Comentario al Evangelio del

Rosa Ruiz, misionera claretiana

Como os dije el lunes, Jesús no se indigna con los fariseos y escribas por serlo, sino por hipócritas. El evangelio de hoy nos lo muestra: Jesús (menos indignado aparentemente) vuelve a rechazar a los hipócritas, pero esta vez ¡habla a sus discípulos! Sí, sí, a sus más cercanos seguidores les compara con criados “canallas”, incapaces de permanecer en vela y por tanto, dignos de estar donde están los hipócritas. Hasta ese punto es importante para Jesús ser personas vigilantes, cuidadosas, fieles…

Quizá hay dos modos de mantenernos vigilantes en la vida: por amor o por temor. El resultado es muy distinto. Quien vela por miedo, puede que permanezca despierto pero antes o después acabará ajustándose con el “ladrón” que mejor le convenga, aquel que mejor le dé lo que tanto teme perder o le asegure algún tipo de ganancia.

Quien vela por amor, solo vela por aquel a quien ama, por aquel a quien espera. Todo lo demás es secundario: ni los contratiempos le derrotarán ni los aparentes beneficios le distraerán. No: su vigilancia y cuidado sólo termina en el encuentro con quien ama.

Si alguien sabe de amar y esperar al amado es San Agustín, a quien hoy recuerda la Iglesia. Lo experimentó y lo supo transmitir:

No hay razón más fuerte para el nacimiento del amor o para su crecimiento que el saberse amado antes incluso de comenzar a amar, o esperar ser amado cuando uno ya ama, o el tener pruebas concretas que el amor es compartido (De cat. rud. 4, 7).

Que el Señor nos regale sentirnos tan amados que vivamos en una vigilante espera, suave, fiel, alegre… “pues nos has hecho para Ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti” (San Agustín).

Vuestra  hermana en la fe, Rosa Ruiz, misionera claretiana

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