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Comentario XIX Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo A

Angel Moreno -

 (1RE 19, 9ª.11-13ª; SAL 84; RM 9, 1-15; MT 14, 22-33)

“Sal y aguarda al Señor en el monte, que el Señor va a pasar”.
“Subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo”.
La primera lectura y el Evangelio que se nos proponen hoy en la Liturgia, guardan una concordancia, por el paralelismo evidente entre la estancia en el monte del profeta Elías y de Jesús. En ambos casos, el motivo es  un encuentro con Dios, en circunstancias semejantes, a solas y en silencio.

Observamos también que en los dos textos se describe un viento fuerte – “Pasó antes del Señor un viento huracanado, que agrietaba los montes y rompía los peñascos: en el viento no estaba el Señor”. “La barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario”. Además, hay un momento en el que los dos relatos aluden a que vuelve la calma: “Después se escuchó un susurro”. En ese instante se percibe la presencia divina y la acción del poder de Jesús: “En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: “Realmente eres Hijo de Dios”.

A ti, que quizá como el profeta Elías, has atravesado los desiertos de los duros trabajos, de la inseguridad laboral, del cansancio en la tarea, del agotamiento en el quehacer cotidiano, y te dispones a darte un respiro en el monte o junto al mar. Y lo que imaginabas placentero lo percibes con ansiedad, nerviosismo, desazón. Al inicio del mes de agosto, y con el deseo de iluminar con la Palabra la época del descanso, me atrevo a ofrecerte alguna resonancia iluminadora.

A ti, que después posiblemente has escogido un lugar para tu descanso, bien sea en el interior o en la playa para aliviar la preocupación curso, no acabas de controlar el ánimo, y te suceden reacciones descontroladas.

Y a ti, que al parar la actividad, te das cuenta de las dependencias que mantienes, y a semejanza de los pasajes bíblicos, el viento parece contrario, e incluso cabe que te asustes por conmociones emocionales internas, os digo:

Espera, ten calma, todo tiene su proceso, da lugar a que pase el huracán, el terremoto y el incendio, grita si quieres, pero una consigna que nos ofrece el salmista es escuchar lo que dice el Señor. Se percibe mejor, después de todas las tormentas.

No desaproveches la estancia que te drenará los movimientos dependientes, si aciertas a ponerte en contacto con quien tiene poder, como lo confiesan hoy sus discípulos, y lo rubrica San Pablo, al hablar de Él: “El Mesías, el que está por encima de todo: Dios bendito por los siglos. Amén”.

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