las preocupaciones actuales de sus miembros: la situación de injusticia estructural, la denuncia, la esperanza, la liberación, la primitiva comunidad cristiana, la comunidad de bienes, los ministerios y
carismas, etc. Por eso su lectura es «materialista» y «tendenciosa».
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