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Evangelio Seglar para el Domingo de la Ascensión (2 de junio de 2019)

Laiconet -

PRIMER PASO: LECTIO
¿Qué dice el texto?

Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 46-53

Mientras los bendecía, iba subiendo al cielo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.
Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto."
Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo.
Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo.
Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

SEGUNDO PASO: MEDITATIO
¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA ENFERMEDAD

(matrimonio, 50 años casados, él enfermo, ella le cuida, pertenecen a comunidad parroquial) 

Leyendo el Evangelio, me ha venido a la cabeza, la meditación de “Mi Cristo Roto”, una meditación preciosa que aconsejo busquéis en youtube y la oigáis tranquilamente. Desde este pequeño paréntesis, comienzo hoy mi reflexión. La muerte y Resurrección la tenemos muy presente en nuestro día, la oscuridad y la luz, de ahí el recuerdo a este audio, donde tenemos demasiados “Cristos rotos” no sólo en imágenes, también en los hermanos más cercanos, en aquellos que nos necesitan, donde tenemos que ser testigos y apoyo para ellos mediante la fuerza que se nos envía, ayudando a que sientan la alegría de Cristo resucitado.
Algo que tengo claro y que puede perecer “cursi” o una frase hecha: “No soy yo la que vive, es Cristo quien vive en mi”. Esa fuerza que muchas veces hasta yo me extraño, me viene de Él. Así que, a seguir luchando.
Feliz Domingo.

DESDE EL TRABAJO

(hombre, casado, dos hijos, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y movimiento eclesial)

Somos testigos. Alegres contamos por los pueblos aquello que hemos visto.
Pero por la reacción del oyente de hoy, lo que hemos visto no debe ser algo significativo. Lo que contamos no sale en las noticias, ni se hace el silencio cada vez que hablamos. Normalmente es motivo de mofa, escarnio, y en los mejores ambientes, condescendencia. Hablamos de algo que sólo parece interesar a los que lo han visto. Al resto no les despierta gran interés.
¿Seguro que estamos siendo testigos de lo mismo que los primeros cristianos? Ponte a hablar de un muerto que resucita a los tres días en el desayuno del trabajo. De lo que te ha dicho el Espíritu. Que Cristo va a venir, y que lo mejor que podrían hacer es dejarse de padel, de fiestas, de hipotecas, y convertir su corazón. Que sus pecados (PE-CA-DOS, vaya palabra para una conversación) son perdonables. Imagina cuán extraña sería una conversación así y el rechazo que provocaría en nuestros oyentes.
El caso es que si no se habla de esto... ¿Cuál es nuestro testimonio?¿de qué les estamos hablando?¿les estamos hablando?. En serio ¿De qué somos testigos?
Independientemente de las dificultades de adaptación del mensaje, es lógico pensar que si ceñimos nuestro testimonio explícito (con palabras o gestos) a las reuniones con aquellos que ya creen, difícilmente estamos predicando a los pueblos.

TERCER PASO: ORATIO
¿Qué nos hace decir el texto?

(hombre, casado, trabaja, con tres hijos)

Que me sienta llamado a ser testigo,
que tenga fuerza para dar y ser testimonio de tu Palabra,
de Tu Vida, de tu Obra…
En la rutina de cada día, en lo cotidiano,
en lo ordinario, en lo sencillo, en lo extraordinario…,
Que te hagas presente a través de mí,
que estés conmigo, que estés en mí,
que guíes mis pasos, que acompañes mis actos,
que me sostengas…
Conociéndote, Padre, que mi alegría supere mis miedos,
Estando conmigo, que mis temores cedan ante la certeza de que me cuidas…
Estando presente en mi Vida, que mis actos sean luz para quienes te buscan…
Sólo contigo,
Sólo sintiéndote en mí…
Que me llene, Señor, tu bendición,
y que así, yo sea bendición para quienes me rodean;
que tu Vida rebose en mí,
para mostrar tu Palabra a los demás…
Que tu Mensaje, tome forma en mí,
para que el mundo vea que caminas junto a nosotros…
Que mis ansias de controlar lo que me pase, de saber el siguiente paso,
cedan al abandono en tu voluntad,
a la confianza de ser querido y de quererte.

CUARTO PASO: CONTEMPLATIO

¿Quién dice el texto?
(Autorizado por el autor, Fano en www.diocesismalaga.es)

Contempla la imagen adjunta a este correo.

ÚLTIMO PASO: ACTIO
¿A qué nos lleva el texto?

(matrimonio, 5 hijos, ambos trabajan, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Si nos fijamos en la lectura de los Evangelios de esta semana, éstos  nos van preparando para la llegada del Espíritu Santo. Jesús  nos va a enviar lo que su Padre ha prometido.
Jesús nos nombra sus testigos. Cuando hacemos examen de nuestra vida ¿realmente somos siempre testigos de Jesús? ¿Damos testimonio con nuestro hacer y con nuestro vivir? ¿Perdonamos y predicamos la conversión?
¿Dónde ponemos habitualmente nuestra bendición? ¿En las cosas o en las personas? ¿Bendecimos con la boca o con el corazón?
Jesús nos conoce, conoce nuestras flaquezas y aún así nos ama y nos bendice. y sabe que necesitamos del Espíritu Santo. Para eso nos deja solos, para que nos demos cuenta que en nuestra debilidad nuestra fuerza procede de Dios.
Que esta semana, en la que Jesús nos deja "solos", su presencia nos llene de alegría, que en nuestra debilidad (sí, esa que vivimos cada día) descubramos su fortaleza, que en la oración salga espontáneamente dar gracias y bendecir al Señor. Que nos preparemos para la llegada del Defensor para ser activos con nuestra fe.

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