Espacios

Home arrow_carrot 2right icon Espacios

Naturaleza de la Fe

Naturaleza de la Fe

Dios nos creó a su imagen y semejanza, y nosotros nunca hemos cesado de devolver el favor.

Lidiando con Dios

Lidiando con Dios

Desde Abrahán hasta Jesús vemos cómo las grandes figuras de nuestra fe no suelen decir fácilmente: ‘Hágase tu voluntad’.

Imágenes de cuaresma

Imágenes de cuaresma

¿Por qué marcamos aparte cuarenta días cada año para renunciar de forma voluntaria a algunos goces legítimos, a fin de prepararnos para Pascua?

Lo doméstico y lo monástico

Lo doméstico y lo monástico

La santidad se alcanza cumpliendo las obligaciones que ineludiblemente se abren ante nosotros cada día.

SANGRE Y AGUA DERRAMADAS.

SANGRE Y AGUA DERRAMADAS.

En todas partes se encuentra la paradoja: A veces las cosas que piensas que te van a hacer feliz acaban entristeciéndote, y a veces lo mismísimo que te parte el corazón de dolor es también lo que lo abre al calor humano y a la gratitud.

Vivir en la Luz

Vivir en la Luz

Hace unos años, se me acercó un hombre que me pidió que yo fuera su director espiritual. Tenía unos cuarenta y tantos años, y casi todo en él irradiaba un buen grado de salud. Mientras nos sentamos para hablar, le mencioné que parecía estar en muy buena forma.

Las  Diez Mayores Luchas-de-Fe de Nuestra Era

Las Diez Mayores Luchas-de-Fe de Nuestra Era

A veces el simple hecho de poner nombre a algo puede ser inmensamente útil. Mientras no somos capaces de poner nombre a algo nos sentimos más indefensos ante sus efectos, sin llegar a saber realmente lo que nos está ocurriendo.

Ojos de amor… para ver la primavera y la Pascua

Ojos de amor… para ver la primavera y la Pascua

Cuando tenía yo veintitantos años, pasé un año como estudiante en la Universidad de San Francisco. Justamente acababa de ordenarme sacerdote e intentaba sacar un título de posgrado en teología.

Resurrección: Sobreviviendo a Nuestras Crucifixiones

Resurrección: Sobreviviendo a Nuestras Crucifixiones

Cada sueño, cada ideal, al final acaban crucificados. ¿De qué modo? Por el tiempo, las circunstancias, la envidia; y por ese dictado curioso y perverso  –de alguna manera innato en el orden de las cosas–  que asegura que hay siempre alguien o algo que no puede partir a gusto a solas, sino que, por razones muy suyas, tiene que partir cazando, persiguiendo y golpeando a lo que es bueno.