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78. Carisma Compartido

Alfredo Mª Pérez Oliver, cmf -

Paso a paso se va lejos

El primer paso en un documento magisterial lo dio con firmeza de alpinista Juan Pablo II en la Exhortación Pastoral “Vita Consecrata”: “Una manifestación significativa de participación laical en la riqueza de la vida consagrada es la adhesión de fieles laicos a los varios Institutos bajo la fórmula de los llamados miembros asociados o, según las exigencias de algunos ambientes culturales, de  personas que comparten, durante un cierto tiempo, la vida comunitaria y la particular entrega a la contemplación o al apostolado del Instituto…(V.C. 56)

Quizá sea oportuno aclarar más el contenido de este texto. Un religioso/a  que se compromete a configurarse con el proyecto existencial de Jesucristo (Cf. V.C. 1) viviendo en virginidad, pobreza y obediencia, no puede hacer partícipe de esta forma de vida a las personas que han sido llamadas a vivir en la forma de vida del matrimonio cristiano. Sin embargo sí que puede hacerle participe de la hipersensibilidad que el Espíritu Santo otorgó al fundador o fundadora, al otorgarle captar de un modo intenso algún rasgo que el evangelio resalta en la Vida de Jesús. Así, la pronto santa, Teresa de Calcuta vive con intensidad la opción preferencial por los marginados y últimos de la sociedad. Y cantidad de voluntarios recibidos en sus centros durante un tiempo salen trasformados. D. Lapierre es un paradigma.

Nosotros, los claretianos, que hemos heredado el don del P. Claret de dar a conocer a Jesucristo por todos los medios posibles y en todo el mundo, con ojo clínico para captar lo más urgente oportuno y eficaz, no podemos hacer partícipes de la vida célibe por El Reino, pero podemos compartir con los seglares claretianos  la inquietud evangelizadora de Claret. El santo no pudo realizar este proyecto de misión compartida que intuyó como importantísima para la Evangelización, no pudo desarrollarla porque tropezó con la incomprensión del Arzobispo Echánove, de Tarragona. En ese siglo XIX, era incomprensible que seglares – la Iglesia discente- fueran evangelizadores. Y muchísimo menos las mujeres que debían ser formadas para saber leer y escribir, las cuatro cuentas, y cocinar y coser, saber bien y vivir el catecismo para ser buenas madres y amas de casa. Es lo que el Beato P. Coll quería que hiciesen sus dominicas. No es extraño que alguien inventase el dicho cruel que “la mujer donde mejor está es con la pata quebrada y en casa”

El pecado de esconder el tesoro.

El que nuestros mayores no pecaran- porque no tenían conciencia de ello- no quiere decir que esconder el tesoro no sea pecado. Así se guardaba puertas adentro la ardiente autobiografía de San Antonio Mª Claret, porque estaba escrita para sus misioneros. Ahí, cuenta el santo, la alegoría de la fragua que inspiró su acción transformadora. De joven superficial y atrapado por las cosas de la tierra, la fragua lo quemó, lo martilló, le fue dando la forma de apóstol ardiente.

Hasta 1959 no fue editada la autobiogfrafía abierta a todo el mundo y en varias lenguas. Se consideró el gran valor testimonial y pedagógico para formar apóstoles. La realizada en la colección de la BAC contribuyó a su difusión.

De aquí mi inquietud y mi deber de abrir la experiencia espiritual de la Fragua a todo el Pueblo de Dios. No sólo a los seglares claretianos. Creo que es participar  de la urgencia de Claret que amplió con fuerza de apóstol, el principio y fundamento ignaciano “El hombre es criado para alabar…

Claret lo expresó ampliado en forma de súplica:

Señor y Padre mío,
que te conozca y te haga conocer.
Que te ame y  te haga amar.
Que te sirva y te haga servir.
Que te alabe y te haga alabar por todas las criaturas.

Con toda razón Juan Pablo II reta a los religiosos: “A ver cuando tenéis el coraje y la creatividad que tuvieron vuestros Fundadores” (Cf. V.C. 37)
La Congregación Claretiana vivió por ósmosis el sistema formativo que vivió su Fundador. Pero no se estructuró teológicamente hasta después del Concilio Vaticano II y sobre todo del documento “Pottisimum Institutioni” del año 1990, que después reafirma con fuerza el Papa: “Los Padres sinodales han invitado a todos los Institutos de Vida Consagrada… a elaborar cuanto antes…un proyecto de formación inspirado en el carisma institucional, en el cual se presente de manera clara y dinámica la espiritualidad del propio Instituto.”(V.C. 68)

Estas orientaciones son sentidas con fuerza por la Congregación Claretiana, porque coinciden con un momento de gran expansión por continentes y razas y urgía el “Plan General de Formación” para que el carisma se inculturase sin perder ni una gota de su esencia. Unas comisiones de formadores y teólogos y juristas elaboraron un Plan que creemos modélico. Por supuesto, era necesario que la descripción alegórica de la formación que vivió Claret iluminase el proceso formativo de sus misioneros a través de tiempos y culturas. Sin embargo, creo que la dinámica formativa de evangelizadores, con nuevo ardor, que lleva en sus entrañas la alegoría, a pesar de haber sido divulgada en la revista “Vida religiosa”, no ha sido captada por el personal de las distintas formas de vida cristiana.

Habla el hierro rusiente.

Y ya aterrizo. Escribe el joven seminarista al comenzar su gran cambio de ruta: “En un principio que estaba en Vich pasaba en mi lo que en un taller de cerrajero, que el Director mete la barra de hierro en la fragua y cuando está bien caldeado lo saca y lo pone sobre el yunque y empieza a descargar golpes con el martillo; el ayudante hace lo mismo, y los dos van alternando  y como a compás van descargando martillazos y van machacando hasta que toma la forma que se ha propuesto el Director.” (Aut., 342). Esta vivencia no fue algo pasajero. Al comenzar una Santa Misión rezaba a María: “Bien sabéis que soy hijo y ministro vuestro, formado por Vos misma en la fragua de vuestra misericordia y amor”(Aut.,270).

Como en toda alegoría  cada uno de los elementos simbólicos se corresponde con varios de la realidad. Así el taller del cerrajero es el ambiente formativo del Seminario; el Director, según que momento, se refiere al Padre, a Jesucristo, a María, a los responsables formativos. La barra de hierro es Claret en cuanto discípulo a moldear. La fragua es el Espíritu Santo, el Corazón de María y los diversos medios ascéticos. El yunque representa las situaciones y pruebas de la vida. El ayudante es Claret como activo, colaborando con las acciones formativas que son los martillazos. La forma es configurarse con Cristo y también una saeta para ser lanzada contra el mal, personificado en el pecado y los enemigos del Reino de Dios.

Y ya el suelo está mojado porque  no cabe más agua en el cantarillo. Miro al pozo y veo que hay corriente para bastantes cantarillos. Todos están preparados para ser llenados en su momento. Ojalá suscite le curiosidad, que es la causa ocasional de la filosofía, para conocer los detalles de este extraordinario método para forjar evangelizadores.    

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icono comentarios 1 comentario

Comentarios

Martha Martha
el 11/3/16
Gracias P. Alfredo por relatarnos la imaginacion del
Santo Antonio M.Claret sobre el cambio habido en
su vida que lo llevo a configurarse con la vida de Je-
sus, a base de fuego ardiente y modelado con golpes
sobre el yunque, lo que dio por resultado una simili -
tud muy positive permitiendole fundar la Congrega-
cion que lleva su nombre y en la que se han formado
valiosos Misioneros Claretianos. Es una pena que su
autobiografia estuviera tanto tiempo puertas adentro
de la Congregacion, aunque se hubiera escrito sola-
mente para conocimiento de sus Misioneros, estoy
segura que muchos jovenes se hubieran inspirados
al leerla y el Senor hubiera decidido quien o quienes
eran merecedores de su llamado pues no todos po -
seen la Fortaleza y valor para ser semejantes a Je-
sucri ... » ver comentario
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