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IX Noveno Domingo del Tiempo Ordinario “A”: Escuchar y cumplir la Palabra

Angel Moreno -

 

(Dt 11, 18.26-28.32; Sal 30; Rm 3, 21-25ª.28; Mt 7, 21-27)

Escuchar y cumplir la Palabra

Iniciarnos en el conocimiento de las Escrituras no significa tener dominio sobre los textos sagrados de una forma científica. Conocer la Palabra implica amarla y cumplirla. No sirve hacerla sólo fórmula piadosa, como aquel que la recita con los labios y su corazón está apartado de ella, de tal forma que es diferente lo que reza de lo que vive.

El texto sagrado advierte: “No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.”

Las lecturas de este domingo inciden en la actitud adecuada que se debe mantener con relación a la voluntad divina, revelada en los Libros Santos. Se simboliza con el gesto de prestar oído, de escuchar atentamente, guardar en la memoria el precepto del Señor, y llevarlo a la práctica. 

La bendición se recibe, “si escucháis los preceptos del Señor vuestro Dios que yo os mando hoy”. “El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.”

El sabio y prudente edifica sobre roca, que según el salmista es Dios mismo: “A ti, Señor, me acojo: Sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirígeme y guíame.”

Para no olvidad la voluntad de Dios, en la Antigua Alianza se recomendaba implicar los sentidos corporales y así poder recordar lo que se sabe que es mejor, más sabio y prudente. Para ello los creyentes tienen una forma de hacer memoria, según indica el precepto: “Poned estas palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, atadlas a vuestra mano como una señal, y sean como una insignia entre vuestros ojos.”

En este contexto, el planteamiento que hace San Pablo desmitifica todo ritualismo justificativo, e invita a la opción de la fe en la Palabra. Quien salva es Cristo – “Por la fe en Jesucristo viene la justicia de Dios a todos los que creen, sin distinción alguna”-; ni la recitación atávica, ni las mediaciones rituales salvan, aunque debemos reconocer que los apoyos corporales y la implicación de la memoria ayudan a mantenerse en el deseo de hacer lo que Dios quiere.

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