Comentario al Evangelio del

Pablo Largo, cmf

Queridos amigos:

«Muéstranos al Padre, y nos basta». ¡Ojalá sea este anhelo de Felipe nuestro propio anhelo! ¡Ojalá fuera ese deseo el de los hombres de nuestro tiempo y cultura! En Occidente, por desgracia, tenemos la sensación de que amplios sectores de la población se desentienden de Dios: por alejamiento silencioso, por ateísmo ruidoso, por las preocupaciones y ocupaciones del día a día. Ilustraba esto último, hace ya años, una hoja anónima con una serie de dibujos y su respectivo comentario. La repasamos.

En la primera viñeta aparece un bebé. El comentario dice: “Demasiado pequeño para pensar en Dios”. En la segunda, el bebé es ya un adolescen¬te que monta en moto embriaga¬do por la velocidad. El pie correspon¬diente reza: “Demasiado entretenido para pensar en Dios”. Años después está con su novia en el parque. La reflexión apunta: “Demasiado feliz para pensar en Dios”. En la cuarta viñeta lo vemos en un despacho, ante el escritorio, sobre el que se apila un enorme mazo de papeles. Esta era la varia¬ción del texto: “Demasiado ocupado para pensar en Dios”. Horas más tarde, en casa, ve un programa de TV: está “demasiado cansado para pensar en Dios”. Pasa el tiempo, y el mismo sujeto, anciano, guarda cama. Ahora está “demasiado enfermo para pensar en Dios”. Finalmente vemos una lápida. La nota al pie sentencia: “Demasiado tarde para pensar en Dios”.

Que no nos suceda lo mismo. San Ireneo condensó el mensaje del evangelio de hoy en estas palabras: «Lo visible del Padre es el Hijo». Jesús es luz y nos ha revelado que Dios es luz en la que no hay tiniebla alguna (1 Jn 1,5); Jesús es amor y nos ha revelado que Dios es amor (1 Jn 4,8). Jesús es el Hijo y en su Pascua nos ha revelado que Dios es nuestro Padre (Jn 20,17; 1 Jn 3,2). No vivamos como huérfanos; no le hagamos sentir “orfandad de hijos”.

Vuestro amigo
Pablo Largo

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