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Meditación desde Buenafuente para el Domingo 31 del Tiempo Ordinario (3 de noviembre de 2019)

Angel Moreno -

Evangelio

Entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa». Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador». Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más». Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido» (Lc 19, 1-10).

Comentario

Se me quedó grabada la homilía que el papa Francisco pronunció en la misa de clausura de la JMJ en Polonia. Entre otras cosas, dijo: “Zaqueo era un rico colaborador de los odiados ocupantes romanos; era un explotador de su pueblo, uno que debido a su mala fama no podía ni siquiera acercarse al Maestro. Sin embargo, el encuentro con Jesús cambió su vida, como sucedió, y cada día puede suceder con cada uno de nosotros. Pero Zaqueo tuvo que superar algunos obstáculos para encontrarse con Jesús, al menos tres, que también pueden enseñarnos algo a nosotros: El primero, la baja estatura; el segundo, la vergüenza paralizante; un tercer obstáculo, la multitud que murmura, (Francisco, JMJ Polonia, 31 de julio 2016).

La figura de Zaqueo subiéndose al sicomoro (árbol de la familia de los ficus, al igual que la higuera) para poder ver a Jesús me suscita una reflexión que evoca la imagen de la higuera en otros pasajes. La sinagoga se representa con la higuera, y Jesús describe la fidelidad de Natanael diciendo que lo vio debajo de la higuera. Podemos comprender que el publicano pensó que debía practicar la ley para poder ver a Jesús. Sin embargo, el Maestro le dice que baje del árbol, que no es por ese camino como tendrá el gozo de conocer al Nazareno.

Hemos escuchado el domingo pasado el ejemplo del fariseo y del publicano, y de cómo salió justificado el que se sentía pecador. Este domingo vuelve la figura del publicano, que pretendía obtener el título legal para ver a Jesús practicando la ley. Pero el Maestro le hace comprender que no es esa la manera, sino que debe dejar el camino de la autojustificación y del fariseísmo vanidoso. Entonces, sorprendentemente, se convierte en anfitrión del Señor.

Deberemos superar obstáculos en el camino espiritual, pero sobre todo nos deberemos dejar invitar por el Señor y abrirle nuestra casa ante su deseo de sentarse con nosotros a la mesa.

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