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Jóvenes: 'okupas' a la fuerza en casa paterna hasta los 32 años.

Soraya de las Heras en El Mundo 12 mayo 2006 -



    María tiene 30 años, una amplia formación a sus espaldas y un trabajo «desde hace un año fijo», pero sigue viviendo en la casa de sus padres. «Hasta hace no mucho no tenía ingresos estables y en los empleos que he tenido antes no ganaba tanto como para poder irme de casa. El precio de la vivienda está por las nubes y para poder comprar necesitas ahorros y un sueldo que, además de abultado, sea fijo», dice esta madrileña. Su padre, Alberto, entiende la situación de su hija, a pesar de que él, a su edad, ya estaba casado, ya había tenido a sus dos hijas (María es la mayor) y, por supuesto, ya había comprado una casa.

«Yo no tengo estudios y me da pena porque ahora los jóvenes se pasan todo el día estudiando y preparándose para después no tener oportunidades de empleo. Mi mujer y yo siempre hemos sido los primeros que hemos animado a nuestras dos hijas para que estudiaran -las dos tienen titulación universitaria y María
ha terminado con excelentes calificaciones dos carreras-, pero luego todo esto no sirve para la vida real: no pueden comprar un piso, no encuentran trabajo de lo suyo...», dice Alberto.

    El caso de este padre y de su hija se repite con frecuencia en España, donde los jóvenes de nuestro país son de los ciudadanos europeos que más tardan en abandonar el nido paterno. De hecho, según el último 'Sondeo de opinión y situación de la gente joven', elaborado por el Injuve, el 51% de los
entrevistados entre 18 y 35 años continúa viviendo en el domicilio familiar, a pesar de que ocho de cada 10 encuestados declara que preferiría hacerlo de forma independiente. Vamos, que la gran mayoría de estos 'okupas' no lo son por gusto, sino por necesidad.

    Casi todos tienen el mismo perfil. Así, aunque sus edades varían en función de los distintos expertos, hay unanimidad a la hora de establecer un criterio: todos rondan la treintena. En cuanto a su formación, la gran mayoría puede denominarse lo que hace unos años se conocía con las siglas de JASP (Joven Aunque Sobradamente Preparado), pero sus empleos -en el caso de que los tengan- son inestables y con sueldos incapaces de asumir las cuotas hipotecarias necesarias para pagar las abultadas cifras del mercado.

    Con este panorama, no es de extrañar que la vivienda se haya unido a la lista de cosas que provocan el frecuente choque generacional. Claro, que no es el único elemento: un alargamiento del periodo de los estudios y un empleo inestable son otras de las causas que separan a padres e hijos.

    El sondeo realizado por el Injuve preguntaba a los encuestados los motivos por los que continuaban viviendo en el hogar familiar. El 68,1% lo tenía claro: por motivos económicos y por el precio de la vivienda. Por eso, a la hora de analizar la cuestión, todos los expertos citan como «problema fundamental» el precio de las casas. Y muy unido a éste, la situación laboral.

«El problema es que con los precios de la vivienda actuales a nivel individual resulta imposible poder acceder a una vivienda. Además, no hay que olvidar que los hábitos sociales han cambiado. Antes la gente se casaba y compraba a medias, pero hoy la situación es distinta. La edad media de emancipación
en las mujeres hoy en día es de 29 años, cuando en el año 75 se situaba en los 25 años. En el caso de los hombres, la emancipación hoy es más tardía todavía, ya que alcanzan los 31,24 años», asegura Lara de Mesa, analista de Analistas Financieros Internacionales (AFI).

CADA VEZ MÁS TARDE

    «Además de por la carestía de la vivienda, la edad de emancipación se retrasa porque se ha alargado más la etapa de estudios. Por otro lado, aquí en España no está implantado el hecho de que los jóvenes trabajen y estudien al mismo tiempo. En los años de estudiante es muy difícil que alguien se emancipe en nuestro país, porque culturalmente no está arraigada esta práctica», dice De Mesa.

    Creditaria, por su parte, situaba en un estudio reciente en 32 años la edad media en la que los jóvenes adquieren su primera vivienda. Por edades, sólo el 2% de los jóvenes entre 18 y 24 años compra casa, según este informe. En la franja entre los 25 y los 29 años, el porcentaje aumenta hasta el 42% y alcanza el 59% cuando las edades de los jóvenes se sitúan entre los 30 y 34 años.

    Otros estudios sobre jóvenes realizados en las comunidades autónomas de Cataluña, Madrid, Valencia y Galicia señalan que los españoles se emancipan del hogar familiar con más de 32 años, una edad muy distinta a la que tenían los padres de estos jóvenes cuando decidieron abandonar la casa familiar: la edad media de emancipación en los años 70 era de 24 años. Desde esa época, las dificultades para independizarse no han cesado: en los años 80 la edad aumentó a 27,5 años y a mediados de los 90 ya había subido hasta los 31,5 años.

    Alberto confirma que se fue de casa a los 15 años. «Eran otros tiempos y vivía en el pueblo donde no había mucho trabajo. Me vine a Madrid a trabajar de dependiente y después fui encontrando distintos empleos. A los 26 años me casé -mi mujer tenía 24- y un poco antes ya habíamos comprado nuestra casa. Nos costó menos de 6.000 euros, pero para la época y con nuestros sueldos, no era barata», asegura.

    «En los años 70 el coste de acceso a una vivienda también era muy alto porque los precios se incrementaban con la inflación y en esa época (1977) ésta estaba en el 27%, con lo que los ritmos de crecimiento rondaban el 20%», explica Paloma Taltavull, directora de Estudios Inmobiliarios de la Universidad de Alicante. Por eso, Taltavull cree que si la gente antes se iba más pronto de casa era «por la presión social. Era costumbre casarse cuando hoy lo es menos, las mujeres no trabajaban y se casaban muy pronto. Esta situación afectaba indirectamente al mercado de trabajo porque, en ese momento, cualquier persona con poca formación podía tener un empleo estable. Si, además, tenían algo de formación se podía optar a un trabajo de calidad. El sector público, por ejemplo, estaba arrancando en ese momento y se crearon muchos puestos», continúa.

ESFUERZO

    «La situación de la vivienda ha dificultado la emancipación a los jóvenes de forma evidente. Hasta el punto de que la gran mayoría tiene que destinar más de la mitad de sus recursos económicos para poder acceder a una casa», asegura José Luis Arroyo, responsable de la Comisión de Socioeconomía del
Consejo de la Juventud de España (CJE). Arroyo señala, no obstante, que el problema de la vivienda no es homogéneo y, por tanto, «la situación no es similar en todas las comunidades autónomas. Se empeora en ciudades como Madrid, donde los
jóvenes tienen que destinar un porcentaje de su renta que alcanza, en el caso de las mujeres, hasta el 60%, pero en otros lugares, como Extremadura, el coste de acceso es más razonable, en torno al 40%. De todas formas, lo que nosotros consideramos idóneo es un 25%, una cifra que se aleja mucho de la realidad».

    A pesar del incremento de los precios de la vivienda, la coyuntura económica ha facilitado, en determinados casos, el acceso. «En 2003, un joven español destinaba de media un 57% de sus ingresos a comprar casa y en 2005 el porcentaje era de un 53%, como consecuencia de los bajos tipos de interés», explica Arroyo.

    Y es que, a pesar de que los precios de la vivienda no son comparables a los de los años 70, el mercado hipotecario en aquella época era prácticamente inexistente mientras hoy es uno de los maduros: «No había hipotecas como las que conocemos hoy. En ese momento, lo que existían era lo que hoy son los
préstamos al promotor, además de otras fórmulas como pagos aplazados, etcétera», señala Taltavull.

    «Es cierto que las entidades de crédito se han adaptado a los nuevos mercados, pero eso no significa que concedan hipotecas a todo el mundo: los plazos se han alargado y los tipos han bajado y eso ha beneficiado a los jóvenes, pero no hay que pensar que todo el que quiera puede conseguir un préstamo
porque los bancos no corren riesgos», apunta De Mesa.

HIPOTECAS

    Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el número de hipotecas contratadas sobre fincas urbanas rondaba las 17.000 en el primer trimestre de 1975, mientras en sólo febrero de este año se han contratado más de 156.000 préstamos hipotecarios.
    Otra de las cosas que han cambiado entre una generación y otra son los tipos de interés: en el año 1975 los tipos se situaban en el 15,5% cuando hoy rozan el 3%.

    La receta que dan desde el Consejo de la Juventud de España para cambiar esta situación es que se cree un mercado de trabajo estable con salarios aceptables. «A todo esto hay que unir el compromiso de todas las administraciones para que destinen más recursos a hacer vivienda protegida porque en la
actualidad son muy escasos. Aunque la situación de los jóvenes nunca ha sido buena, desde los últimos 10 años el problema se ha agravado mucho más», señala José Luis Arroyo.
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