He prometido bucear en los rasgos de la personalidad de Jesús. Y espero cumplirla. Sin embargo al releer la invitación de mensaje sinodal a contemplar el rostro de Jesús (la cara es el espejo del alma), me detiene la frase anterior que presupone “la novedad perenne del ENCUENTRO CON CRISTO”.
Todos los ríos, hasta el inmenso Amazonas, desembocan en el mar. ¿Quién puede contarlos? Pues resulta que todos los comentarios, mensajes, documentos sobre la Nueva Evangelización, ¿quién puede contarlos?, desembocan en un Océano sin playas, ni riberas.
Voy a contemplar sereno las pompas que salen primero de Medellín. Luego las grandes que lanza Juan Pablo II en Haití. Y que luego las hace volar en incontables intervenciones y aclarando que no pide reevangelizar. No se trata de repetir lo que ya se hace. Las nuevas situaciones requieren nuevos métodos, nuevas expresiones y sobre todo celo ardiente.
La Nueva Evangelización se hará con los laicos, o no se hará. La frase final del sexto cantarillo con agua sacada del pozo, me resuena como un eco profundo, al preparar el cantarillo que voy echar al pozo con el deseo de llenarlo con agua cristalina y refrescante.
Es mi intención recordar algo de lo mucho que se ha dicho sobre la Nueva Evangelización. Pero antes, me parece necesario pensar en las fuerzas que hay en la Iglesia en misión.
Para la Nueva Evangelización es clara esta corresponsabilidad de misión compartida por las tres formas de vida cristina: Sacerdocio secular, consagrados en sus variadas formas y seglares en su amplio abanico de de solteros, casados, viudos y separados… Lo necesario es el ardor evangelizador común a todos.
Creo que quedó claro que fue Juan Pablo II, el que dio el impulso para que arrancara con fuerza la Nueva Evangelización. Y tuvo el gran acierto de señalar la tríada que debía apoyarla: “nuevo ardor, nuevos métodos, nuevas expresiones”
En el cantarillo del pozo anterior encontramos el hontanar donde dio comienzo con acierto pastoral la “Nueva Evangelización”. ¿Qué ocurrió después?
Se me ha ofrecido un rincón para instalar un pozo de Jacob, sucursal del que existe en Sicar. He tenido la suerte –don de Dios- de haber estado en este pueblo samaritano donde Jacob descubrió aguas profundas, transparentes y frescas para satisfacer la sed de los suyos. Un pozo vivo que todavía ofrece sus aguas al peregrino.
Feria
Mc 9, 38-40. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.
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