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Año nuevo. Solemnidad de la Madre de Dios

Angel Moreno -

 

Hoy es la octava de Navidad, el primer día del año, la solemnidad de la Madre de Dios, la jornada de oración por la paz, momento de expresar los mejores deseos, experiencia de bendición por haber llegado al año 2011, día de acción de gracias y de venturosos augurios, fiesta titular del Monasterio de Buenafuente. En este día, la Liturgia nos ofrece los mejores deseos: “Que Dios te bendiga y te guarde. Haga brillar su rostro sobre ti y te conceda su favor. Vuelva su mirada hacia ti y te dé la paz”. Yo también os lo deseo.

Si nos introducimos en el espacio doméstico de la vida de Jesús, nos encontraremos a María en el ejercicio más amoroso de amamantar al Niño y envolverle en pañales, y de recostarle en el lugar más cálido de la casa. En el último viaje a Belén pudimos visitar la Gruta de la Leche, donde se conmemora a María dando el pecho al Niño Jesús. Por este motivo se mantiene la cueva totalmente blanca por dentro.

El relato evangélico describe que María envolvió en pañales a su Hijo. Este gesto, que la Sagrada Escritura ha querido resaltar como detalle entrañable, al inicio de la vida de Jesús, volverá a aparecer en el momento de su sepultura, cuando envuelvan su cuerpo para llevarlo al sepulcro. Los lienzos blancos serán los testigos de la resurrección.

La Iglesia prolonga en la liturgia la presencia amorosa de los pañales, de los lienzos blancos, cuando al celebrar la Eucaristía dispone el altar con los corporales de hilo blanco, sobre los que se depositará el pan santo, el Cuerpo de Cristo.

En mi última peregrinación a Belén, en el tiempo que tuve de oración en la Gruta de la Leche, contemplando el pasaje de Navidad, a modo de apunte, escribí sobre María, mujer eucarística, porque fue la primera que llevó en su seno el cuerpo y la sangre de Cristo. En Belén, la Casa del Pan, se contempla a María como la artesa del Pan de Dios. Ella fue la que envolvió con amor el Pan del Cielo en pañales blancos.

La Eucaristía fue el don supremo de Jesús, cuando llegó la hora de pasar de este mundo al Padre. María, en Caná de Galilea, adelantó la hora en el momento del banquete esponsal, cuando Jesús hizo el signo de convertir el agua en vino.

Jesús llegó a decir: “Al que me ama, lo amará mi Padre, y yo también lo amaré, y vendremos a él, y haremos morada en él”. ¿Quién amó más a Jesús que María? Ella es el arca de la Nueva Alianza, el templo del Espíritu, la primera custodia y tabernáculo habitados por la presencia del Cuerpo de Cristo.

En la Eucaristía se celebra el Misterio Pascual, a Jesucristo muerto y resucitado. María estuvo junto a la cruz de Jesús, como la nueva Eva, y allí fue testigo del costado abierto, del que brotó sangre y agua, la donación total del Hijo de Dios, por amor. Allí se escucharon las palabras más solemnes: “Hijo, ahí tienes a tu Madre”, y desde aquella hora el discípulo se la llevó a su casa, actitud que nos invita a hacer nosotros lo mismo.

María se reunió con los discípulos de Jesús en el Cenáculo, lugar de la Eucaristía, y allí recibieron el Espíritu Santo. Y la Madre de Jesús, la Madre de Dios, la mujer del Cenáculo, se convirtió en Madre de la Iglesia. Ella es la intercesora y medianera de todas las gracias.

¡Feliz Año Nuevo!

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