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José Sánchez recibe la 'Medalla al mérito de la Emigración'

José Manuel Vidal / Religión Digital -

Entre los asistentes, representantes de más de 45 asociaciones diferentes. La gente más implicada, durante estos últimos años, en la labor eclesial y social con los emigrantes. En primer lugar, los tres obispos más afines a Don José y que siguen sus huellas y no ocultan que se sienten orgullosos de levantar la bandera de la defensa de los últimos, como hizo y sigue haciendo, el emérito de Guadalajara. A su lado, en una ocasión tan solemne y emotiva, su amigo, Atilano Rodríguez, el prelado que le sucedió al frente de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara. No podía faltar Antonio Algora, el titular de Ciudad Real, que siempre conectó con el mundo del trabajo y de los pobres. Y, por supuesto, Ciriaco Benavente, obispo de Albacete y actual presidente de la comisión episcopal de migraciones.

También se quisieron sumar a su homenaje, entre otros, Rafael Del Río, presidente de Cáritas, Juan Martín Velasco, catedrático emérito del Instituto de pastoral, Tomás Raga, vicecanciller de la Universidad católica de Valencia, Julio Martínez, vicerrector de la Pontificia Comillas, Ángel Moreno de Buenafuente del Sistal, Ángel Galindo, el flamante rector de la Universidad pontificia de Salamanca, Pablo Gómez Tavira, director general de Inmigración de la Comunidad de Madrid, Antonio Cartagena, director de la comisión de pastoral de la CEE, Julián del Olmo, director de 'Pueblo de Dios' de RTVE o Eduardo Garcia, vicesecretario de la CEE.

"Un personaje de referencia y un maestro"

Como anfitrión de la Fundación Pablo VI, dio la bienvenida al acto el obispo Algora, que se sumó a las felicitaciones al homenajeado, por "ver reconocidos los méritos de Don José en lo que fue una constante en su vida y lo más querido: la atención a los emigrantes".

El presidente de la comisión de Migraciones de la CEE, Ciriaco Benavente, aprovechó el acto para urgir, una vez más, "el derecho a la reunificación familiar de los emigrantes", porque, como reza el lema de las Jornadas, "la familia es esencial para la integración". Y, por supuesto, concluyó dando las gracias por su trayectoria vital a monseñor Sánchez: "Don José es un personaje de referencia y un maestro. Siento este reconocimiento como si fuese mío".

La Secretaria de Estado, Ana Terrón, destacó que en el nuevo contexto migratorio que vive nuestro país, la familia es un mecanismo de integración de eficacia superlativa. La crisis económica y la presencia de inmigrantes dibujan un panorama cambiante en la historia migratoria. Los flujos han disminuido, según afirma la secretaria de Estado, y eso ayuda a parar un poco y a gestionar mejor los mecanismos de entrada y los procesos de integración que hay que adoptar.

La dirigente socialista abogó por "consolidar el papel de la familia" en el ámbito de la inmigración y, sobre todo, alabó, sin cortapisas, la labor de la Iglesia en este ámbito. Primero, reconociendo su colaboración absoluta, incluso a la hora de fijar leyes y reglamentaciones. Y segundo, "por su papel clave en la labor de integración de los emigrantes". Y nadie mejor que Don José, como hombre de Iglesia, para encarnar este papel, "un espejo para mirarnos los que trabajamos en este campo".

"Por tanta gente de Iglesia"

Emocionado, Don José subió al estrado a recoger la medalla y a pronunciar la conferencia de apertura de las Jornadas. Para empezar, el agradecimiento al ministro y a la Secretaria de Estado por el reconocimiento. "Lo acepto agradecido", dijo. Pero, a renglón seguido, quiso hacerlo extensivo "a tanta gente de Iglesia comprometida en este ámbito, que entregaron y entregan sus vidas al servicio de los emigrantes y que han trabajado más y mejor que yo por ellos".

Sánchez reconoció que uno de las palancas de su vida fue "servir a mis hermanos los más pequeños y olvidados". Un servicio de hombre de Iglesia, aunque, a veces "pudiese parecer el de un trabajador social". Pero nunca lo fue, porque, a su juicio, un sacerdote o un obispo nunca deben meterse directamente en el campo político.

Recordó Sánchez su época en Alemania como capellán de emigrantes y reconoció lo "mucho y bueno" que por la emigración se está haciendo en España. Tanto desde las administraciones públicas como desde la Iglesia y demás instituciones sociales.

Y, en una especie de testamento vital, el obispo de los emigrantes pidió a los que trabajan en este campo capacidad técnica y profesionalidad, pero "sobre todo afecto y corazón". Porque, a su juicio, lo esencial "es querer a los emigrantes y que se sientan queridos".

Cerró el acto el director de la comisión de migraciones de la CEE, el jesuita José Luis Pinilla, que dio las gracias a los presentes y señaló algunas de las numerosas adhesiones que llegaron para el acto de entrega de la medalla de oro a Don José. Por ejemplo, la del presidente del Pontificio Consejo de Migrantes, Antonio Veglió, la del presidente de Confer, Elías Royón, o la del arzobispo de Tánger, Santiago Agrelo.

Pinilla leyó la bella felicitación del franciscano arzobispo en Marruecos, que no pudo estar presente por encontrarse reunido con los obispos del Norte de África en Túnez. Pero, desde allí, quiso sumarse al homenaje al "hermano y compañero de camino de tantos hombres y mujeres". UN camino en el que, según Agrelo, "Don José se dejó la vida", sirviendo de guía para otros muchos. Porque "su historia está escrita en el corazón de los que encontraron en él un ejemplo, una esperanza y un alivio".
 

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