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100. El nucleo del Núcleo

Alfredo Mª Pérez Oliver -

Deseo recordar que se  han llenado toda una colección de cantarillos con el agua del pozo que le llegaba del torrente de la alegoría que el joven Claret imaginó después de ser herido, por un rayo, como el dice, por la frase del Evangelio. ¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si se pierde a sí mismo?

Para nuevos lectores y para repaso de los amigos de siempre, voy a sintetizar. La alegoría de la Fragua que acudió a la brillante imaginación del joven.que  se encontró a la intemperie, sin saber por donde caminar, al sacrificar su entusiasmo por la Industria Textil  Recordó al herrero de su pueblo que metía una barra de hierro fría y llena de moho en la fragua ardiente. Y con ojos de niño asombrado veía que esa barra se convertía en una verja fuerte y lujosa, modelada por los martillazos del maestro herrero

Me lo imagino dándose un golpe en la frente y exclamando: ¡Eureka! Ya lo he encontrado el camino que busco con afán. Soy ese hierro frío que debo meterme en la fragua para volverme rusiente y capaz de ser modelado.         

En el proceso  descrito por la alegoría se simbolizan los núcleos básicos que Claret vivió, con acentos diferentes, a lo largo de su vida.

Los especialistas en espiritualidad claretiana los han estructurado con precisión.

  1. El primero (“Quid Prodest”) se refiere a la relativización del mundo y al descubrimiento de Dios como el Único Absoluto  tal como aparece en Mt. 16,26: “¿De qué sirve al hombre ganar el mundo entero si se pierde a sí mismo?”
  2. El segundo (“Patris mei”) es la experiencia del amor de Dios, comunicado por su Espíritu, cuya expresión sintética la encuentra Claret en Lc.2,49 : “Debo ocuparme en las cosas que miran al servicio de mi Padre.”
  3. El  tercero (“Caritas Christi”) es la experiencia de la imitación, seguimiento y configuración con el Cristo enviado por el Padre, nacido de María y ungido por el Espíritu, sintetizada en 2Cor.5,14: “La caridad de Cristo me urge”.
  4. El cuarto (Spiritus Domini”)  es la experiencia de sentirse ungido y enviado para anunciar, como Jesús, el Evangelio a los pobres, resaltada en Lc. 4. 18::”El Espíritu del Señor está sobre mí…Me ha enviado a anunciar la Buena Nueva a los pobres.”

El núcleo del núcleo.

Los dos primeros núcleos ya han refrescado a  los que han bebido de los cantarillos  anteriores dedicados al tema de La Fragua. El tercer núcleo es el que está llenando  los inmediatos a éste. Han querido reflejar la belleza de las virtudes de las virtudes más importantes que admiramos en Jesús. Y hasta  hemos podido contemplarlo como “políticamente incorrecto”. Pero ahora es necesario llegar al núcleo del núcleo. Y no puede ser otro que la caridad.

San Agustín ilumina

En su Tratado sobre el Evangelio de San Juan  (17,7-9) encontramos estas afirmaciones. “Vino el Señor mismo, como doctor en caridad, rebosante de ella…y puso de manifiesto que tanto la ley como los profetas radican en los dos preceptos de la caridad…deben permanecer siempre grabados en nuestros corazones. Nunca hay que olvidar que hay que amar a Dios y al prójimo: a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser; y al prójimos como a sí mismo

El amor de Dios es el primero en la jerarquía del precepto, pero el amor del prójimo es el primero en el rango de la Acción

¡Luz, más luz.!

Nos llega más luz con la historia que nos cuenta una viejecita luminosa llamada Teresa. Después de participar  la Comunidad en la Santa Misa y antes de que marcharan las jóvenes hermanas al hogar del moribundo les dijo: <¿Habéis visto  con qué ternura, con qué amor tocaba el sacerdote el Cuerpo de Cristo durante la Misa? Aseguraos que es el mismo cuerpo que tocaréis en los pobres. Ofreced el mismo amor, la misma ternura.

  • Al cabo de tres horas volvieron y una de ellas vino a hablar conmigo a mi habitación y me dijo:” Madre, he estado tocando el Cuerpo de Cristo durante tres horas.”
  • Su rostro estaba radiante de alegría
  • ¿Qué ha hecho hermana?

En cuanto llegamos nos trajeron un hombre con el cuerpo lleno de gusanos. Le habían recogido en una alcantarilla.  He estado tocando el Cuerpo de Cristo durante tres horas. Sabía que era Él”

Allí estaba esta hermana joven que había comprendido que Dios no engaña. Él dijo.’Estuve enfermo y me cuidasteis’> Evidentemente lo enseñado doctrinalmente por san Agustín, la misionera de la caridad lo vivenció con una profundidad que me atrevo a  calificarla de mística. El amor al prójimo primero en la acción y sin línea de separación llegó al precepto primero en la Jerarquía.( “Donde hay amor, está Dios” Booket.)
                                  
Un gran testigo.

San Antonio M Claret dedica, en su autobiografía, seis capítulos a describir  la seis virtudes que conoció eran necesarias al misionero. La sexta está dedicada al “Amor de Dios y del prójimo. Un experto en la espiritualidad de Claret afirma que “este capítulo      es uno de los más vigorosos de la Autobiografía y donde se retrata mejor la personalidad apostólica del Santo. Sólo el cantarillo me permite citar algún texto, porque ya está casi lleno. “La virtud más necesaria es el amor. Sí, lo digo y lo diré mil veces: la virtud que  más necesita un misionero es el amor. Debe amar a Dios, a Jesucristo, a María Santísima y a los prójimos: si no tiene este amor, todas sus bellas dotes serán inútiles, pero si tiene grande amor con las dotes naturales  lo tiene todo. (Nº 438.)

Su imaginación encuentra en los avances de su tiempo comparaciones. La bala tirada con la mano o la tirada con el fusil; la máquina de tren con el fuego del vapor o sin él. Pues el fuego del fusil y el vapor es el amor que lanza la palabra y arrastra y hiere de muerte al pecado. Hay que leer todo el capítulo para sentirnos interpelados como se sintieron sus misioneros: “debéis ser enviados, reempujados, debéis decir Charitas Chisti urget nos (Nota, al nº 441).  Precisamente el lema de sus escudo arzobispal y el eslogan de este tercer núcleo que también nos hace sentirnos heridos por la bala del fusil

Y San Pablo ¿qué?

Imposible el olvido de su gran canto al amor, en su capítulo 13  de la 1ª carta a los corintios: “Aunque hablara todas la lenguas de todos los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como campana que suena o címbalo que retiñe. Y aunque tuviera el don…aunque… y aunque…si no tengo amor de nada me sirve.

El amor es paciente y bondadoso; no tiene envidia, ni orgullo, ni jactancia…Todo lo excusa, todo los cree, todo lo espera, todo lo aguanta.”

Finalizo el núcleo tercero “La caridad de Cristo me urge”,  que llena a tope el cantarillo cien, cantando con el "Cantar de los cantares 8,7: Las aguas torrenciales no podrán apagar el amor, ni anegarlo los ríos. Si alguien quisiera comprar el amor con todas las riquezas de su casa, se haría despreciable".

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Comentarios

Martha Martha
el 19/1/17
A punto del regreso a casa me encuentro con el
cantaro # 100, nada menos que un recuento de lo
aprendido meses atras sobre la formación del joven
Claret a semejanza de Jesus en su futura vida.
De nuevo hemos recordado el desconcierto del San-
to Claret cuando renuncio a la idea de ser un espe-
cialista en la Industria Textil; triste y decepcionado
recordo cuando veia al herrero de su pueblo enfras-
cado en transformar hierros candentes en la Fragua
en figuras de todo tipo, siendo en esa forma como
encontro su verdadero camino, iluminado por Dios
y llenándolo de una especial alegría al encontrar
su verdadero camino, su vida futura, convirtiendo
su imagen semejante a la de Jesus, por medio de
un inmenso calor del Amor de Dios y recibiendo
cuantos golpes fueran necesarios ... » ver comentario
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