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Cuadrado en el pais de los Redondos. "Distinto", de Juan Ramon Jimenez

Mercedes Mas en Catequistas n. 169 -


    Me contaron de un pueblo donde todo era Redondo, las casas, las personas, las cosas...
    La gente rodaba alegremente por las calles en sus círculos grandes y pequeños, de todos los colores...
   
Pero un día llegó a este pueblo un viajero. La cosa no era para extrañar a nadie, sino por el hecho de que este viajero era Cuadrado. A "Cuadrado" ese país sin esquinas le pareció raro, pero le gustó, y decidió quedarse a probar suerte. A los Redondos les ocurrió una cosa curiosa. Antes de la llegada de "Cuadrado" tenían la impresión de ser muy distintos entre ellos, pero desde que él llegó, se dieron cuenta de lo parecidos que eran.
 
    "Cuadrado" observó en seguida que todos le miraban siempre. Todos esos ojos encima le ponían nervioso. Se sentía como un equilibrista sobre la cuerda. Y cuanto más intentaba estar atento, más se metía en líos. "Cuadrado" se sentía fatal cuando oía murmurar a sus espaldas: ¡Qué torpes son los Cuadrados, chocan con todos, no tienen sensibilidad, parece que pinchan a posta!

    Desde luego, no era algo fácil ser Cuadrado en medio de tanto Redondo. Hasta las puertas eran un problema.

    Cansado de estar solo, intentó socializar, y para que le hicieran caso enseñó a todos la cantidad de cosas que sabía hacer. Hacía todo con diligencia y rapidez, era atento y disponible, trabajaba más que los demás... Pero la cosa no mejoró. Estaba muy cansado y los Redondos seguían comportándose de forma extraña cuando estaba él delante. Pensó que tal vez fuera mejor pasar inadvertido, parecerse a ellos: se puso algodón en la ropa, se rizó los pelos, e intentó imitar el acento "redondo". Pero tampoco cambió nada. "Cuadrado" se sentía ridículo y los Redondos parecían molestos de su tentativa de imitarles.

    Finalmente tuvo una idea. Tal vez si se hacía amigo de un Redondo, éste le podría ayudara integrarse. Detrás de todo Redondo, hay siempre un Cuadrado. Ayudó a un Redondo a pintar la casa, le hizo compañía cuando estaba malo, etc...

    Y las cosas, efectivamente, mejoraron un poco. De vez en cuando, Redondo llevaba a "Cuadrado" a alguna fiesta, o le agradecía su ayuda. Pero "Cuadrado" no era feliz, no se sentía amigo, sólo ayudante, o siervo... Además había notado que los Redondos le hacían más caso y reían sus bromas cuando él hablaba mal de los otros Cuadrados, cuando se burlaba de ellos, cuando decía que los Cuadrados eran torpes, ignorantes, violentos, o que roban a los niños Redondos, que quitan puestos de trabajo a los círculos...

    Una mañana, "Cuadrado" se levantó más triste y cansado de lo normal y decidió irse. Mientras atravesaba el pueblo con su macuto, se dio cuenta de que algunas miradas le acompañaban, y algunos que parecían tristes, avergonzados, como él. Parecía que no tenían fuerza para saludarle. Tampoco él conseguía abrir la boca. De este modo se fue del pueblo. La pena que le quedaba era no haber visto antes aquellas miradas, no haber intentado contarles cómo se sentía, no haberles preguntado lo que sentían ellos.

Preguntas para la reflexión:


¿Cuándo, en nuestra vida, nos hemos sentido como ‟Cuadrado"? Tiempo para que todos cuenten una experiencia. ¿Cuándo nos hemos sentido un Redondo?(mayoría) y cómo nos hemos comportado ante la llegada de un Cuadrado?¿Qué es más fácil, reconocerse como Cuadrado o como Redondo? ¿Por qué? ¿Existen Cuadrados que no desean adaptarse? ¿Qué diferencia de vivencia tienen? ¿Habéis dicho en vuestro grupo cosas interesantes para compartir?  Si todos nos sentimos «cuadrados », ¿quiénes son los « redondos»?  No se es siempre cuadrado, ni siempre redondo. ¿Qué nos hace sentir de una manera o de otra?


Distinto

Lo querían matar los iguales,
porque era distinto.
Si veis un pájaro distinto, tiradlo;
si veis un monte distinto, caedlo;
si veis un camino distinto, cortadlo;
si veis una rosa distinta, deshojadla;
si veis un río distinto, cegadlo.
si veis un hombre distinto, matadlo.
¿Y el sol y la luna dando en lo distinto?
Altura, olor, largor, frescura, cantar, vivir
distinto de lo distinto;
lo que seas, que eres distinto
(monte, camino, rosa, río, pájaro, hombre):
si te descubren los iguales,
huye a mí,
ven a mi ser, mi frente, mi corazón distintos.
                                                                Juan Ramón Jiménez
                                en «Una colina meridiana» (1942-1950).
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