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Evangelio Seglar para el Domingo de la 10ª Semana del Tiempo Ordinario (5 de junio de 2016)

Laiconet -

PRIMER PASO: LECTIO
¿Qué dice el texto?

Lectura del santo evangelio según san Lucas 7, 11-17

¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.
Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: "No llores." Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: "¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!" El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: "Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo." La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

SEGUNDO PASO: MEDITATIO
¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE EL AMOR EN LA FAMILIA "AMORIS LAETITIA"
(matrimonio, trabajan ambos, tres hijos, pertenecen a comunidad cristiana)

En este pasaje del Evangelio se nos habla de una situación de dolor muy fuerte: una madre viuda enterrando a su único hijo. En los últimos años hemos vivido en nuestra familia muchas situaciones de dolor, pero podemos afirmar que, precisamente en esos momentos, es cuando más cerca hemos sentido la presencia, el consuelo y el aliento del Padre en nuestras vidas.
También en nuestra familia hay ocasiones de “muerte espiritual”, cuando por diversos motivos nos apartamos de la voluntad de Dios y salen a relucir nuestro cansancio, nuestra falta de paciencia y de fe, el no ponernos en el lugar del otro,… Justamente en ese momento, si somos capaces de pararnos, escucharemos la voz misericordiosa del Señor que nos dirá personalmente a cada uno de nosotros: “¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!”. Y es que lo bueno de ser cristiano es que tenemos la certeza de que, más importante que la caída, es el levantarse y seguir caminando.

DESDE LA MISERICORDIA: DAR REFUGIO AL PEREGRINO
(mujer, soltera, participa activamente en la lucha de los derechos de los inmigrantes, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)  

Jesús está vivo en medio de nosotros. Sigue estando con nosotros hoy, y ante los problemas de dolor, que nos matan, Él nos dice: “A ti te digo levántate” Dar refugio al peregrino me trae a la memoria, la ocasión en que una abuela indocumentada, tiene a su cargo a su mamá anciana y a su hermana con necesidades especiales, Salió fuera de la ciudad en la que vive, llevaba a ambas para hacer sus deberes en una lavandería.  Al salir del establecimiento, ya de regreso, conduciendo su automóvil; le detiene la policía del suburbio y le arresta por no tener el carnet de conducir y pasa unas horas en la comisaría.  Ahí Jesús está con ella.  Más tarde logran que recojan a su madre y hermana, paga la multa.
Siguen resonando las Palabras de Jesús: “A ti te digo Levántate” Acompañándole se le dió seguimiento, canalizando los recursos y a quiénes  legalmente le pudiesen acompañar a la corte y pudiese seguir adelante. (Con la precaución de evitar salir de la ciudad donde reside, pués en ésta, se considera un santuario para el inmigrante y no hay riesgo de deportación por situaciones de violación de tráfico) Dios nos sigue acompañando y nos repite acompañen a mi pueblo: Soy el Padre de los huérfanos, defensor de las viudas y del inmigrante.

TERCER PASO: ORATIO
¿Qué nos hace decir el texto?

(mujer, soltera, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Dios Bueno y Misericordioso, te damos Gracias
y te Albamos cada día, porque sólo Tú tienes poder
para sacarnos de nuestras muertes cotidianas y miserias,
que nos impiden ser feliz junto a Ti y con nuestros hermanos,
y sólo Tú nos llenas de Vida y das sentido a nuestra vida.
Te damos Gracias porque hoy Tú nos invitas a levantarnos
de cualquier tipo de pesimismo, desánimo, cansancio, apatía,
de nuestros egoísmos y de todo aquello que nos a leja de Ti,
y que nos impide andar hacia Ti para llenarnos de tu Amor
y de tu infinita Misericordia que siempre nos devuelve a la Vida.
Hoy Tú nos invitas a incorporarnos en medio del mundo,
a incorporarnos como cristianos en medio de nuestra sociedad,
y comenzar a hablar para no callarnos nunca ante las injusticias,
para no callar defendiendo siempre al más débil y necesitado,
y trabajando siempre por el bien común que beneficie a todos.
Te damos Gracias porque hoy Tú nos ofreces la oportunidad
de hablar, sin callar nunca nuestro testimonio de Ti, para que todos
se puedan enriquecer al escucharlo, y así llegar a conocerte,
y amarte a Ti cada vez más, seguirte a Ti y servirte siempre a Ti,
a través de cada hermano nuestro que más lo necesite o que sufre.
¡Ayúdanos Tú a hablar, para ser testigos alegres de tu Evangelio!
Te damos Gracias y te Alabamos, Dios nuestro Misericordioso,
porque Tú visitas siempre a tu Pueblo y visitas el corazón
de cada ser humano que desea Encontrarse Contigo en la oración,
para llenarnos todo nuestro ser, de tu Esperanza y de tu Paz.
¡Te damos Gracias, Dios nuestro Bueno y Misericordioso,
porque sólo Tú logras Tocar nuestro corazón y Transformarlo,
convirtiéndonos cada día más a tu Amor y a tu Misericordia,
para no permanecer en el letargo de la indiferencia ante el dolor,
que nos impide caminar hacia nuestros hermanos para llegar a Ti!
Amén.

CUARTO PASO: CONTEMPLATIO
¿Quién dice el texto?

(Autorizado por el autor, Fano en www.diocesismalaga.es)

ÚLTIMO PASO: ACTIO
¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 2 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

 
Resaltamos dos claves para actuar desde el Evangelio de esta semana.

“Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: No llores.": Jesús siente pena de la mujer, se pone en su lugar, se conmueve por lo que le está sucediendo (es viuda y su único hijo, del que seguramente depende para vivir, ha muerto). Y ese conmoverse, lleva al Señor a “moverse”, a no quedarse quieto, a no quedarse al margen, a no ser indiferente, a actuar… Él reacciona ante el sufrimiento de los demás. No basta con sentir pena y seguir ensimismados en nuestra vida fácil (complicada en la mayor parte de las ocasiones por nuestros pensamientos negativos, nuestras necesidades creadas, nuestros deseos frustrados…)
Desde el Evangelio de esta semana, una vez más el Señor nos da ejemplo y nos enseña a actuar con misericordia… Esta debe ser la clave de nuestra actuación, de nuestro vivir. Tengamos misericordia, para sentir lo que le ocurre al hermano como propio. Debemos ser capaces de acercarnos al prójimo, para decirle “no llores”. Que la misericordia nos lleve a consolar a los que encontramos en nuestro camino, a los que sabemos que sufren, desde las acciones concretas cuando sea posible o desde el acompañamiento y la escucha. Encontremos la fuerza y la sabiduría en Jesús resucitado, que se compadece también de nosotros desde su vida, sus gestos, sus Palabras…

"¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!": Y a ti y a nosotros también nos lo dice... “levántate”. Es esta también una invitación a actuar para vivir. Levantémonos y dejemos a un lado los desánimos, la desesperanza, la desgana, los cansancios, las perezas, los miedos que paralizan, los egoísmos que nos centran sobre nosotros mismos y nos nublan la mente y el corazón… Cualquier problema, cualquier dificultad que tengamos, cuanto más nos focalicemos en ella, más grande se hará. ¡Levántate!... La perspectiva que nos da el horizonte nos ayudará a relativizar lo que nos ocurre. Aprendamos a pensar con la positividad, confianza y esperanza que nos da la fe. Jesús nos da para ello, todas las claves… En nuestra libertad está el seguirlas. Levantémonos para poder caminar, para poder ir hasta el otro y encontrarnos en él, con Dios.
“A ti te lo digo, levántate”. Sí, a ti y a mí nos lo dice, a nosotros. Nos devuelve a la vida. Debemos buscar nuestra fórmula para levantarnos para ir adelante, para sentir la alegría de tener una vida que de fruto y  para disfrutar además de todo lo que se nos regala… Y luego, “sobrecogidos” por lo que nos sucede, “daremos gloria a Dios”.

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