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95. Como a ti mismo

Alfredo María Pérez Oliver, cmf -

Comentar ahora el núcleo “La caridad de Cristo nos urge”, me lleva a poner atención en un aspecto quizá un poco olvidado. El modelo de Cristo que ama hasta dar la vida abre horizontes de entrega sin límites. Pero hay que resaltar que el mandato pone como perspectiva el amor a nosotros mismos. Este cantarillo 95 quiere refrescar algunas ideas sobre este  poco comentado “como a ti mismo”.

Un ejemplo paradigmático.

Por los años sesenta del siglo pasado el jesuita Aimé Duval supo crear  una auténtica canción religiosa de inspiración popular. Alcanzó un éxito tan grande que le llevó a una frenética actividad por atender a muchísimas demandas. Y encontró un camino equivocado para mantener ese ritmo de trabajo: el alcohol. De pronto desaparece de la escena. Nadie sabía dar explicación. Sus compañeros jesuitas nada comentaban.

Al cabo de quince años, él mismo, desvela el misterio con la publicación del  libro: “El niño que jugaba con la luna”. Con valentía poco frecuente relata el descenso al infiernodelalcoholismo y su regreso a la luz, ayudado por su fe y por los “Alcohólicos anónimos”.

Pero ahora sólo me interesa resaltar este testimonio que encaja con el tema  del cantarillo: “Cuando pienso en mi dulce y bondadosa madre, sé que ella me enseñó a amar a Dios (aún sin hablarme de Él) y a los demás; pero no me enseñó a amarme a mi mismo. Ni a defenderme.

Hoy pienso que estos tres amores (a Dios, a los demás y a sí mismo) deberían tener la misma intensidad…sé que mi felicidad depende del equilibrio entre estos tres amores” (Pg.148).

Crecer en el amor  a sí mismo

Hay un amor a sí mismo constrictivo y otro destructivo.

Amor constructivo es el que sabe que su vida es un don y una tarea. Se llena el alma de alegría y gratitud al pensar que si estoy aquí, en este planeta tierra, es porque desde todo la eternidad estoy en el corazón de Dios. Los meandros que desde el permanfost de la primera generación de mi ADN ha tenido que recorrer en el cauce de la vida que ha llegado hasta  cuajar en esta personilla que soy YO. Este amor que desde la eternidad llegó a hacerse visible en Cristo. Y puedo decir como San Pablo: “Me amó y se entregó por mí.”

Es importantísimo hacer muy consciente esta realidad: Mi Dios me quiere y me quiere feliz con Él por toda la eternidad. Santa Catalina de Siena nos da a conocer esta maravilla  por la revelación del Padre Eterno que le habla:” Firmísimamente he determinado usar de misericordia para con todo el mundo…Pero el hombre ignorante convierte lo que yo le doy para que tenga vida, y de este modo se vuelve cruel en extremo para consigo mismo. Pero Yo, a pesar de ello ,no dejo de cuidarlo, y quiero que sepas que todo cuanto tiene el hombre proviene de mi gran Providencia para con él…me complací en crearlo a mi imagen y semejanza…quise además darle memoria para que pudiera recordar mis dones…Lo enriquecí también al darle inteligencia, para que, en la sabiduría de mi Hijo, comprendiera y conociera cual es mi voluntad…Di también al hombre la voluntad, para que pudiera amar, y así tuviera parte en aquel amor que es el mismo Espíritu Santo; así le es posible amar aquello que con su inteligencia conoce y contempla…y llegar así al gozo inefable de mi contemplación eterna.” (Diálogo sobre la Divina Providencia.. Cap. 134)

La santa nos ayuda a comprender que para este tiempo de mi vivir caminado hacia la Jerusalén celeste, se no da un tarea. Dar plenitud a las cualidades espirituales y corporales que se nos dan junto con la vida. Esta tarea exige un esfuerzo. Así lo define la RAE : “ Empleo enérgico del vigor o actividad de ánimo para conseguir una cosa venciendo dificultades. Empleo de elementos costosos en la consecución de algún fin.”  Claro que el diccionario no dice, que con la ayuda de la Gracia y de la Providencia de Dios que  hemos leído en Santa Catalina. Con este recordar, entender y amar amamos en nosotros toda esa maravilla. No para enorgullecerse, porque “¿Qué tienes que no hayas recibido?  Y todo esto recibido y llevado a plenitud nos hace amarnos y así poder amar al prójimo: Ser más para servir mejor.

Amor destructivo

Los filósofos de la sospecha se hacen constructores de si mismos. No quieren depender de nadie, por eso rechazan a Dios y quisiera no deber nada a la madre que los trajo al mundo. Sufren por no haberse  nacido a sí mismos.  Hereda esta teoría la mentalidad de esta sociedad líquida al  declarar que su vida es su propiedad y por lo tanto puede hacer con ella lo que se le antoje. Y el cuerpo es su propiedad  y por lo tanto puede alquilarlo, alterarlos, transformarlo según el imperio de su voluntad. Y puedo destruirlo de golpe con el suicidio o lentamente con la droga, el alcohol o las ansias desmedidas de placer, de dinero, de poder…. Es un amor equivocado. Por eso al otro no lo ama, sino que lo desea poseer y estrujar.

Se puede objetar que las cosas no son blancas o negras, que hay una gama como la hay en los colores, por ejemplo del azul marino al azul celeste. Acepto la objeción, paro también es claro que hay que decir las cosas tajantemente para que el personal lo entienda. Jesucristo no dijo: El que quiera salvar media vida, o tres cuartos de su vida, perderá media o tres cuartos. “El que quiera salvar su vida, la perderá…(Lc.17,33)

Aceptación de si mismo.

Unido al amor de si mismo es la aceptación de si mismo

Saber aceptarse tal como somos. He conocido desequilibrados y amargados por no aceptarse como son. Desean ser más listos, más poderosos, más ricos…y así fuera de la realidad, no son capaces de conocer  sus cualidades y trabajar con esfuerzo para perfeccionarlas.

El profesor Romano Guardini publicó un maravilloso libro:”La aceptación de si mismo”. Afirma que la persona es “una”, pero sus situaciones cambian a lo largo de la vida: niñez, adolescencia, madurez, ancianidad, senilidad. Cada una de estas edades tiene su propia realidad y su crisis peculiar. El libro que merece meditarse enseña como aceptarlas y superarlas. Aceptarse como uno es y rendir:”me diste cinco talentos y te devuelvo otros cinco”.

Recuerdo una simpática anécdota, que no invento. Una religiosa anciana, con asma, con artrosis y no sé cuantas goteras más, caminaba con su andador penosamente por un largo pasillo del convento. Al final del pasillo estaba colgado un gran crucifijo. Al llegar junto  a la  imagen, se paró y después de un largo suspiro le dijo al Crucificado: ¡Ay Señor, Tú pasaste mucho, pero no llegaste  a viejo!

Conozco muy bien la confianza con que las esposas del Señor tratan con su Esposo.

Resumen y síntesis

  • La caridad de Cristo urge a amar al prójimo como Él ama.
  • Jesús nos manda amar al prójimo “como a ti mismo”.
  • Amarse con amor destructivo es amar con egoísmo y así el que “intente salvar su vida la perderá” (Lc.17,33)
  • Amarse a si mismo rectamente es aceptar con gratitud a Dios  todos lo dones recibidos. Y con esfuerzo dar  fruto…y fruto abundante..

La paz del alma es aceptarse plenamente y saberse querido por Dios Padre, tal como soy, desde la eternidad. Y saber que ya me tiene la estancia preparada para ser feliz con la visión cara a cara de la Santísima Trinidad. Y en compañía de la Virgen Madre y de todos  los seres queridos.

Ya el cantarillo rebosa, pero aún repite el eslogan de este núcleo: sal de tu  comodidad y corre a servir al prójimo porque “LA CARIDAD DE CRITO ME URGE.”

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