Pidamos, al menos, que el Espíritu nos conduzca hacia el encuentro con la mirada del Señor. Santa Teresa cifró en esto su experiencia: “Mirad, que no está esperando otro cosa, sino que le miremos.”
¡Cuánto amor anónimo! ¡Cuánta entrega gratuita! ¡Cuánto gesto desinteresado, que por serlo, ni siquiera es noticia, y hasta cabe pensar que el mundo se destruye por el odio, la guerra, la infidelidad! Porque no nos acordamos de los que de manera oculta aman, de los que vigilan en la noche, de los que permanecen fieles.
Esta fiesta y verdad de fe, no sólo es el triunfo de la Madre de Jesús. En ella se ve la Iglesia, en ella nos vemos los creyentes. El cuerpo incorruptible de María, asunta a los cielos, como fruto de la resurrección de Jesucristo, es nuestra esperanza.
En latitudes occidentales, agosto evoca vacaciones, tiempo de ocio y diversión, de liberación de agobios y de legítimo descanso. Tiempo de saborear los éxitos del curso o de la carrera terminada.
Santiago es uno del grupo los doce, hijo del Zebedeo, hermano de Juan, natural de Betsaida, al Norte del Lago de Galilea. Fue uno de los íntimos del Maestro, lo acompañó en los momentos más marcados, en el Monte Alto y en Getsemaní.
El domingo pasado, la Palabra nos invitaba a ser buenos samaritanos. Hoy, las lecturas nos presentan dos ejemplos emblemáticos de hospitalidad, que tienen lugar uno, en Mambré y otro, en Betania.
Hay lecturas que son antológicas, que se han quedado en nuestra memoria para siempre, iluminan de manera especial la conducta y son referentes a la hora de discernir y de actuar. Una de ellas es la parábola del “Buen Samaritano”, del Evangelio de San Lucas.
Pocas veces como este domingo se puede descubrir el proceso adecuado que debería acontecer en nosotros, desde la conciencia de pecado y fragilidad hasta la cima del seguimiento.
Sí, llega ya el fin de curso, las vacaciones y como cada año una llamada de atención: ¡No guardemos nuestro ser cristiano en el bolsillo de la chaqueta de invierno! ¡Demos testimonio de lo que somos y vivimos!
Serás amado cuando puedas manifestar tus defectos delante de alguien sabiendo que no los utilizará en tu contra
El Misterio de la Trinidad no es una creación teológica, es revelación divina. Jesús nos ha revelado su propia identidad en relación con Dios Padre, y la nuestra, por el Espíritu Santo que se nos ha dado, por el que podemos llamar “Padre” a Dios.
Ven, Espíritu Santo, y renueva en esta hora los dones y frutos de aquel primer Pentecostés, para que el mundo conozca de dónde viene la salvación y los cristianos seamos testigos valientes de la verdad.”
Todos los que nos conocéis, sabéis que lo prioritario, lo que centra nuestra vida, desde la madrugada a la noche, es la alabanza, la oración al Señor en el coro, ofreciéndola y compartiéndola con todos los que os acercáis a Buenafuente.
Mi deseo de Pascua que te dejes mirar por el Resucitado y llegues a escuchar de sus labios tu nombre pronunciado con amor. Si es así, correrás a anunciarlo de muchas formas, por dondequiera que vayas. ¡Feliz Pascua!
El cristianismo no es una referencia moralista para mantener humillados a los desfavorecidos, sino la revelación que permite asumir las aflicciones personales, e invita a salir en ayuda de los que se sienten más menesterosos y hundidos por sus sufrimientos.
En la noche suprema, Jesús se abrazó a la voluntad de su Padre. Es la sabiduría cristiana por excelencia, que no se haga mi voluntad, sino la de Dios.
Como los días anteriores, en medio de circunstancias dolorosas, difíciles de resistir, desconcertantes, la Palabra de Dios ofrece la referencia consoladora. “Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado para saber decir una palabra de aliento al abatido.
¿Con qué gesto de amor voy a acompañar estos días a quien se entrega por mí?
Jesús, sorprendentemente, para que los discípulos se sientan queridos y puedan mantenerse fuertes, les dará una cena y les lavará los pies.
Cada día, en cada momento, y más en este tiempo de cuaresma, necesitamos una renovación a fondo.
Este domingo, las lecturas nos preparan providencialmente para el tiempo cuaresmal, que comenzará el próximo miércoles.
FERIA
Lc 6,27-38. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo.
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