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35. Vencer la agorafobia

Alfredo María Pérez Oliver, cmf -

Dejamos al personal, en el pozo 34, con el cantarillo a cuestas y bien lleno, para calmar la sed de los alejados. La consigna era salir a su encuentro, sin miedo a la intemperie.

Sin embargo, se nota en muchos cristianos, que prefieren luchar sin salir de la trinchera. Aplauden a los que saltan sin miedo para avanzar y medirse –cuerpo a cuerpo- con los que defienden los antivalores. No han pensado que están así posicionados porque no conocen “la alegría del Evangelio”.

“Todos somos invitados a aceptar esta llamada: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio”(E.G. 20)

Esa propia comodidad y evitar el riesgo, lo denunció ya hace más de cincuenta años el pionero en emplear la TV para llegar más lejos con la Palabra, Monseñor Fulton Sehen: “ El Señor nos mandó ser pescadores de hombres (en alta mar), y nosotros nos hemos convertido en propietarios de peceras.”

Posible causa: la agorafobia

Ya he ido yo, y evito el trabajo a muchos, al Diccionario. Y la RAE la define: “Sensación morbosa de angustia ante los espacios despejados y extensos.” Es evidente que cuidando pececitos de colores en peceras, no se corre riesgos de tempestad en alta mar.

Pero el Papa Francisco invita con un argumento contundente a salir hacia espacios despejados. Cita el Documento de “Aparecida”: “La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás.” (E.G. 10)

E insiste: “Fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo. La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie.” (E.G.23)

Acabo de leer, en las noticias que publican nuestros misioneros de Macau (China) que el seminarista chino Chenxiu Shi, al leer el librito publicado por “Claretian Publications” de Macau, sobre el Papa Francisco, se siente interpelado y obedece. Deja la comodidad y en vez de descansar en las vacaciones, se va a un pueblo lejano de la sierra, donde un grupo de cristianos hace más de diez años que no ven un cura. Allí se ha pasado catequizando y dispuesto a volver pronto, Ha quedado impactado al comprobar la buena voluntad y deseos de aquellos cristianos abandonados que quieren salir de su ignorancia casi total.

La historia del monje Epifanio

El monje Epifanio, que sabía pintar imágenes bellas, al meditar el salmo “Tu rostro buscaré Señor”, sintió la llamada a pintar el rostro de Cristo. Y recorrió ciudades, valles y montañas buscando un modelo. Pero después de mirar cientos y miles de rostros no encontraba uno que le sirviera. Fatigado, se durmió y soñó que un ángel se le aparece y le corrige porque no había sabido mirar. Le fue recordando las caras vistas y en cada una de ellas le iba haciendo caer en la cuenta de un rasgo del rostro que se parecía a Jesús: la ternura de una joven madre cuidando a su pequeño; la inocencia de una niña rezando de rodillas encima de su cama; la fortaleza de un trabajador ilusionado en ganar el pan para los suyos; la resignación y paz de un enfermo; la ilusión del emigrante en busca de una vida digna; la angustia de un huérfano; la acogida y comprensión de un confesor misericordioso…y así fue grabando en su mente tantos rasgos que le habían pasado inadvertidos.

Volvió entusiasmado al monasterio y comenzó a pintar. Cuidaba los detalles como un miniaturista. Al pasar casi un año, le llevo al Abad la imagen de Cristo, ya terminada. Lleno de asombro, el Abad quiso conocer el modelo extraordinario y mostrarlo a los monjes. Pero el monje Epifanio contestó: “Padre, no me he servido de ningún modelo, porque no hay nadie en el mundo igual a Jesucristo. Lo que ocurre es que se parece a todos. El rostro de Jesús de Nazaret no se puede buscar en una sola persona, sino que en cada una hay un fragmento de su rostro impresionante y maravilloso.”

La historia del buen monje Epifanio nos recuerda y enseña a encontrar a Cristo en los hermanos y más especialmente en los que la sociedad cataloga como los últimos. Nos recuerda el Papa: “Hoy en este “id” de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, y todos estamos llamados a esta nueva ‘salida’ misionera. Cada cristianos y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide.” (E.G.20)

El peligro de la acedia Pastoral.

Una de las tentaciones frecuentes en los agentes de pastoral es la acedia, que puede tener -dice el Papa- diversos orígenes: El buscar proyectos irrealizables, sin saber lo que buenamente se puede hacer; el querer que todo caiga del cielo; el apegarse a sueños imaginados por la vanidad; el no saber esperar, buscando un inmediatismo ansioso que no acepta contradicciones, un aparente fracaso, una crítica, una cruz. (Cfr. E.G. 82). Y no olvidemos la agorafobia. Se está muy tranquilo cuidando peceras, que no tiene el peligro de alta mar. Si no se quiere oír el “rema mar adentro”, tampoco se necesitará ayuda para cargar con la red repleta de peces gordos.

Nuestra respuesta.

Hay que formar en la Parroquias, en lo nuevos Movimientos, en las Comunidades de consagrados, un cuerpo de choque, de valientes, como el Cuerpo de Marines de Los Estados Unidos. Han sido preparados con duras pruebas físicas y psicológicas, para enfrentarse a las tareas más duras y comprometidas. Y plantan con orgullo su lema: “Semper Fidelis”. “Siempre Fiel”. Y en el uso cotidiano hacen apócope de la segunda palabra. Y el lema queda muy estupendo así: SEMPER FI.

Ya lo sabéis amigos. Hay que ponerse firmes delante del Sagrario y con la seguridad del amparo de La “Nicopeja” (icono que significa “la que hace vencer en las batallas”.Se venera en la catedral de San Marcos de Venecia) decir alto y fuerte: SEMPER FI. La Virgen Madre es ejemplo de ese Semper Fi, mantenido con entrega total toda su vida.

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