Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho.
-Sección patrocinada por la revista: Iris de Paz.
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Si de la vida de María sabemos pocas cosas, menos sabemos de la de San José. Por eso quisiera dejar volar la imaginación y meter, como si fuéramos periodistas, cámara y micrófonos, en algún rinconcito de aquel taller de Nazaret. Reconstruyamos la escena, que bien pudiera ser de un día 19 de marzo.
Celebración para la Vigilia de la Inmaculada. Oramos juntos, contemplando a la llena de gracia y madre nuestra
Aunque nos gustaría saber más cosas del Jesús que fue niño, lo que hacía, cómo aprendía, damos un salto en el tiempo para pasar a conocer detalles sobre cómo vivió María el ministerio (y el misterio) de su hijo. Nos paramos en dos escenas: las bodas de Caná y cuando su madre y sus hermanos fueron a hablar con Jesús.
El momento del Nacimiento fue especial. Cada vez que se repite el gran milagro de la vida humana sucede algo especial. Muy especial fue aquella bendita noche, la Noche Buena.
Se retoma la conversación. Después del efusivo saludo entre las primas y los consabidos qué tal estás, cuéntame todo, María se pone a cantar. Alabad al señor, que la música es buena. Con ella hablamos sobre el Magnificat.
Sería una suerte pasar un rato con María y hacer todas esas preguntas que uno siempre ha tenido en la cabeza y que nunca se ha atrevido a preguntar. Y escuchar las respuestas de sus labios con calma...
Curiosamente, el momento sublime en la vida de Pablo VI, cuando grita a María “Madre de la Iglesia”, acaba en oración. Y en esa oración hace un quiebro que nos sabe muy bien a toda la familia cordimariana.
Es hora de Pentecostés, hora de Espíritu. Sé que los apóstoles te circundan, aunque no los vea. ¿No llevas a Jesús? Está en la esperanza: Pronto nos enviará su Espíritu.
Se ha enmarcado en la Cruz todo el misterio de aquel mayor Amor que nos liberta.
El pecado, el poder del mal en el mundo nos pone a prueba. No podemos ceder, como no cedió Jesús.
María la nueva Eva, la zarza ardiente, la nueva arca de la alianza, la amada de Dios, la mujer fuerte, la mujer de fe....
La Virgen tuvo también su itinerario de fe, tuvo que superar dificultades, esforzarse, y responder, cada día.
Conocer la voluntad del Señor y obedecerla es alimento vital, camino y fuente de vida, prenda de amistad con Dios.
Me habéis llamado dichosa todas las gentes, todos los tiempos y lo habéis hecho adornando mi nombre con esos títulos que contienen veneración, amor y la descripción de un destino
Feria
Mc 7, 14-23. Lo que sale de dentro es lo que hace impuro el hombre.
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