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Meditación para la Solemnidad de todos los santos.

Angel Moreno -

Apc 7, 2-4. 9-14; Sal 23; 1 Jn 3, 1-3; Mt 5, 12

El Concilio Vaticano II afirma: “Todos estamos llamados a la santidad”. San Juan nos asegura que Dios Padre nos llama hijos suyos, y cuando lo veamos tal cual es, seremos semejantes a Él.

Hay gritos de guerra y gritos que anuncian la paz; hay gritos por catástrofes y otros que proclaman la victoria; hay gritos de dolor y de gozo. El Apocalipsis nos convoca a fiesta, como fruto y regalo de los que son santos. “Un ángel gritó con voz potente: «No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles».” Por los siervos de nuestro Dios. “Una muchedumbre inmensa gritaba: «La victoria es de nuestro Dios». Todos los ángeles decían: «La alabanza, y la gloria, y la sabiduría, y la acción de gracias, y el honor, y el poder  y la fuerza son de nuestro Dios».”

El júbilo proviene de la proclamación más solemne que hace Jesús de quiénes son los bienaventurados: “los que lloran, los sufridos, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos… Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo”.

Al reflexionar sobre los títulos que hacen felices y bienaventurados, se descubren las paradojas del Evangelio, que a su vez se convierten en claves para alcanzar la bienaventuranza. En la revelación positiva que hace Jesús, descubrimos el secreto de la santidad. Se nos ha revelado el camino por donde subir al Monte Santo.

  • “El que cree, tiene vida eterna” (Jn  6, 47). El que cree en mí, aunque muera, vivirá (Jn 11, 25). El que cree en el Hijo tiene vida eterna (Jn 3, 36).
  • “El que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él» (Jn 14, 21). “El que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él  ante los ángeles de Dios” (Lc 12, 8).
  • “El que persevere hasta el fin, ése se salvará.” (Mt 10, 22; 24, 13).
  • “El que pierda su vida por mí, la encontrará”. (Mt 10, 39) “El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo” (Mt 20, 26-27). “El que se humille, será ensalzado” (Mt 23, 12). «El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor». (Lc 9, 48). 
  • “El que obra la verdad, va a la luz” (Jn 3, 21). “El que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna» (Jn 4, 14). “El que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna” (Jn 5, 24) “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día” (Jn 6, 54). “El que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8, 12). “El que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna” (Jn 12, 25).

No podemos refugiarnos en la ignorancia. Se nos ha mostrado el camino de la santidad.

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icono comentarios 1 comentario

Comentarios

gekzjm gekzjm
el 1/11/10
Haz Señor de cada momento de mi vida un motivo de bienaventuranza, de acción de gracias porque la felicidad me viene de ti, de acción de gracias porque tras la prueba la misericordia me viene de tí. Toda mi vida es don de tu amor y sólo haciendo de ella don de amor para los demás puedo ser verdaderamente Bienaventurado. Señor despiertame cuando me duerma, cuando te deje solo, cuando me olvide de tí. Que no me despierte el canto del gallo porque habré vuelto, como tantas veces, a llegar tarde. Despiertame Señor, no me quede dormido. Despietame Señor no me pierda tu amor.
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