Comentario al Evangelio del

José Luis Latorre, cmf

Queridos amigos

En la fiesta de la conversión de Pablo nos recuerda el Evangelio “Id y proclamad el Evangelio a toda la creación”. Anunciar el Evangelio fue la vida y la pasión de Pablo después de su conversión. Gracias a  su conversión, a haber encontrado el sentido de su vida, a haber encontrado a Jesús llegó a ser uno de los grandes testigos del Evangelio en medio de dificultades también.

La conversión de Pablo fue encontrarse  profunda y vitalmente con Jesús que “se entregó a si mismo por mi” muriendo en la cruz y resucitado ahora vive conmigo y en mí. En ese encuentro descubrió que, confiando en el perdón de Jesús y dejándose llevar por su mano, podía salir de las arenas movedizas del orgullo y del pecado, de la mentira y la  tristeza, del egoísmo y de toda falsa seguridad para conocer y vivir la riqueza del amor de Cristo.

El encuentro con Jesús camino de Damasco dio un cambio total en él: de perseguidor a muerte de Jesús en los cristianos a apóstol intrépido e infatigable. Desde ese momento Jesús pasó a ser la vida de Pablo: “para mí la vida es Cristo”. “Vivo yo mas no yo, es Cristo quien vive en mi”. Jesús lo fue todo para Pablo e imitarle a Él el ideal y objetivo único de su vivir y actuar. De este encuentro con Jesús vivido día a día nacía también la pasión de evangelizar (“ay de mi si no evangelizo”), pero no como una obligación sino como una necesidad vital e incontenible; anunciar el Evangelio era natural en Pablo y lo que le hacía correr de un lado a otro sin descanso.

Quien cree en Jesús y lo busca en la oración, en la Palabra  y los sacramentos poco a poco se transforma en misionero, en apóstol. Y cuanto más cultive el encuentro con Jesús más sentirá el deseo y la necesidad de evangelizar e imitar al apóstol Pablo. El Papa Francisco nos repite insistentemente que los cristianos somos “discípulos misioneros”. Esa es nuestra identidad más profunda y nuestra forma de vivir la fe que hemos recibido. San Pablo VI decía y repetía: “un cristiano que no es misionero, no es cristiano”, es decir no vive como le pide su vocación bautismal. Y si “la fe mueve montañas”, no habrá peligro – demonios, lenguas nuevas, serpientes, veneno…- que no pueda ser vencido y superado. Nada se resiste a la fe y nada la hace vacilar o volver atrás. Por eso dice Jesús: “a  los que crean les acompañarán estos signos…: en mi nombre”.

Comentarios
Ver 17 Comentarios
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.