Por las lecturas que hoy se nos proponen para meditar, se puede comprender cómo los textos del Antiguo Testamento se iluminan desde el Nuevo, y la promesa que Dios hace a Moisés de suscitar un profeta para que hable al pueblo se realiza plenamente en la persona de Jesús.
Dos mensajes sobresalen en los textos litúrgicos de este domingo; uno, orientado a quienes son llamados al seguimiento de Jesús como discípulos; otro, orientado a todos los que tenemos necesidad constante de conversión.
El llamado Tiempo Ordinario, que sigue a las fiestas de Navidad, se identifica con el tramo laboral del año, con el regreso de las vacaciones, tiempo de trabajo profesional o doméstico, en el que la actividad marca el ritmo de los días, y la actitud hacendosa lleva, en algunos casos, a la fatiga y al tedio.
En el recio invierno, por motivo de dirigir una tanda de Ejercicios Espirituales a sacerdotes, he permanecido unos días en la ciudad de Burgos. Aunque la nieve se resiste a caer, no así el hielo, y en estas circunstancias es aconsejable cubrirse bien la cabeza.
La fiesta del bautismo de Jesús se enmarca en un contexto de epifanía. El niño de Belén, adorado por los pastores y los magos, acogido y sostenido en los brazos de Simeón, el Hijo de María, la virgen nazarena, es el Hijo amado de Dios.
Si no deseas perecer como vagabundo por haber perdido las referencias y la dirección del camino. Si no deseas ser indigente, menesteroso de amor y de paz profunda.
Invocar a Dios, al comenzar el año, es una necesidad del creyente, de quien sabe que todo está en las manos de quien es el Creador, el Redentor, el Santificador.
Estos días, la Liturgia de la Palabra nos propone como texto para meditar el cántico del anciano Simeón, que puede ayudarnos en la consideración del don que supone la Navidad como encuentro con Jesús,...
Hoy todo es más bueno./ El árbol, testigo del viento./ El frío no hiere,/ el hielo es un beso.
Silencio: “Cuando la noche mediaba su carrera, y un silencio en calma lo envolvía todo, tu Palabra se precipitó sobre la tierra”.
Esta noche es Nochebuena. Mañana nos visitará el Sol que nace de lo alto y por su luz se disiparán todas las tinieblas.
Mañana es Nochebuena. Ya no hay tiempo que perder, las Escrituras nos han confirmado el cumplimiento de las profecías, se acerca la plenitud del tiempo, el Precursor anuncia la inminente llegada del Señor.
En el contexto bíblico, María toma de la exultación de Ana, la madre de Samuel, el canto de alabanza, que contiene el núcleo del Evangelio, la Buena Noticia de la salvación.
Se aproxima la Navidad. El poema de amor expresa los sentimientos enamorados de la Iglesia, los que debieran invadir a la humanidad, a cada uno de nosotros.
La señal se pide como garantía del cumplimiento de un contrato, y si no se respeta el pacto, se pierde la señal. Dios, por su cuenta, se anticipa en dar como señal la maternidad de una virgen y la entrega del Emmanuel.
Hoy, desde los tiempos visigóticos, en la liturgia hispana, se celebra la fiesta en honor de la Virgen María, con la advocación de la Esperanza.
Se acercan días de familia, de encuentro con quienes son en cada casa la referencia entrañable.
La Nueva Alianza no tiene límites, ya no hay forasteros, todos somos destinatarios de la venida del Señor, a todos nos invita a tratar con Él.
Recuerda la promesa del Señor. Él no se retracta de lo que promete, y lo que permite es para nuestro bien.
Quizá hemos tenido que sufrir los efectos de nuestras idolatrías para convencernos de dónde nos viene la salvación.
Feria
Mc 6,30-34. Andaban como ovejas sin pastor
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