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SON LAS LÁGRIMAS DE LA MONTAÑA
Dice el Señor a Sobna, mayordomo de palacio: -Te echaré de tu puesto, te destituiré de tu cargo (Is 22,19-21)

BRAULIO HERNÁNDEZ MARTÍNEZ - TRES CANTOS (MADRID) -

merece el testimonio del cardenal argentino Eduardo Pironio: "Hemos sido testigos de un auténtico milagro moral". Pablo VI lo nombró secretario de la Conferencia de Medellín. Fue presidente del CELAM. "Destacó en las sesiones del Concilio por su apertura conciliar y espiritualidad, por su transparencia y sencillez". Él es la enigmática persona de Roma: "es Pironio. No puede ser otro; en Roma no hay otro", concluía el periodista jesuita Pedro M. Lamet, conocedor del mundo romano. Compartía la opinión del sacerdote Jesús López Sáez autor de EL DIA DE LA CUENTA. Juan Pablo II a examen, de reciente edición pública (está en Internet: www.comayala.es).

A la persona de Roma está dedicado todo el capítulo tercero de El día de la cuenta: "quizá el testimonio más importante" dice su autor. Camilo Bassotto recibió, firmada a mano, fechada el 14 de mayo de 1989 la declaración de la "persona de Roma". Era el día de Pentecostés. Todo un detalle para el cura Jesús: fue un impulso del Espíritu. "Su testimonio sobre lo que le dijo Juan Pablo I y, particularmente, sobre la comprometida situación que, a su pesar, como Papa, tuvo que afrontar (destitución de Marcinkus, degradación del IOR, posición firme y clarificadora \'delante de todos\' frente a la masonería cubierta o descubierta y frente a la mafia) hace historia y, sobre todo, hace justicia al papa Luciani". Camilo lo publicó, aunque sin dar el nombre de la fuente: "Los apuntes que le adjunto son para usted… Medito también la idea de publicarlos, pero el puesto que ocupo no me lo permite, al menos por ahora".

Cinco años antes, en noviembre del 85, Pillar Bellosillo (que fue Auditora en el Concilio y en el Tercer Sínodo de Obispos, Presidenta nacional de Acción Católica y Responsable Internacional de Organizaciones Católicas) había estado en Roma invitada precisamente por su amigo Pironio a la conmemoración del Decreto Conciliar sobre Apostolado Seglar. Pero el verdadero motivo de su viaje era entrevistarse con Pironio ("una misión muy especial… enviada por la comunidad") para entregarle un Pliego sobre la muerte de Juan Pablo I, del sacerdote Jesús López Sáez, publicado en la revista Vida Nueva. "Es un tema relacionado con la purificación del templo… hecho desde un discernimiento de la escucha de la Palabra… contrastada montones de veces (…) Se ha metido en la comunidad la presencia de Juan Pablo I, comparamos su muerte con la de santo Tomás Becket (…) Creemos que monseñor Pironio lo puede comprender, a él se le puede decir". De regreso de Roma, Pilar contó la experiencia de su encuentro con el cardenal a su comunidad (La comunidad de Ayala). Su testimonio, grabado en cinta magnetofónica, se puede escuchar, y leer completo, en Internet ("Viaje de Pilar Bellosillo a Roma").

Oscar Romero también es comparado con Tomás Becket. Juan Pablo I tenía muy presentes a hombres de iglesia, proféticos, que habían sentido la marginación de la Institución por denunciar los silencios y las tolerancias de la Iglesia en diferentes situaciones históricas. Habla del coraje del dominico De las Casas, "el padre de los indios del Amazonas, profeta no escuchado y perseguido"; de Antonio de Rosmini "que veía con claridad en las estructuras eclesiales los retrasos y los fallos evangélicos y pastorales de la Iglesia"; del cardenal Andrea Ferrari, "condenado por modernista por (san) Pío X". Y de contemporáneos suyos, como Lorenzo Milani y Primo Mazzolari, "dos profetas dejados solos"…

Juan Pablo I no habría desmantelado la teología de la liberación. Ni habría auspiciado ninguna "Gran Alianza" con el poderoso del Norte. Dos católicos pueden tomar compromisos diversos, uno puede ser lícitamente democristiano y el otro lícitamente comunista, pero a condición de que en cada uno la fe sea la misma, decía a finales del 75. Él ve más compromiso en el Sur: "Pregunte, por favor, si es posible atrasar ("para febrero o marzo del próximo año") la Conferencia de Puebla prevista del 12 al 28 de octubre… Yo deseo estar allí. Aquel continente lo llevo muy en el corazón. He estado y conozco los fermentos, las ansias, las esperanzas… Aquellas comunidades tienen muchas cosas que enseñarnos a los europeos. Viven un cristianismo de frontera pero dentro de la fe. Me traiga las Actas de la Asamblea de Medellín en el 68. Querría ver cuanto antes al presidente del CELAM, el cardenal Aloisio Lorscheider, a quien conozco desde hace años y a quien he dado mi voto en el Cónclave. Deseo que Pironio, que es el obispo de la esperanza, venga conmigo".

"Mi primera carta será sobre la Unidad de la Iglesia… La segunda, sobre La Colegialidad de los Obispos… quiero potenciarla y extenderla efectivamente a todos. La tercera, sobre La Mujer en la sociedad civil y en la vida eclesial. Es hora de que el Papa diga… Demasiado desprecio, demasiados prejuicios y marginaciones…". Y sobre los pobres: "Hablaré y escribiré sobre Los pobres y la pobreza en el mundo… los pueblos del hambre interpelan a los pueblos de la opulencia…". Y, por supuesto, de los jóvenes: "Querría encontrarme frecuentemente con los jóvenes… Los jóvenes hoy no creen en la pobreza de la Iglesia, en su espíritu evangélico, en su despego de los bienes y poder del mundo…". Las "CONFIDENCIAS DEL PAPA LUCIANI" (y "La extraña muerte de Juan Pablo I") están en Internet.

Encaja que un Papa profético como Juan Pablo I, comprometido con la purificación de la Iglesia (con la expulsión de los mercaderes), se hiciera esta pegunta sobre el papado: "¿Piedra de construcción o de escándalo?". Así se titula una reciente catequesis del sacerdote que más ha luchado por hacer justicia al papa Luciani cuya figura ha sido "distorsionada", y silenciada. "Todo tu material es importante para la historia y para la purificación de la Iglesia" le escribe el Obispo Casaldáliga al autor de El Día de la cuenta.

El 26 de agosto de 1979, primer aniversario de la elección del papa Luciani, su sucesor, el papa Wojtyla, fue invitado al pueblo de Juan Pablo I, Canale dÁgordo, en las montañas dolomíticas. Casualmente, como en el día de su funeral, la misa fue en la plaza, y también estuvo pasada por agua. "...Estoy conmovido… son las lágrimas de la montaña" dijo Juan Pablo II.

Una monja también lloraba desconsoladamente, desde hacía más tiempo. Era como una madre para el papa Luciani, decía Camilo Bassotto, el amigo y testigo fiel, responsable de los archivos venecianos de Juan Pablo I. Así lo cuenta: "Hablé en dos ocasiones con sor Vincenza. La primera, con la provincial delante. La segunda, a solas. En esta ocasión, sor Vincenza se echó a llorar desconsoladamente. Yo no sabía qué hacer. Sor Vincenza me dijo que la Secretaría de Estado le había intimidado a no decir nada, pero que el mundo debía conocer la verdad. Ella se consideraba liberada de tal imposición en el momento de su muerte (ya acaecida, en 1983). Entonces podría darse a conocer". (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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