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91. Jerusalén y yo

Alfredo María Pérez Oliver -

Viene a mi memoria, ahora con esperanza gozosa, el recuerdo de un amigo y hermano que a los sesenta años fue atrapado por un carcinoma. Lo visito en el hospital, donde se acumulan pruebas por ver si había posibilidad de operación. Le digo que marcho a una predicación de diez días y a la vuelta correré a visitarlo. Cumplo, con prisas del corazón, mi visita. Está todo inflamado. Y me susurra: “Ya ves como estoy. Subiendo a Jerusalén.”  Ahora gozas de la presencia divina en la Jerusalén celeste, ruega por los que seguimos en el camino.

Lugar de encuentro.

Autores de teología espiritual afirman que la Ciudad Santa simboliza el lugar de encuentro con el Amigo. Es una llamada a hacer presentes en nuestra vida los rasgos característicos del proyecto de vida de Jesús y que cada uno tiene que descubrir. Juan Pablo II nos ayuda a conocerlo: “Las Bienaventuranzas son como el retrato de Jesucristo, un resumen de su vida y, por eso, se presentan también como un programa de vida para sus discípulos”.

No estará de más traer la historia imaginada por Martín Descalzo y que González Carbajal recupera en su libro sobre el tema: 'Jesús, viviendo todavía en Nazaret, anunció a sus padres el propósito que tenía de subir algún día a un monte y decir a cuántos le escuchaban: ‘Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el reino de los cielos, bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra; bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados… María no le dejó terminar: ‘Te tomarán por loco si dices todo eso’. Y Él respondió: ‘ya, pero verás, siempre habrá locos para comprenderme’. José –que hablaba poco- se atrevió a hacer la pregunta: “¿muchos?”. Los dos esposos vieron que por los ojos del Hijo, pasó una nube de tristeza. Inclinó la cabeza y respondió: “Pocos”'.

Me permito disentir de mi admirado Martín Descalzo. El exegeta  Joachim Jeremías afirma que las parábolas de Jesús son con frecuencia “armas de combate” contra gente cumplidora y orgullosa de su conducta. Por ejemplo el hermano mayor del hijo pródigo que no acepta la alegría del Padre misericordioso. Jesús en su  parábola del banquete de bodas: El anfitrión no se resigna a la ausencia de sus invitados, que no eran dignos, y manda salir a sus criados a plazas y caminos para invitar a todos que se encuentren hasta llenar la casa a tope. ( Lc.14,16-23; Mt.22,1-10)

Jesús con toda una serie de parábolas va desarmando a los que no quieren un Dios Misericordioso. Sólo ellos merecen en justicia lo que se han ganado con su “cumplir”. Jesús los enfrenta a otra nueva realidad que los descoloca. J. Jeremías cita a C.W.Smith: “No se crucificaría a un maestro que cuenta historias amenas para corroborar una moralidad prudente”. Sin duda casi todas parábolas conservan una gran fuerza “agresiva”. (Cf. S. Blanco en Ephemerides Marilologicae. Enero-Junio 2016).

La casa del banquete llena de nuevos invitados, me da pie para mi  pensamiento distinto. El autor de la carta a los Hebreos presenta en el capítulo 11 “una nube de testigos” del  Antiguo Testamente. En Nueva Alianza podemos presentar muchas nubes llenas de testigos que de todas razas y culturas que han tenido y tenemos también ahora, como la mayor gracia dar la vida por Jesucristo. Resumo con la Oración que el Cardenal Van Thuan escribió en la cárcel de Gianxá, Vietnan del Norte, al año 1980: ”Jesús, desde hace dos mil años tu amor, como una ola, ha arrastrado a innumerables peregrinos por el camino de la esperanza. Te han amado con amor ardiente, con sus pensamientos, sus palabras, sus acciones, con un corazón más fuerte que la tentación, más fuerte que el sufrimiento e incluso más fuerte que la muerte.”

Concluyo. Sería un ridículo espantoso andar por ahí preguntando  al viandante si está dispuesto a dar la vida por Aristóteles, o por Napoleón, o por los filósofos de la sospecha. En cambio, no temo equivocarme si afirmo que hoy, millones de mujeres y hombres contestarían –repito-que seria una gracia enorme morir por Jesucristo. Hechos bien recientes en muchas partes del mundo demuestran esta hermosa realidad. Son muchos los”locos” que entienden al “Loco Jesús”.

Jerusalén y yo

La película Ben-Hur recuerda que al ser invitado el protagonista a encontrarse con el Profeta de Nazaret, responde que no puede, porque tiene una cita con Roma. Esto ocurre a muchos que prefieren la cita con la ambición, con el placer, con el pelotazo del dinero fácil.

Pero a otros les ocurre con exactitud lo que cuenta San Marcos:”Subían camino de Jerusalén y Jesús iba por delante de sus discípulos que lo seguían admirados y asustados. Todos los que le seguían tenían miedo.” (10,32). El anuncio de las persecuciones los tiene perplejos, pero Jesús se lo advierte “Para que vuestra fe no sucumba en la prueba…Tendría que deciros muchas cosas más, pero no podríais entenderlas ahora. Cuando venga el Espíritu de la verdad, os iluminará para que podáis entender la verdad completa.(Jn. 16,1; 17-18).   Sabe muy bien, su Maestro y Señor que necesitan esa llegada del Espíritu para ser sus testigos y ya, ante el asombro que no acaban de encajar, Jesús Resucitado, les vuelve a prometer: “Vosotros recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines de la tierra” (Hec.1,8).

A partir de su Resurrección, Jesús nos envía el Espíritu que nos transmite en su muerte. Esa es la fuerza que recibe el discípulo para conocer a Jesucristo y desear con toda el alma configurarse con Él. Actuará si le dejamos hacer: Nos ayudará a poner los ojos” fijos  en Jesús”. No en teorías, ni en ideologías. Encuentro personal con Él y correr, como dice Pablo, para darle alcance. No estará de más recordar un apotegma de los padres del Desierto.

Un monje se encuentra con otro y le pregunta: ¿Por qué son tantos los que dejan la vida monástica? Y el otro contesta: En la vida monástica sucede como con un perro que persigue a una liebre y corre detrás ladrando; otros perros al oír ladrar se unen  y corren juntos. Al cabo de un rato, los perros que corren sin ver la liebre se dicen: pero ¿adónde vamos? Se cansan desanimados y dejan de correr. Únicamente los perros que ven la liebre corren hasta alcanzarla.Concluye el monje: Sólo los que tienen los ojos  puestos en la persona de Cristo en la Cruz perseveran hasta configurarse con Él.

La adaptación es clara. Con entusiasmo son muchos los que corren y aprenden muchas historias y mensajes en sus catequesis y reuniones, pero no ven, no se encuentran tú a tú con Jesús. Han aprendido muchas cosas y se han divertido con juegos y catequesis, pero se cansan porque no se les ha señalado a Jesús

Nuestra Iglesia hoy y siempre no tiene que autoreferenciarse (Papa Francisco dixit), sino que como Andrés a su hermano Simón y Felipe a su amigo Natanael, les dicen con la cara iluminada: ¡Hemos hallado al Mesías!. ¡Ven y verás!

Pablo de Tarso pasaba dolores de parto hasta que se formase Cristo en cada uno de los que había engendrado por el Evangelio. No tengamos miedo a subir a Jerusalén para encontrar al Amigo y Salvador. De la mano de María ¡claro!

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icono comentarios 4 comentarios

Comentarios

Sandra y Miguel Sandra y Miguel
el 25/9/16
¡Qué bonita la Palabra de Dios! Y D. Alfredo tan acertado como siempre.
Un fuerte abrazo y muchos recuerdos a nuestra querida "parroquieta". La seguimos echando de menos (aunque en Madrid también está Dios).
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Martha Martha
el 18/9/16
Jerusalen !, Ciudad Santa o Pueblo Santo, asi referida
en el Libro del Apocalipsis y otros tantos en el Anti-
guo Testamento y nombrada tambien como la capi-
tal del Reino de Israel y luego de Juda, fue el centro
religioso del pueblo de Israel , lugar de la muerte de
Jesus y centro de la primera comunidad Cristiana;
en los Salmos podemos leer distintas alabanzas asi
como en Lamentaciones poeticamente nos narra su
ruina, su desamparo, comparandola con una viuda en
total desolacion.
Segun la imaginacion de Martin Descalzo narrada en
este cantaro #91 el sueno de Jesus era subir a un
monte y promulgar las Bienaventuranzas sonadas
por EL para todos los sufrientes en este mundo y
realize aquel ideal y no "pocos" lo creyeron , lo si-
guieron en aquel entonces, hoy y manana seguir ... » ver comentario
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Manuel. Manuel.
el 17/9/16
Señor, perdóname por ser pecador.
Señor, mi aflicción es mi dolor por culpa del pecado.
Señor, mi arrepentimiento es mi redención.
Señor, mi amor quiero que sea el que él nos enseñó.
Señor,cómo él nos amó, quiero también amar yo.
Señor, perdóname y cuando llegue la hora acógeme en la "Nueva Jerusalén"
Señor, junto al Hijo y junto al Padre, que es el vivir y el amor eterno.
Señor, junto al Hijo y junto al Padre.
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eleazar eleazar
el 15/9/16
Jerusalén es la casa de Dios, y viven en ella los bienaventurados de Dios, . . . unos locos por el Señor, aunque sean pocos. Pero cómo enloquecer de amor para llegar a Jerusalén sin perder la razón? No podemos hacerlo, falta reconocer a Dios, en Cristo, a Dios, y solo por el Espíritu lo alcanzaremos. Solo podremos acudir a Jerusalén cuando nos diga el mismo Señor, ven y verás, y fiándonos de él demos un primer paso. Ven Señor Jesús. gracias Padre Alfredo.
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