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Espiritualidad matrimonial

Bonifacio Fernández, cmf -

Es un proceso de crecimiento según el plan de Dios que llama a todos a la santidad. Es una vocación. Incluye un dinamismo constante de crecimiento que está hecho de enamoramiento, desilusión y también de decisión. Es obra del Espíritu que mantiene vivo y activo el sueño profundo, nacido en el tiempo del noviazgo y primeros años de relación matrimonial.

Dimensión eclesial

 La espiritualidad matrimonial es sacramental. Ello quiere decir que no es meramente privada o personal de cada uno de los cónyuges. La vida de los matrimonios cristianos tiene un alcance eclesial. La relación conyugal es realización de la Iglesia; en la relación conyugal crece o se paraliza la Iglesia; irradia o se apaga el fulgor de la Iglesia, comunidad de discípulos de Jesús. La relación matrimonial sacramental significa, es decir, expresa y realiza la vida de la Iglesia. Sin los matrimonios dejaría de ser la Iglesia comunidad de amor íntimo y esponsal que está llamada a ser.

La Iglesia reconoce a los matrimonios como algo suyo, como expresión de su misma entraña que es la alianza. Se mira en los matrimonios. Se reconoce y ve reflejada en los matrimonios. Eso es lo que queremos decir cuando decimos que el matrimonio es sacramento, es decir un símbolo especial. Parecido a esa canción que impregnó nuestra urdimbre afectiva un tiempo, y nos lo evoca de lleno cuando la volvemos a escuchar. Como la fotografía de las personas queridas que nos evoca su memoria; como una promesa sellada con un beso que marca una encrucijada en el camino.

Sacramento mutuo

El matrimonio es un sacramento personal, la relación de amor es el signo permanente de la alianza de Dios con cada uno de nosotros. Los matrimonios son sacramentos vivos: En su vida de relación se expresa, se confirma y se realiza la vocación de amor que constituye la entraña misma de la Iglesia, pueblo de Dios.

La dimensión sacramental del matrimonio afecta en primer término a los cónyuges: uno para el otro es lugar de encuentro, de presencia y de trasparencia del Dios amor. En el amor, en la ternura, en el cuidado y la motivación del cónyuge es Dios mismo el que se hace presente como ternura y cercanía.

Caminar diario

La dinámica de la relación sacramental implica un caminar diario. Pasa por momentos de rutina, de cansancio; asalta la tentación de pactar con la mediocridad, de instalarse en el desencanto e incluso cultivar las heridas y llevar cuenta de los agravios. La relación de amor entre los cónyuges no libera sin más de la lucha por el poder, de competir y luchar por la superioridad.

El amor conyugal de alianza requiere celebración. Requiere también comunidad. Gracias a que no se aísla, está en situación de recibir el impulso, el ejemplo y el testimonio de otras parejas que van haciendo el camino del crecimiento en la relación. Ellas son una buena noticia de esperanza que motiva para ser también buena noticia.

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