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VII Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A

Angel Moreno -

(Lv 19, 1-2, 17-18; Sal 102; 1 Co 3, 16-23; Mt 5, 38-48)

Pocas veces como en la liturgia de la Palabra de este domingo, se nos ofrece de manera tan concentrada el proyecto de vida que debemos asumir los seguidores de Jesús, quienes hemos sido constituidos templo santos de Dios, por gracia.

El texto evangélico que hoy se proclama en la Liturgia, termina con una expresión axiomática: “Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”, resonancia de lo que se afirma en la primera lectura: “Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo”.

No obstante, aunque sea tan clara y contundente la invitación, podemos quedar impactados por sentirnos incapaces de llegar a tanta perfección como la que Dios tiene, a la santidad que Dios es, a pesar de que san Pablo nos asegura que “el templo de Dios es santo; ese templo sois vosotros”.

Sin embargo, al considerar el texto del salmo interleccional, podemos observar en diez acciones concretas la revelación y el despliegue de la santidad divina, a la que somos llamados.

Dios perdona las culpas, cura las enfermedades, rescata de la fosa, colma de gracia y de ternura, es compasivo y misericordioso, lento a la ira, rico en clemencia, no nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga según nuestras culpas, es como un padre que siente ternura por sus hijos.

Ha sido Jesús, mostrando la máxima autoridad, quien nos ha mostrado la forma de caminar hacia la santidad; no devolviendo mal por mal, y siendo capaces de amar a los enemigos, a los que sentimos contrarios, rezando por ellos.

Las enseñanzas que hoy nos presentan las Sagradas Escrituras pueden parecernos imposibles de cumplir; sin embargo, justamente estos días se está proyectando en las salas de cine la película: “Dioses y hombres”, sobre los siete monjes cistercienses martirizados en Argel, que dejaron escritos testimonios de perdón y de amor, en el presentimiento de un posible ataque terrorista.

Estos días, nos estamos alegrando con toda la Iglesia de la próxima beatificación del papa Juan Pablo II, testigo, junto con su pueblo, de persecución y martirios, que supo actuar sin odio ni resentimiento, hasta lograr derribar los muros de la intolerancia y los despotismos ideológicos.

La santidad es posible desde el testimonio del amor y del perdón.  Los cristianos somos los testigos del amor de Dios. Jesús es el mayor modelo de santidad y nos dio ejemplo de morir perdonando.

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