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El tiempo nuevo

Ángel Moreno -
Hemos recorrido, las horas más emblemáticas del día, con referencia a la Historia de la Salvación, al Misterio Pascual, a la vida de Jesús y de los primeros discípulos.
 
Es muy importante tener ante los ojos las diversas reacciones que tuvieron los primeros testigos de la resurrección de Cristo y aplicarlas, en lo posible, a nuestras formas de vida cristiana.
 
Con frecuencia, nos parece muy espiritual la persona que permanece en silencio, en soledad, concentrada en su meditación, intentando alcanzar el propio conocimiento, el dominio de sí, para lo que emplea todas sus fuerzas, de manera ascética y meritoria.
 
A la luz de las escenas de Pascua, se comprende que aquel primer día de la semana, Jesús no se quedó en el seno de su Padre, gozando de la intimidad entrañable, amorosa que tanto anhelaba, mientras caminaba por Galilea, Judea y Samaría. Por el contrario, de la mañana a la noche estuvo atento a todas las circunstancias de sus discípulos, fue al jardín del sepulcro, en el camino se presentó a las mujeres, lo hizo también apareciendo en el lugar donde se encontraban los discípulos reunidos, caminó junto a los dos de Emaús, volvió a aparecerse en Jerusalén, y también en Tiberiades, fue un día en el que el Resucitado demostró hasta qué punto la solicitud por los otros es vida espiritual, gloriosa.
 
En el contexto de las múltiples apariciones del Resucitado, observamos que aquellos que antes lo vieron y creyeron fueron quienes madrugaron y corrieron. Sorprendentemente, las personas que tienen mayor fama de contemplativas, María Magdalena y el discípulo amado, aparecen yendo deprisa al sepulcro, y volviendo al cenáculo. Los discípulos de Emaús no se quedaron en la posada, engolfados en su experiencia consoladora, se volvieron a Jerusalén para compartir con los otros lo que habían visto y oído.
 
La jornada de Pascua, cada una de sus horas, se inscriben en un tiempo nuevo, que se convierte en circunstancia propicia para buscar, contemplar, compartir, anunciar la gran noticia de Cristo resucitado.
 
Los que aman no se agotan. María, la madre de Jesús, dio muestras de la fuerza del amor, de la entrega, cuando subió corriendo a servir a su prima Isabel, a la montaña de Judea.
 
¡Vayamos a Galilea o volvamos Jerusalén! ¡Vayamos al sepulcro, o volvamos al cenáculo! ¡Vayamos a Emaús o volvamos donde están todos los demás! Y en este ir venir para compartir la fe en la resurrección de Cristo, sentiremos que no hay fatiga y que el tiempo se colma de gozo, experiencia gratuita de la presencia de Jesús, que sale también a nuestro camino. ¡Vivamos el tiempo pascual, a la manera de Jesús, y de los suyos!
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