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Latinoamérica se desangra en Honduras.

Daniel E. Benadava. -

El pasado 30 de septiembre un grupo de policías ecuatorianos encabezó una sublevación que tenía como fin derrocar al gobierno democrático de su país pero esta siniestra maniobra, que era avalada en las sombras por sectores de derecha que proponían convocar a elecciones presidenciales anticipadas, no tuvo éxito ya que fue abortada de raíz por la movilización popular, la valentía del primer mandatario ecuatoriano Rafael Correa y el unánime rechazo internacional.

Por desgracia no todos los intentos que encabezaron grupos latinoamericanos retrógrados, que añoran aquellas épocas en las que los fúsiles silenciaban los reclamos populares, pudieron ser sofocados en los últimos años.  En efecto, el 28 de junio del 2009 un grupo de militares hirieron gravemente a la democracia latinoamericana cuando derrocaron al gobierno hondureño que estaba encabezado por José Manuel Zelaya Rosales quien, hacía tiempo, proponía convocar a una Asamblea Constituyente para que en su país exista un ordenamiento jurídico, político, social, económico y cultural concensuado entre todas las fuerzas políticas.

El citado golpe de estado, además del apoyo de las fuerzas militares y políticas hondureñas de derecha, tuvo el (implícito) guiño de los Estados Unidos que a través de su embajador en el país centroamericano planteó que la remoción de Zelaya no constituía un golpe de Estado;  y el aval de la Conferencia Episcopal de Honduras que el 3 de julio del 2009 sostuvo que las instituciones del Estado democrático hondureño estaban en vigencia ya que los tres poderes del Estado estaban en vigor legal y democrático.

Luego del fallido intento que hicieron algunas organizaciones internacionales por restituir a Manuel Zelaya a la presidencia de su país, el golpe de estado hondureño se vio institucionalmente fortalecido cuando el 29 de noviembre del 2009 se llevaron a cabo elecciones presidenciales, de las cuales estuvo excluido Zelaya, en la que resultó electo Porfirio Lobo Sosa quién fue reconocido como legítimo primer mandatario hondureño (entre otros) por los Estados Unidos, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Según el Frente Nacional de Resistencia Popular Hondureña (FNRP), que fue conformado a partir de los hechos acontecidos el 28 de junio del 2009, en estos tiempos el pueblo hondureño vive en un estado de barbarie ya que, además de que la seguridad pública no se ve por ningún lado ya que cada día ocurren no menos de 15 homicidioslos pocos grupos económicos que concentran el mayor porcentaje de la riqueza muestran una voracidad que... mata de hambre, insalubridad y falta de atención médica, a millones de hondureños que viven en agonía diariamente por no disponer de las condiciones más elementales de una existencia acorde a la dignidad humana.

En este desolador escenario desde el 20 de abril hasta el 15 de septiembre de este año, bajo una violenta represión policial y militar, los miembros del FNRP recolectaron 1.342.876 de firmas hondureñas (mas de los votos que consiguió Lobo Sosa para asumir la presidencia) para exigir el retorno del presidente defenestrado Manuel Zelaya (y de los más de 200 expatriados a raíz del golpe de Estado sucedido a fines de junio del 2009), y la urgente e impostergable realización de una Asamblea Constituyente para realizar profundas transformaciones sociales, económicas y políticas.

Esta contundente manifestación popular, que en palabras del FNRP fue obtenida con lápices y tableros y no con los tanques y fúsiles que utiliza la oligarquía hondureña para acreditar su poder, será presentada ante la Organización de Estados Americanos, la Organización de Naciones Unidas, la Unión de Naciones del Sur y diferentes movimientos sociales para solicitarles apoyo para la reconstrucción de una Honduras democrática, igualitaria, justa y solidaria.

Con el devenir de las semanas se sabrá si los presidentes latinoamericanos que integran las organizaciones anteriormente citadas acompañaran “eficazmente” al pueblo hondureño en su lucha por ser libre o si por el contrario, como sostuvo el Sub Comandante Marcos años atrás, solo reorientan la movilización social dando “discursos políticamente correctos” sin alterar las políticas económicas que defienden aquellos que impulsan los golpes de estado en Latinoamérica y, por acción u omisión, posibilitan que se siga adelante con el proceso de destrucción social.

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