Liturgia Diaria Martes Santo

UN SENTIDO DE MISIÓN (Is 49,1-6; Jn 13,21-33, 36-36)

Introducción
El evangelio de hoy nos presenta tres personas:
La primera es un hombre preocupado por sus propios intereses y necesidades, su satisfacción egoísta. No es una persona libre; no está abierto a Cristo, porque está sirviendo al dinero y a la codicia. Traicionará a Jesús. Este hombre es Judas.
Después, hay un segundo hombre, una buena persona, abierto a Cristo, pero débil. Trata de ocultar su fragilidad con valentía impetuosa y autosuficiente.  Pero se raja en la hora de la prueba. Negará a Jesús. Esta persona es Pedro.
La tercera persona es Jesús. Él es totalmente desinteresado y generoso, totalmente abierto a Dios y a todo el mundo. Es el perfecto servidor, la persona-para-otros, que viene descrito de nuevo hoy en la Primera Lectura con las palabras del Segundo Canto del Siervo de Dios. Y, porque fue el siervo perfecto, pudo salvarnos a todos.

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo, Jesucristo,
tuvo que sufrir la humillación
de ser negado y traicionado
por aquellos a quienes llamaba sus amigos.
Pero convirtió su pasión y su muerte
en instrumentos de amor y reconciliación.
Haznos como él,  “personas-para-los-demás”,
que aceptemos dificultades,
incluso incomprensiones y traiciones 
de nuestros mejores amigos,
y que las transformemos
en fuentes de vida y alegría
para todos los que nos rodean.
Guárdanos siempre fieles a ti y los unos a los otros.
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Oración de los Fieles
Tanto amó Dios al mundo que entregó su único Hijo para salvarnos y darnos vida con su muerte y resurrección. Roguemos a Jesús por todos los que sufren y digámosle: R/ Señor, por tu cruz redimiste al mundo.

-    Por aquellos cuyos ideales se han  desvanecido, para que sepan ver y aceptar todavía la novedad de vida y se renueven constantemente a sí mismos, roguemos al Señor.
R/ Señor, por tu cruz redimiste al mundo.

-    Por los eternos perdedores en sus luchas personales contra las fuerzas del mal, para que confíen en Cristo, cuya gracia es más poderosa que el pecado y que la muerte, roguemos al Señor. 
R/ Señor, por tu cruz redimiste al mundo.

-    Por los que viven solos, alejados, o encerrados en sí mismos, para que acepten la compañía de Cristo, y, por medio de él se abran a otros, roguemos al Señor.  R/ Señor, por tu cruz redimiste al mundo.

-    Por todos nosotros, para que aprendamos de nuestro Señor mismo a cargar nuestras cruces  con paciencia y humildad, para que de alguna manera nos traigan vida, a nosotros y a nuestros prójimos, roguemos al Señor.
R/ Señor, por tu cruz redimiste al mundo.

-    Por los miembros de esta nuestra comunidad, para que como Jesús, nuestro Salvador, seamos pobres, serviciales y abiertos y sensibles a todas las necesidades, roguemos al Señor. 
R/ Señor, por tu cruz redimiste al mundo.

Señor Jesucristo, tu cruz sigue siendo para nosotros un misterio, como todos los dolores y necesidades que nos laceran. Sin embargo, confiamos en tu palabra y ejemplo de que ése es un camino de alegría y libertad. Transforma nuestras cruces, y hazlas portadoras de vida y felicidad, ahora y por los siglos de los siglos.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios, Padre amoroso:
En la noche antes de entregarse a la muerte,
tu Hijo Jesús se dio a sí mismo a sus amigos
en forma de pan para ser comido
y en forma de vino para ser tomado y compartido.
Mientras estamos reunidos aquí para este santo banquete,
te pedimos que tu Hijo se dé de nuevo a nosotros,
para que aprendamos de él
a entregarnos los unos a los otros
y que la fuerza para ello venga
del mismo Jesucristo, nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios y Padre nuestro:
Hemos comido,
en este banquete de Jesús, tu Hijo,
el pan de fidelidad.
Como Judas o Pedro,
nosotros, a veces, también le hemos traicionado,
cuando rompimos nuestra amistad contigo
y cuando negamos a nuestro prójimo
el derecho a ser libre y feliz.
Queremos que, de ahora en adelante,
él sea nuestra fuerza
para llevar justicia y dignidad
incluso a los últimos y menos considerados
entre nuestras hermanas y hermanos.
Que sea también nuestra fuerza
para construir entre todos
tu comunidad de alegría y esperanza,
en la que viva Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Una de las experiencias más tristes en la vida es ver  el amor y la confianza de uno incomprendidos, negados, o incluso traicionados. Ésta fue la suerte de Jesús. Él sufrió por ello, sin embargo lo aceptó voluntariamente en orden a deshacer nuestras deslealtades y traiciones. Por eso su mismo amor y lealtad al Padre y a nosotros fueron tan lejos como se pueda imaginar: hasta la muerte. Y es así como ganó para nosotros el valor para amar sin contar el precio y para ser fieles hasta el fin. Que el Señor nos colme con su bendición. Y así, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y les acompañe siempre.