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Evangelio del domingo 20 de noviembre, IV de Adviento

Coordinadora de Evangelio Seglar -

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 39-45

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: "¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá."

Palabra del Señor


NOTAS BÍBLICAS
(por equipo coordinador, con asesoramiento de un biblista)
Se encuentran dos mujeres embarazadas, y el hijo de una reconoce en el otro a Dios.
Isabel movida por el Espíritu Santo, como una profetisa (algo también infrecuente), interpreta el movimiento de su hijo en su seno como señal de alegría ante su Dios y llama a María (una adolescente de Nazaret, poblado sin dignidad alguna) "Madre de mi Señor". Isabel se siente indigna de tal visita.
Lucas escribe la primera bienaventuranza de su evangelio: Isabel proclama bienaventurada a María por su fe y le asegura que se cumplirá la Palabra del Señor.

PARA VER
(con autorización del autor, Pachi en www.diocesismalaga.es)


DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
Algunas veces nos comportamos y podemos ser como Zacarías, que espera en su casa y acoge. Otras como Isabel, que descubre y disfruta la alegría del Evangelio. Puede que seamos también como María, que aunque necesitase en ese momento que le atendieran a ella, se pone en camino a servir, llevando en nuestro interior la fe y la dicha. También podemos ser como niños que van creciendo y alimentándose en el interior para poder nacer con fuerza. Se termina el tiempo de adviento. Quizás para nacer, para acoger, para llevar paz, alegría, necesitamos reconciliarnos con Dios y con los hermanos, reconciliarnos con nosotros mismos. Busquemos esta semana un ratito de serenidad con los niños para pedir perdón y renacer en Navidad.


DESDE LO SINDICAL
(mujer, casada, con dos hijos, trabaja, pertenece a sindicato, a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Nada hay imposible para Dios: hace madres a una joven virgen y a una anciana estéril. Más estos dos hechos podrían haber pasado desapercibidos, María e Isabel podrían haberse encontrado sin que eso hubiera trascendido más allá de la familia, pero no fue así. Isabel, llena del Espíritu Santo, reconoció en María a la que “ha creído”, a la “dichosa”, a la “madre de mi Señor”. ¿Y nosotros también vemos con los ojos de Isabel a nuestros compañeros de trabajo, a nuestros jefes,…? Pidamos intensamente a Dios en estos últimos días del adviento que nos llene de su Espíritu Santo para saber reconocer a Jesús en las entrañas de nuestros hermanos.


PARA REZAR
(hombre, casado, trabaja, con dos hijos)

Padre, que mis sentimientos miren siempre el horizonte para no descuidar tu presencia...
que no me cieguen tanto las cosas superfluas que afloran a cada paso,
que no se cubra mi mirada de aquello que sólo la inercia convierte en importante...
Señor, que mi rostro te busque, que mi mano te toque, que mi silencio te implore...
porque vivir sin Ti, es vivir muy poco; porque vivir Contigo es vivir para mucho y para muchos...
Sólo en Ti, descubro el sosiego y la paz, la serenidad para no temer, para la esperanza...
En la zozobra, en la tempestad... allí necesito tu aliento, allí sé que estarás para auxiliarme,
por eso he de andar el camino con la seguridad de que Tú siempre me muestras algo en que apoyar mis pasos.

(mujer, soltera, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

¡Gracias Señor y Dios nuestro porque Tú siempre cumples tus promesas!
¡Gracias, Dios Padre Bueno, por regalarnos a la Virgen María
como modelo de persona que sabe poner toda su confianza en Ti!
María, nuestra Madre, es la mejor consejera y compañía,
en este tiempo de Adviento que ya está finalizando,
porque Ella es la mejor guía para llegar hasta Ti.
Dios Padre nuestro, Tú que eres Bueno y Misericordioso,
ayúdanos a imitar las actitudes de María la Virgen y Madre nuestra,
para que Ella sea nuestro modelo en nuestra vida
de seguimiento y fidelidad a Ti y al Amor que Tú nos entregas.
Haz Tú, Señor, que a través de Ella, sepamos ver tu presencia
en los acontecimientos cotidianos de cada día,
y que la Virgen María nos muestre en estos días la alegría de esperarte
y que, al igual que Ella, sepamos llevarte y mostrarte a los demás con fe y esperanza.
Haz que Ella, nuestra Madre María, nos enseñe a ser signos de acogida y generosidad
con nuestros hermanos más débiles y necesitados
y que, como Ella, nunca temamos a las dificultades ni los problemas
y seamos personas disponibles para ponernos al servicio de quien nos necesite. Amén.

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