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Argentina: Independencia profanada.

Daniel E. Benadava. -

A principios del siglo XIX surgieron en América Latina numerosos movimientos libertarios que buscaban emanciparse de la corona española cuestión que, por ejemplo, se evidenció el 25 de mayo de 1810 cuando los habitantes del territorio que hoy se conoce como República Argentina crearon su primer gobierno patrio.

Sin embargo hoy en día muchas organizaciones afirman que la Argentina continúa siendo una colonia no española sino de las grandes corporaciones transnacionales ya que, parafraseando a Eduardo Galeano, en la alquimia contemporánea los recursos naturales argentinos siguen trasfigurándose en chatarra, los alimentos convirtiéndose en veneno y la riqueza del país sigue generando la pobreza de su población y la prosperidad foránea.

En este sentido el Movimiento Proyecto Sur sostiene que, desde la década del ´90 del siglo pasado en adelante, los gobiernos argentinos son cómplices del vaciamiento y del saqueo de las reservas de su país ya que concedieron la explotación de las reservas de hidrocarburos a empresas privadas que obtuvieron ganancias extraordinarias sin realizar inversiones de riesgo para buscar nuevos recursos.

Desde este espacio político también se critica la extracción de recursos naturales a través de la llamada minería a cielo abierto porque la misma ocasiona profundos atropellos ambientales, sociales, culturales y económicos ya que este tipo de actividad conlleva la voladura de montañas, la utilización de cianuro, el “desperdicio” de millones de metros cúbicos de agua potable, la contaminación de ríos, arroyos y acuíferos, y la obtención de enormes fortunas para las multinacionales que realizan esta tarea en desmedro de las riquezas y personas argentinas.

Además de los mencionados impactos ecológicos y económicos que mayoritariamente tienen consecuencias irreversibles, en las poblaciones donde estas empresas se instalan puede observarse un exponencial aumento de las enfermedades bronco pulmonares, extensión de los padecimientos relacionados con la piel, ampliación de los índices de cáncer, mortalidad de miles de animales, y un certero riesgo de que en un futuro cercano la población se vea afectada por una leucemia masiva originada por el consumo de agua contaminada.

Por estos motivos a lo largo de toda la Argentina es frecuente encontrar pueblos originarios que, cotidianamente, se movilizan hasta “el mundo de edificios” con el fin de demostrar que están vivos, que son los antiguos pobladores de la tierra y que han resistido y seguirán resistiendo a las multinacionales que arrasan sus tierras y se llevan sus vidas.

En este contexto Adolfo Perez Esquivel, quién obtuvo el Premio Nóbel de la Paz en el año 1980, sostiene que actualmente en la Argentina existe una continuidad y profundización del modelo de concentración de la riqueza instaurado por la dictadura militar y, por tal motivo, llamó a sus compatriotas a construir un país que no privilegie el capital financiero que -además de disponer de prebendas extraordinarias- contamina el agua, afecta la salud de los argentinos y promueve la represión de los movimientos sociales.

Y por su parte los Curas argentinos enmarcados en la Opción Preferencial por los Pobres lamentan que en su país algunos ambientes eclesiásticos no muestren la misma intolerancia, que manifiestan en temas relacionados con la moral sexual, con las fuerzas que sólo buscan enriquecerse a costa del empobrecimiento y envenenamiento de tierra, el agua y los hermanos.

(*) Este texto fue originalmente publicado en la edición 278 de la Revista Alandar.

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