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82. Más ideas previas

Alfredo María Pérez Oliver, cmf -

Sin conversión personal no será posible la conversión pastoral. Sin embargo creo conveniente aclarar que tipo de conversión, cual es el Dios busca el discípulo. Esa búsqueda y ese encuentro influirán en el modelo de conversión que necesita hoy la Iglesia. Difícil cometido el de este cantarillo que pretende aclarar en la realidad sociológica eclesial, el significado de este encuentro y evitar que sea falso y alienante.

La opción por Jesucristo.

No hay duda de que la opción por Dios, que hace el derrocado por el rayo que  le ha llevado a experimentar la vaciedad de las realidades fuera de Dios, es el Dios de Jesucristo. El tipo que se erige en dios de si mismo y sus egoísmos cae – por fin- fulminado por la verdad evangélica “¿Quid prodest? (Mat.16,26), de que te sirve todo  lo atrapado si al final llegas y descubre que has perdido tu vida. Me viene a la memoria la película Balarrasa, con ese primer plano de la moribunda. Unas manos que se alzan gritando entre estertores: ¡Vacías, están vacías!

Vuelvo al tema. El  temblor del alma al descubrir a Dios, vive esa experiencia inmediatamente asumida, transformada y completada por la experiencia de Jesús de Nazaret. Esta conexión rápida se ve en la vivencia de Blas Pascal que tuvo una vivencia de Dios que hizo de él un creyente. Y del Dios de Abrahán paso fulgurante a Jesucristo. Quiso recordar hasta físicamente esta gracia y cosió en su ropa un pergamino. He aquí el relato: “El año de gracia de 1654, lunes 23 de Noviembre…desde las 19 horas y media de la tarde aproximadamente, hasta las doce y media de la noche. Fuego. El Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, no el Dios de los sabios y de los filósofos. Certeza, alegría, paz. El Dios de Jesucristo. No se halla más que a través de los caminos enseñados por el Evangelio. Lágrimas de alegría. Yo me había separado de Él, le había abandonado, renegado, crucificado. Que ya no me separe más de Él. Rendición total a Jesucristo.”

Experiencia de Dios y experiencia de Jesucristo.

Evidentemente no son contradictorias, pero si tienen matices distintos que hay que conocer para que la primera sea transformada y completada por la segunda.

&.-Experiencia de Dios.  Esta experiencia es la experiencia de lo luminoso, lo tremendo, lo misterioso y se manifiesta en la conciencia que responde con tres actitudes fundaménteles: a) adoración, b) separación; c) observancia.

a) Adoración. La santidad y la grandeza de Dios tienen algo de abrumador para la criatura. La adoración es la expresión más espontánea y consciente de la reacción del hombre ante la proximidad de Dios. Son múltiples los pasajes en el A. T. que producen hasta  el no atreverse ni a pronunciar su nombre, como hizo presente San Mateo en su evangelio,al sustituir Reino de Dios por Reino de los cielos. Esta reacción se manifiesta en gestos exteriores que reconocen la grandeza y soberanía de Dios..
b) Separación. Consecuencia obligada es alejarse de todo  lo humano que pueda contaminar la actitud adoradora. En términos clásicos se decía “fuga del mundo”.
c) Observancia. Situados  ante esa fuerza y grandeza, se cree que se puede aplacar por la fiel observancia de sus mandatos. Obsesionados por cumplir minuciosamente las exigencias divinas.

Estas actitudes están en la base de toda experiencia religiosa. Pero el discípulo de Jesús que ha visto en su rostro el del Padre misericordioso, asume estas actitudes pero purificadas y transformadas. Fijos los ojos en Jesús el modelo perfecto. Y así procura vivir estas actitudes purificadas:

Adoración. Rebosan los Evangelios de la actitud adoradora de Jesús. Pero muy lejos de temor y temblor. Es la confianza del Hijo fiel que ha venido a cumplir la voluntad amorosa del Padre. Responde así al amor del Padre: “El Padre mismo os quiere. Y os ama porque vosotros me amáis a Mi…” (Jn. 16, 27). San Pablo confirma esta nueva realidad: “Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar:¡Abba! (Padre)” ( Rom. 8,14-17)

Fuga del mundo. Se trata de un alejamiento del espíritu del mundo y de los comportamientos que le son propios, al mismo tiempo que se está presente con la sabiduría de Dios. No se pueden superar las palabras de Jesús: ”…el mundo los odia porque no pertenecen al mundo, como tampoco pertenezco Yo…No te pido que los saques del mundo, sino que los defiendas del maligno…Yo les he enviado al mundo, como Tú me enviaste a Mi”(Jn. 17, 14-18).

Observancia.  Ya no se trata de aplacar a un Dios justiciero con sacrificios de animales y hasta humanos (Experiencia que se da en tantas religiones). Se comprueba que por fidelidad al proyecto mesiánico, es la Trinidad Beatísima la que sufre el rechazo del sistema imperial, con la complicidad de los que defendían sus privilegios sagrados.

Este es el experimento que sufre Jesús, en forma de ‘fracaso inmediato’. Pero el Padre que ha acompañado con su pasión al Hijo, le resucita, y manifiesta que todo el mensaje de Jesús, y Él en persona, es el camino, la verdad y la vida. Unidos  a nuestra Cabeza-Cristo- todos sus miembros podemos tributar al Padre “Todo Honor y toda Gloria”. Esta es la perfecta observancia.

Sugiero brevemente que seguir a Jesús no es buscar el sufrimiento, porque él no lo amó y luchó contra el dolor. Pero ahí está el sufrimiento que es el lado oscuro de la vida. Unidos a Jesús, y a María al pie de la Cruz, se puede convertir en el lugar más eficaz y convincente de vivir la fe en el Padre y la solidaridad con los hermanos.

En consecuencia la experiencia de Jesús transforma y completa la experiencia religiosa. Nosotros hemos optado por Jesús que perfecciona la experiencia religiosa. Es necesario hacerlo para no quedarse anclados en el bloque de adorar, huir del mundo y guardar los mandamientos para ir al cielo, El cristianismo es encuentro personal con Jesús, para configurarse con Él –el Hombre para los demás, le llamó Bonhoeffer-. Urge la presencia de cristianos transformados  que sean transparencia del Salvador. Espero quede claro que la experiencia religiosa inclina al orden y a la seguridad; la experiencia cristiana añadida inclina al servicio, al compromiso y a la fidelidad.

El joven Claret se topó con Jesucristo y en Él vio el rostro misericordioso del Padre. Y se sintió felizmente hijo. Resulta que ya está a la puerta el siguiente núcleo de la Fragua: Patris mei. Oigo el burbujeo desdel fondo del pozo que grita como el apóstol Felipe: ¡Muéstranos al Padre!

Tranquilos que ya está el cantarillo siguiente en el brocal.

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Comentarios

Martha Martha
el 14/5/16
Soberbia la explicacion de la busqueda y encuentro
del Dios que necesita la Iglesia hoy , un Dios que
sea el verdadero, no uno falso o inventado por una
imaginacion enajenada.
Segun lo leido ,las experiencias habidas de Dios y
del Dios de Jesucristo no son en nada adversas, so-
lo estan transformadas y purificadas. Las actitudes
en la experiencia religiosa: Adoracion, Separacion y
Observancia, son las mismas que en la Experiencia
del Dios de Jesucristo, pero transformadas y purifi-
cadas en diversos tonos; Jesus interpetro de distin-
ta forma el Antiguo Testamento, no cambiandolo,
no le anadio ni le quito una coma ni una tilde, so-
lo hubo un cambio en su comprension. Por consi-
guiente , mis conclusiones, no quiero decir que sean
las correctas, son que la Experiencia d ... » ver comentario
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eleazar eleazar
el 12/5/16
El que dice: «Amo a Dios», y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve? Y llega Dios a tal extremo que se hermana con nosotros, para que le veamos como debe ser. Yo quiero ver a Dios con los ojos de Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre camino verdad y vida.
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