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83. El hierro rusiente

Alfredo María Pérez Oliver, cmf -

En este cantarillo creo oportuno presentar como paradigma de la esencia del núcleo “Patris mei”, la experiencia de Claret. Al fin y al cabo, él inventó la alegoría y la vivió modélicamente.

Este núcleo expresa la relación de Claret con Dios Padre. Creía que el rescoldo podría reanimarse. Pudo decir con el poeta:

Creí mi hogar apagado,
y revolví la ceniza.
Me quemé la mano.

Veamos cómo se reanimó el rescoldo y se hizo hoguera. Se trata de calentar el hierro frío, hasta ponerlo rusiente y poder recibir la forma que se desea. La meta es llegar a poder decir, como Jesús: “…debo ocuparme de las cosas que miran al servicio de mi Padre” (Patris mei).(Lc.2,49).

Con el fuego recibido en los Ejercicios Espirituales, al comenzar su vida de seminarista, se aviva el rescoldo de sus vivencias de adolescente, cubiertas por las cenizas de su disipación en Barcelona. Herido por el rayo de “¿Quid prodest?”, abandona sus deseos de ser fabricante y ya solo tuvo un objetivo:” No busco, Señor, ni quiero saber otra cosa que vuestra Santísima voluntad, para cumplirla, y cumplirla, Señor, con toda perfección. Yo no quiero más que a Vos, y en Vos y únicamente por Vos ya para Vos las demás cosas. Vos sois para mi sufiencientísimo…Yo os amo, Padre mío, fortaleza mía, refugio mío y consuelo mío.” (Aut.445).

Pero ya tiene experiencia de que para desear este cumplir perfectamente la voluntad divina, necesita entrar en la Fragua para ser encendido con el fuego del amor. De ahí brota su oración ardiente:”¡Oh Jesús mío!, os pido una cosa que yo sé que me querréis conceder. Sí Jesús mío, os pido amor, llamas grandes de ese fuego que Vos habéis bajado del cielo a la tierra. Ven fuego divino. Ven fuego sagrado: enciéndeme, abrásame, derríteme y derríteme al molde de la voluntad de Dios.” (Aut. 446).

Con ojos de águila.

Desde las alturas de su experiencia evangelizadora, contempla la importancia del amor y su corazón y sus manos se vuelven hacia el cielo clamando a Su Padre Dios y a la Madre del divino amor la concesión de esa gracia.

Pero hay que tener en cuenta que la autobiografía, escrita por obediencia, la escribe al final de su vida. Y desde ese amor de fuego interpreta todo su caminar. Y comprende con gozo que ha caminado sobre la misma palma de la mano de Dios. Por eso destaca la Providencia divina desde siempre. Así considera un gran “beneficio del cielo” a su primer maestro que era muy bueno, pero sobre todo sus padres que de consumo con el maestro formaban su entendimiento y su corazón (Aut.25). Son continuas las expresiones de reconocimiento y gratitud: “¡Oh Dios mío! ¡Qué bueno habéis sido para mí. Yo no he conocido hasta muy tarde las muchas y grandes gracias que en mí habíais depositado” (Aut. 35).

Ve la Providencia en las cualidades que le ha dado para el dibujo, en su época de estudios textiles, que le sirvieron en su tarea apostólica. Con su “Catecismo explicado” con láminas dibujadas por él. Ahí está el testimonio del Siervo de Dios Alberto Capellán que reconoce el bien inmenso que recibió con la meditación del catecismo del P. Claret. Y el “Camino Recto” el devocionario más popular y lleno de apartados de formación cristiana. Se calcula  que son más de dos millones de ejemplares los editados. “De la lectura de esos dos libros encuentro muchísimas conversiones” (Aut.323)  Sabía llevar al encuentro con Jesús para seguirle, imitarle, configurarse  con Él. Como más tarde escribía Juan Pablo II: “No se trata aquí solamente de escuchar una enseñanza y de cumplir un mandamiento, sino de algo más radical; adherirse a la persona misma de Jesús, compartir su vida y su destino.” (Veritatis splendor, 19)

En los desengaños  vividos en su etapa de estudiante trabajador en Barcelona, verá los medios providenciales que se valió para arrancarlo del mundo que lo atrapaba: “¡Cuán admirable es la Providencia del Señor” (Aut.169) (Cf. Aut. 76). Y basta de citar porque creo son suficientes.

Hijos de Dios.

“Mirad que amor tan grande nos ha mostrado el Padre: que nos llamamos hijos de Dios y realmente lo somos” (1Jn. 3,1) Con más detalle: “Vosotros no habéis recibido un espíritu de esclavos, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos que nos permite llamar a Dios “Abba”, Padre. (Rom. 8,15).
No nos lleve a una comprensión superficial el texto paulino. Afirma que somos hijos adoptivos, para señalar claramente la distancia con el Verbo, Hijo del Padre desde toda la eternidad. Pero la expresión ‘adoptivo’ puede hacer que se equipare con la adopción humana. Recuerdo la sentencia de  Ortega y Gasset, que afirmaba: “cuando hablamos es más lo que dejamos de decir que lo que decimos, porque la palabra no puede apresar toda la riqueza de la idea y de los sentimientos.” Y así es importante señalar que la adopción humana puede dar cariño, apellidos, educación y hasta la herencia, pero no pueden dar los genes porque no son padres biológicos. En cambio cuando El Verbo al hacerse hombre y traernos la salvación, lo hace injertándonos en Él. Nos salva como hijos porque unidos a Cristo nuestra Cabeza recibimos de Él la savia divina. Nos hace partícipe de su naturaleza divina. O sea nos transmite sus “genes”. No emplean este término los teólogos, pero es clara la expresión, para distinguirla de la adopción humana.

El joven seminarista comprendió pronto que al unirse con Jesucristo, podía sentirse entusiasmado hijo y llamar “Abba”. Su relación llega a tal intimidad que lo expresa de modos diversos:”Yo os amo, fortaleza mía, refugio mío y consuelo mío. Sí, vos sois mi Padre, mi hermano, mi esposo mi amigo y mi todo.” (Aut. 755). Y por supuesto la súplica a la Virgen Madre: “¡Madre mía, tengo hambre y sed de amor, socorredme, saciadme! ¡Oh Corazón de María, fragua e instrumento del amor, enciéndeme en el amor de Dios y del prójimo!” (Aut. 447). Amor que pide para vencer las tinieblas del pecado:: “Bien sabéis que soy hijo y ministro vuestro, formado por Vos misma en la fragua de vuestra misericordia y amor. Yo soy como una saeta puesta en vuestra mano poderosa: arrojadme, Madre mía con toda la fuerza de vuestro brazo…Arrojadme contra Satanás…” (Aut.270)

Se siente instrumento en sus manos para que todos amen a Dios, su Padre y le sirvan. La súplica que aparece en el número 233 de su Autobiografía, ha quedado cristalizada y marcada a fuego de fragua en el corazón de toda familia claretiana y de todos enganchados al ardor apostólico de Claret”

Oración apostólica de San Antonio María Claret:

¡Oh, Dios mío y Padre mío,
haced que os conozca y haga conocer;
que os ame y haga amar;
que os sirva y haga servir;
que os alabe y os haga alabar de todas las criaturas

Se puede caer en la cuenta el matiz apostólico que se añade a la salvación personal del Principio y Fundamento Ignaciano.
Ya el cantarillo está lleno y se necesitarán otros para ahondar el sentido del núcleo “Patris mei” (“debo estar en las cosas de MI  PADRE).

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icono comentarios 1 comentario

Comentarios

Martha Martha
el 29/5/16
Es muy provedchoso para nuestro entendimiento la
idea de exponer las citas del Santo Claret para expli-
car la naturaleza del 2do.Nucleo del sistema (Patris
Mei). En todas las citas mencionadas vemos el deseo
inmenso que inundaba su ser de recibir el fuego de
amor a Dios, clamar a su Dios, su refugio, su fuerza
su vida ,que enviara las llamas de amor ardientes
que derritieran su cuerpo hasta convertirlo en un
instrumento de amor para amarlo y hacerlo amar,
como diria en su oracion Apostolica que acabamos
de leer. Dada su experiencia Evangelizadora sabia
bien que el Amor era muy importante para el cum-
plimiento de la mision comprometida a Dios y a la
Santisima Virgen que en la fragua de su Corazon
se quiso convertir en saeta para que lo lanzara so-
bre todos los males d ... » ver comentario
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