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94. Urgencias de la Caridad

Alfredo Maria Pérez Oliver, cmf -

Me parece oportuno refrescar la memoria de los lectores, después de tantos cantarillos dedicados a explicitar por los cuatro puntos cardinales, el segundo núcleo de “la Fragua” con el título “Patris mei” y el primero “Quid Prodest”.

Manifesté desde  el principio mi deseo de dar a conocer a todo el Pueblo de Dios, la ayuda que puede ofrecer a la formación de evangelizadores, la alegoría que imaginó el joven seminarista Claret. Llegado de una vida atrapada por la obsesión de la industria textil, se encontró al ser herido por  la Palabra, espada de doble filo: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si al final pierde su alma?...Me hallé como Saulo en el camino de Damasco.”(Cf. Aut., 68-69)

Claret no era un joven de soluciones a medias y paños calientes y por eso se arrancó sin compasión de la vorágine de los telares y se fue al Seminario de Vic. Fue entonces cuando recordó el taller del Cerrajero de su pueblo y en su brillante imaginación se vio como el hierro frío y lleno de herrumbre. ¿Solución? Meterse en La Fragua del Corazón de la Virgen y en la de fervorosa oración. Y luego ¿qué?: Recordó como el herrero sacaba el hierro rusiente y lo ponía en el yunque para, a martillazos a compás con el aprendiz, modelar y forjar la pieza que pretendía. Y entonces quiere ser una saeta para lanzada al corazón, convertir y salvar a los pecadores. Después quiere ser modelado y configurado con Cristo Evangelizador  que anuncia sin descanso  la Buena Noticia. Configurarse y vaciarse para que se realizase le vivencia de Pablo: “Vivo yo, ya no yo porque es Cristo quien vive en mi” (Gal.2.20).. Por eso no cesaba de pedir:”¡Oh Corazón de María, fragua e instrumento del amor, enciéndeme en el amor de Dios y del Prójimo” (Aut. 447.

Rasgos de la Historia.

No debemos olvidar  la carta de despedida a la Congregación que los jóvenes claretianos del Seminario Mártir-carta que no envidia las mejores actas martiriales de todos los tiempos.- expresa respecto al fruto que desean  produzca  la sangre derramada::”Morimos todos contentos, sin que nadie sienta desmayos, ni pesares; morimos todos rogando a Dios que la sangre que caiga de nuestras heridas no sea sangre vengadora, sino sangre que entrando roja y viva por tus venas, estimule tu desarrollo y expansión por todo el mundo”.

Y esa sangre dio su fruto. La Congregación vivió un espectacular desarrollo por varias naciones de Asia, de África  y de América. Esta realidad impulsa a los Superiores y Formadores a una reflexión profunda. En estas nuevas culturas el carisma de Claret debía  encarnarse sin perder un grado del fuego que el Espíritu Santo volcó en el alma del Fundador. Forzados además por el mandato de elaborar un Plan general de formación:”Elaborar cuanto antes un proyecto de formación inspirado en el carisma institucional, en el cual se presente de una manera clara y dinámica el camino a seguir para asimilar plenamente la espiritualidad del propio instituto.” (V.C. 68)

Omito, porque ahora no interesa, el proceso  que han seguido las comisiones de expertos y formadores de los cuatro puntos cardinales, hasta promulgar el 16 de Julio de 1994 el Plan General de Formación. Transcribo el apartado en el que se presenta La Fragua como propuesta pedagógica en el itinerario formativo del claretiano:
“Nuestro Fundador vivió a lo largo de su vida misionera una singular experiencia de Dios, que lo capacitó para dedicarse plenamente al anuncio del Evangelio. La alegoría imaginada de la Fragua no es una más entre las muchas usadas por la brillante imaginación de Claret. Este proceso ha sugerido a los especialistas los cuatro núcleos que vivió, no uno detrás de otro, sino más o menos simultáneos, con acentos diferentes a lo largo de su vida.”

Esta alegoría tiene un especial relieve formativo para todo llamado a ser evangelizador, en cualquier forma de vida cristiana. Insisto: la alegoría es sugerente para todos, no sólo para claretianos.

En Cantarillos anteriores he intentado adaptar para todos discípulos que siguen a Jesús en las variadas formas de vida cristiana y que sienten la urgencia  del mandato de Jesús, los dos primeros, que ahora brevemente recuerdo:

El primero (“Quid Prodest”) se refiere a la relativización del mundo y al descubrimiento de Dios como el único absoluto, tal como aparece en Mateo 16,26:: “¿De qué le sirve al hombre ganar  el mundo entero, si arruina su vida?”.
   El segundo (“Patris mei”) es la experiencia de Dios comunicado por su Espíritu, cuya expresión sintética la encuentra Claret en Lucas 2,49: “Debo ocuparme de las cosas que miran al servicio de mi Padre”.

Por fin aterrizo.

Ya es el momento de comenzar a ofrecer mis largas disquisiciones, porque el tema lo exige, sobre el núcleo tercero “Cáritas Christi”. Se refiere a la experiencia del Claret en su empeño en configurarse con Cristo Evangelizador que vino a  traer fuego a la tierra, y que queda sintetizado por la frase paulina: “La caridad de Cristo me urge” (2Cor. 5,14)

Empresa abrumadora ante el tema, pero es. Imprescindible y hay que atreverse.. Sin amor todo es pompas de jabón que se deshacen. Pablo es rotundo: “Si no tengo caridad no soy nada” (1 Cor 13,3). Santo Tomás es diáfano: Ni el don de lenguas, ni el don de la fe, no otro alguno, dan la vida si falta el amor. Por más que a un cadáver se le vista de oro y piedras preciosas, cadáver sigue.” (Tratado sobre la caridad). Nadie puede decirse discípulo de Jesús sin caridad. No se puede ser blanco y negro a la vez. J. M Cabodevilla señala esta contradicción:”Un cristiano sin caridad representa, en su nivel más hondo, una contradicción tan flagrante como un hombre sin naturaleza humana, como una circunferencia rectangular.” (Carta de la caridad. Pg 405)

Podría multiplicar citas hasta formar un río caudaloso más que el Amazonas. En este cantarillo no cabe más que otra, que hace visible el ardor evangelizador del inventor de la alegoría de La Fragua, nuestro P. Claret:”Si uno no tiene celo, es señal cierta que tiene apagado en su corazón el fuego del amor, la caridad. Aquél que tiene celo desea y procura, por todos los medios posibles, que Dios sea siempre más conocido, amado y servido en esta vida y en la otra, puesto que este sagrado amor no tiene ningún límite. Lo mismo procura con su prójimo, deseando que todos estén contentos en este mundo y sean bienaventurados en el otro; que todos se salven, que ninguno se pierda y que ninguno, finalmente, se encuentre un solo momento en pecado…los misioneros apostólicos, pueden decirse a sí mismos las palabras del Apóstol Pablo.’Nos apremia el amor de Cristo” (“Cuadernos Fragua, pag.27”)
El fondo del pozo hierve. Espero que esas aguas termales sigan ardientes para llenar unos cantarillos que iluminen los horizontes de este núcleo que comienza su andadura en este cantarillo 94: “Caritas Christi”

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