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Carta de Buenafuente enero 2009

Monasterio Buenafuente del Sistal (Guadalajara) -
Queridos amigos:

    Hemos estado viviendo estos días de Navidad dentro de ese “misterio del nacimiento de Jesucristo” que ha invadido el ambiente de nuestras casas, comunidades, pueblos, celebraciones, en el que hemos contemplado la Palabra Encarnada, en ese Niño pequeño y débil en el que reconocemos a Cristo, y Él mismo nos ofrece a todos los hombres, sin distinción alguna, la posibilidad de nacer a una Vida nueva y de que Él mismo nazca y renazca en nuestros corazones.
Bien sabemos hermanos que ese “pequeño pero gran nacimiento”- nos enfrenta al mundo- nos hace pasar de las tinieblas a la luz cada vez que confesamos nuestra fe en el Hijo, se nos concede el conocimiento de Dios y la posibilidad de poder vivir en el verdadero Amor.

    Pero, hermanos, ¿somos conscientes de ello?, ¿por qué nos empeñamos en vivir la Navidad sólo unos días al año y no siempre?, ¿qué nos pasa que nos cuesta tanto reconocer a Cristo que ha nacido en el otro?, ¿de verdad queremos renacer de nuevo y que el Amor renazca en nosotros?, ¿por qué no pasamos de la tinieblas a la luz y optamos por vivir en el Amor?...

    Son preguntas sencillas, pero comprometedoras, dejemos que resuenen en nuestro interior.

    Estamos viviendo tiempos difíciles, donde nuestra lámpara de cristianos no puede apagarse, sino que tiene que cobrar más fuerza que nunca, con la oración, la Palabra, con nuestro testimonio de vida.
La guerra, la violencia, la avaricia, la corrupción, la desesperación, la infidelidad, la blasfemia, la persecución a la Iglesia, la falta de libertad religiosa, el aborto, la eutanasia…todo esto nos tiene que llevar a un mayor compromiso con el hombre y con Dios. No nos podemos quedar de manos cruzadas, no nos puede dar igual todo. La dificultad no debe amilanarnos sino que es ahí donde se nos ofrece la posibilidad de ser verdaderos seguidores de Cristo.

    Hermanos emprendamos el camino de la entrega desde la humildad pero con valentía, en el día a día, donde cada uno nos ponga el Señor y corramos hacia Cristo, nuestra meta y única salvación.

Con todo nuestro cariño y nuestra más sincera oración.
Vuestras hermanas de Buenafuente
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