Comentario al Evangelio de mañana

Rosa Ruiz, Misionera Claretiana

Lunes, 16 de diciembre de 2019

Queridos amigos y amigas:

“Autoridad” es una palabra que en muchos lugares no tiene buena prensa. A menudo reaccionamos a ella con desconfianza. La ambicionamos desmedidamente o la rehusamos como si del mismísimo demonio se tratara. Quizá porque confundimos autoridad con poder. Y nada más lejos.

El evangelio de hoy nos pone frente a esta disyuntiva: ¿tener autoridad es un elogio o un insulto? En el caso de Jesús, su autoridad no dejaba indiferente ni a sus seguidores ni a sus adversarios. Era llamativo; tanto, que le preguntan de dónde le viene tal autoridad. Y Jesús no responde. Tampoco se enfada ni castiga a quien le pone en duda. Simplemente, ejerce una vez más, su “soberana” autoridad, su escandalosa libertad.

Nos molestan las personas libres. Las de verdad. Y puede que nos incomoden porque son personas con autoridad. O lo que es lo mismo, personas que “no mandan” ni se imponen. Tampoco ambicionan el poder de la fuerza o de la imagen o del prestigio. Simplemente, son libres. Tanto, que si nos incomodan, tendemos a preguntar, como los fariseos: “pero, ¿tú quién te crees que eres?, ¿a ti quién te ha dado esta autoridad de decir lo que piensas y hacer lo que crees mejor aunque no coincida con la norma?”

Pero también queda otra opción: reconocer su autoridad, su libertad; y quedarnos cerca, prudentemente cerca. Y pedir a Dios que nos enseñe a mirar y a ver y a sentir y actuar como hacen ellos. Las personas libres. Como Jesús.

Vuestra hermana en la fe,

Rosa Ruiz, Misionera Claretiana (rosaruizarmi@gmail.com)