Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

Queridos amigos,

No podemos leer el texto del Evangelio de hoy sino a la luz del que leímos ayer. Lucas ha redactado los dos textos de anunciación del nacimiento de Juan y de Jesús con un clarísimo paralelismo. Es el mismo ángel Gabriel el encargado de transmitir en los dos casos el mensaje. En los dos, también, se trata de un Evangelio, de una buena noticia. En la inminencia de la venida al mundo del Hijo de Dios, del cumplimiento de las antiguas promesas, del advenimiento del día del Señor, no es posible no caer en la cuenta del tono extraordinariamente positivo de los anuncios que preparan los acontecimientos decisivos de la historia de la salvación. Son indicativos de la actitud de Dios hacia la humanidad, hacia cada ser humano. No hay sombra de reproche, de advertencia, de amenaza de castigo. Sólo palabras positivas, que invitan a dejar a un lado el temor, que anuncian el triunfo de la vida, el favor de Dios. Ya descubrimos ese tono en el anuncio del nacimiento de Juan. En el caso de María, se da todo un exceso de positividad: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Dios, en María, piropea a la humanidad, a esa creación “muy buena” que salió, efectivamente, de las manos del Creador “llena de gracia”, sin asomo de mal, y que el pecado, pese a su gravedad, no ha podido velar del todo, como se refleja en plenitud en la hija de Sión.

En su actitud y su respuesta esta precisamente la diferencia con el texto de ayer. Al contemplar este cuadro luminoso de la Anunciación, podemos comprender que no necesitamos escondernos de Dios, que debemos despejar toda sombra de temor, que podemos habitar, como María, en lugar abierto, porque Dios no viene en plan amenazante o vindicativo, sino cargado de promesas de vida nueva. Y podemos comprender, además, que es posible confiar en este Dios que se relaciona con nosotros sólo en positivo. Podemos confiar en Él incluso si no entendemos de entrada todo lo que nos dice. Tampoco María, turbada por la sorpresa, entendió todo desde el principio. Y, sin embargo, a diferencia de Zacarías, la falta de comprensión no produce desconfianza, sino entrega confiada al poder benéfico de Dios y disposición al servicio. Sí, Dios nos llama a todos, como llamó a María, a una vida fecunda, a cooperar en la obra de la salvación. No hace falta ser superhombres ni realizar acciones extraordinarias, basta, como aprendemos de María, confiar, acoger y servir.

Cordialmente

José M. Vegas CMF

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