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72. No le des la vuelta al monte

Alfredo Mª Pérez Oliver -

Comienzo a llenar este 72 cantarillo, el día 9 de Diciembre, festividad del Santo indio Juan Diego, que corría a la misión franciscana para avisar que su tío Juan Bernardino está muy enfermo y deseba confesarse. Antes ha gozado de la ternura de la Virgen que le llama: “Juanito, Juan Dieguito”, y leencarga un mensaje para el Obispo. Son deliciosas las palabras a la Virgen  de su Dieguito, que ante el fracaso de su misión explica: “Señora y Niña mía confía el encargo a una persona importante…yo soy un hombre del campo, un cordel, una escalerilla de tablas, soy hoja, y Tú, Niña, la más pequeña de mis hijas, me envías a un lugar por donde no ando…”

El caso es que después de la tercera aparición, sucede la gravedad de su tío y vuela para que el sacerdote llegue antes de morir. Como teme encontrarse con la Señora del Cielo, rodea el cerro de Tepeyac. Pero la Virgen le sale al encuentro: “Dónde vas el más pequeño de mis hijos  No le des la vuelta al monte…. ¿no estoy aquí que soy tu Madre?... no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá…”

No voy a recordar la emoción de mi visita a la Virgen de Guadalupe. Sólo quiero explicar que el P. Provincial Claretiano, típico mexicano, me comenta: Y aquí se dice cunado alguien quiere escapar y eludir algún compromiso:”¡No le des la vuelta al monte!

Los que escapan de apuntarse a le empresa de Construcción, creo que también dan la vuelta al monte. Que la Virgen Madre, les corte el paso y les repita como al Juan Dieguito, que él debe cumplir el mensaje y no otro hombre “importante”. Así que sigo llenando el cantarillo, para los no importantes, que pueden ser trabajadores de esta “Empresa” que construye el Reino de Dios. El contrato exige otro requisito. Helo aquí:

Imaginativos para trazar planes de conquista.

Cronin, el famoso autor de “La ciudadela” escribe una consideración que es buena para comprender este requisito que exige personas con imaginación: “La vida no es ningún pasillo recto y fácil que recorremos libres y sin obstáculos, sino un laberinto de pasadizos, en el que tenemos que buscar nuestro camino, perdidos y confusos,, detenidos de  vez en cuando por un callejón sin salida. Pero si tenemos fe, siempre se abre una puerta ante nosotros, quizá no sea la que imaginamos, pero sí será finalmente la que demuestra ser buena para nosotros.”

Es necesario que estos trabajadores se confíen totalmente  a la Providencia que sabe mejor el camino por el que debemos marchar. Y cuando no lo hacemos así llegamos a la frustración y fracaso. Todo el salmo 105 hace un recuento de las infidelidades de Israel porque “y no se fiaron de sus planes”. Ilustro esta lección, para que lo tengamos en cuenta los que nos hemos apuntado a la Empresa constructora del Reino, con la parábola de los tres árboles: El Señor avisa que” mis  planes no son vuestros planes”. Pero algunas veces si que coinciden. Por eso hay que pedir al Espíritu Santo  sus siete dones para saber discernir.

Crecían en un bosque tres árboles especiales. El primero creía que su madera tan fina sería ideal  para modelar un cofre donde una princesa encerraría sus joyas. El segundo se veía como madera apta para un gran barco que surcaría los mares guiado por los mandos de un gran rey. Y el tercero tenía una raíces tan profundas que estaba seguro que crecería más que todos y su copa sería admirada y podría orientar a los caminantes. No pensaba así el amo del bosque. Cuando crecieron llegó el momento de talar y vender la madera.

La fina madera del primero no fue tenida en cuenta por el carpintero que tenía un encargo urgente de un pesebre. Y se vio lleno de paja para alimento de una mula y un buey que resoplaban mientras metían el hocico en la paja y cebada. La madera llena de rabia recordó los sueños e ilusiones cuando era árbol. Y lloró. Pero he aquí que una noche llega una joven hermosa acompañada de su esposo que necesitaban un lugar recogido para  recibir al bebé que esperaban. Nació el Niño y los ángeles volaron y adoraros y cantaban la Gloria de Dios. Y los pastores llegaban presurosos con sus dones de leche, requesón y se postraban ante el pesebre. Y la madera conoció que Alguien sabía mejor donde tenía que estar para recibir el tesoro más grande de los siglos. Y lloró de alegría y abrazó al Niño.

El segundo se quedó con las ganas de ser galera real y con su madera fue construida una barca para pescar. Y refunfuñó: ¡Vaya mala suerte, huelo que apesto a pescado! Pero he aquí que se desata una gran tormenta. Los pescadores despertaron, llenos de espanto, al que dormía tranquilo en popa: ¡ Sálvanos! Jesús de Nazaret se puso de pie y con autoridad mandó a la tormenta que se calmara totalmente. Entonces la madera de la barca se lleno de orgullo y satisfacción. No se había embarcado un rey, llevaba al Emperador de cielos y tierra.

Por fin el tercero se quedó estupefacto al ver que los madereros no respetaban su altura. Por el contraría se frotaban las manos por la cantidad de madera que podrían vender. Y la carpintería lo convirtió en tablas, que los soldados romanos juzgaros muy aptas para la cruz de un ajusticiado.

Cuando cargó con el peso de un hombre azotado, coronado de espinas, convertido en una llaga viva, quedó alucinado al oír la respuesta dada al ladrón crucificado a su derecha:¡Hoy estarás conmigo en el Paraíso!. Y lleno de emoción, el árbol convertido en unacruz, comprendió que había llegado mucho más alto que sus sueños. Había llevado en sus brazos al había abierto de par en par las puertas del cielo. Y exclamó: ¡Señor mío y Dios mío!

Ojalá que esta parábola de los tres árboles nos haga comprender la mara villa de un amor que mejora y cambia nuestros planes. Y nos concede más y mejor que lo que podamos soñar. No siempre sabemos lo que Dios planea para nosotros, pero debemos aceptar con total seguridad que sus caminos no son nuestros caminos, pero…sus caminos siempre son los mejores. Nos lleva sobre la misma palma de su mano.

La Virgen Madre que se fió totalmente al serle cambiados sus planes, nos enseñe el camino. ¡Qué hermosa advocación y qué imagen tan maravillosa la Virgen de la Divina Providencia.

Yo la tengo enfrente de mi mesa de trabajo, para no olvidarme nunca que más que los caminos míos deben suprimirse con frecuencia para fiarme de los caminos por los que Él me lleva. Pero sus caminos son los mejores que ha marcado para llegar al gran encuentro. Y sólo le voy a decir: “Jesús, mi Amigo y Salvador: ¡Aquí está tu amigo pequeño!

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