SUMARIO:
La navidad de un poeta / José Fernandez del Cacho
En estado de esperanza / Zita Sierra de Grado
La Navidad de un carmelo / Gema Juan
De padre a Padre / José Luis Rodriguez
La navidad de un teólogo / Severiano Blanco
La primera navidad con Chiara / Familia Gallucci-Carrasco
Poema del ilegítimo: "Noche de Paz"
Mirar desde abajo / Pedro Belderrain
Navidades de un obispo / D. José Sáchez
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De padre a Padre
José Luis Rodriguez *

 
 

Querido Padre:

Por la presente espero que te llegue una noticia que al parecer tú conocías desde toda la eternidad, pero de la que yo tengo constancia hace bien poco. Por primera vez en nuestra relación comienzo a mirarte de igual a Igual, al fin y al cabo soy imagen tuya, y no podía ser de otra forma. Efectivamente, como ya sabías he sido padre. No voy a darte datos del peso, tamaño, ni siquiera su nombre, porque, nuevamente, ya lo sabías, ya lo sabrás. Tengo un amigo que dice que los padres tardan un año más que las madres en asumir su paternidad. Y ya que dicha paternidad sea responsable, ni te cuento. Pero asumida o no, responsable o no, me acerca algo más a ti.

Y eso que tú tienes ciertas ventajas, que en ocasiones no acaban de convencerme. Lo de tu conocimiento absoluto me da cierto coraje, sobre todo por la limitación del mío. Oír el llanto de un niño recién nacido, aparte de la cinematografía romántica en torno a este hecho, remueve mi racional cuerpo buscando una explicación y, sobre todo, una solución. He probado el diálogo, pero no siempre sirve. La ausencia de conocimiento se convierte entonces en ausencia de comunicación verbal. Tu hijo es la Palabra, el mío no dice una; no me negarás tu ventaja en el asunto. Con un Hijo Verbo desde el comienzo de los tiempos, todo es más fácil. Por lo menos los primeros meses.

Parece ser, según he leído, que este lento desarrollo inicial de todas las facultades que en un futuro tendrá está en estrecha relación con la gran cantidad de capacidades adquiribles. Nunca la ciencia me pareció tan penúltima. Aunque te advierto que la Teología tampoco soluciona gran cosa. Lo último que he leído es un libro de un experto en espiritualidad que dice que los hijos son un don, y aunque el que lo escribió no tienen ninguno, puedo estar de acuerdo con él. Pero tampoco da muchas pistas. He buscado también, en contra de mis principios, en la tan afamada psicología: Lenguajes no verbales, Lo que el niño sabe de ti, Sus primeros pasos. Nada. Creo que la incomprensión entre padres e hijos comienza en el nacimiento. Y lo que comienza mal... Pensándolo bien, tampoco la infinita sabiduría sirve de mucho en Tu caso, porque no te ha ahorrado incomprensiones por parte de tus hijos. Tú les entiendes, eso sí, pero tampoco te permite solucionar sus problemas (¿de verdad que los entiendes o simplemente los quieres con irracional locura?). Puede que hasta mi ignorancia sea preferible. O al final va a resultar que somos dos padres en apuros. Y tiene gracia.

Había pensado en escribirle a José. No hubiera sido mala idea. Al fin y al cabo creo que todos los padres nos preguntamos si el hijo es nuestro. Y no por infidelidades, ni temas actuales de genética, sino porque si uno se para a pensar, no está nada claro el significado de “nuestro”, en lo más profundo del término. Lo de José fue igual. No en relación al dogma claro, sino en lo más fundamental. Nunca entenderé, por cierto, como ha armado tanto revuelo en la historia este tema, cuando todos los casos son tan similares. Ser padre es como comprarse un piso con un préstamo hipotecario, uno vive diciendo mi piso, nuestro piso, pero el piso es del banco, que nos lo presta. Lo que pasa es que nos gusta decir que es nuestro y vivir más
tranquilos.

Y para acabar permíteme una última pregunta que cada día me tiene más perplejo: ¿por qué vinculaste los hijos al azar y al sexo? No sé que es peor. Los podías haber concedido a partir de cierto desarrollo neuronal o de la voluntad, de trabajos de investigación común, de cierto nivel económico adquirido, de cariño sincero desarrollado. Otras variables, vamos. Empiezo a pensar que desde siempre te ha gustado escandalizar. Luego dirás de tu Hijo. Aunque estemos más cerca que antes, nunca acabaré de entenderte del todo. Claro, si es que eres mi padre, tanta cercanía casi me despista.

En fin, un fuerte abrazo, que ahora tengo que dejarte. Me requieren. Ya sabes Tú quien.


* José Luis Rodríguez es profesor de Instituto en Huelva