SUMARIO:
La navidad de un poeta / José Fernandez del Cacho
En estado de esperanza / Zita Sierra de Grado
La Navidad de un carmelo / Gema Juan
De padre a Padre / José Luis Rodriguez
La navidad de un teólogo / Severiano Blanco
La primera navidad con Chiara / Familia Gallucci-Carrasco
Poema del ilegítimo: "Noche de Paz"
Mirar desde abajo / Pedro Belderrain
Navidades de un obispo / D. José Sáchez
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La Navidad en un Carmelo
Gema Juan *

Del Verbo divino
la Virgen preñada
viene de camino
si le dais posada.
(Juan de la Cruz)

Danos el Padre
A su único Hijo:
Hoy viene al mundo
En pobre cortijo.
¡Oh gran regocijo,
Que ya el hombre es Dios!
(Teresa de Jesús)


Un carmelo es
una pequeña familia reunida en torno a Jesús.
Buscadoras de Dios,
hermanas y peregrinas
en el camino
de la comunión.
Una religiosa carmelita
nos acerca al día a día navideño de la comunidad

Tal vez la frase que más nos mostraría, una vez más, un modo de vivir, de celebrar y de compartir, en este caso el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, sería aquella que nuestra Teresa nos lanzó como propuesta de andadura: “lo que más os despertare a amar, eso haced”.

Desde estos dos puntos podríamos entrar a ver cómo un pequeño grupo de mujeres vivimos unas fiestas tan entrañables como estas.

La historia es larga, son ya más de cuatro siglos entre nosotras, eslabón tras eslabón, viviendo de mil maneras distintas, un mismo estilo de seguimiento de Jesús en fraternidad. Por eso, lo mismo que hay pequeñas tradiciones, que se transmiten de generación en generación y siguen vivas en muchas de nuestras casas, también es cierto que cada fraternidad está formada por hermanas muy concretas, cuyas vidas y personalidades son las que configuran la manera de vivir todo, también las fiestas y por tanto, también la Navidad.

Como en cualquier otra familia, no hay un “modo general” de vivir la Navidad. La Navidad sólo se vive según se encarna en cada concreto lugar y esto incluye la manera de celebrar. Con todo, es cierto, como ya he dicho antes, que hay pequeñas tradiciones que se han mantenido en algunas de nuestras casas.

Teresa, por carácter y manera de concebir la vida cristiana, disfrutaba mucho con las fiestas y las procuraba. Tenía iniciativa y sabía convocar, le gustaba compartir y crear un ambiente participativo y ese es un tono que marca la fiesta teresiana. Por eso, por ejemplo, era tan amiga de hacer coplillas, como la que encabeza este escrito. A ella le surgía de dentro poner palabra a lo que vivía y su necesidad de comunicar y compartir era grandísima. A través de sus coplillas y poesías hacía participar a las demás.

Otro tanto cabría decir de Juan de la Cruz, de carácter más sobrio pero de gran riqueza expresiva y que también entendió la parte más festiva y popular de la vida cristiana y supo hacer a través de coplas y teatros un ambiente en el que compartir la alegría y los sentimientos que suscita cada vivencia del año cristiano.

Teresa, por carácter y manera de concebir
la vida cristiana,
disfrutaba mucho con
las fiestas y las procuraba

A través de ellos dos, hemos recibido un estilo y un modo de ser, vivir y hacer. Vale la pena hacer mención de una tradición entrañable que nos consta que tanto en los Carmelos femeninos, como en los masculinos, siendo Juan de la Cruz prior, se hacía ya desde los orígenes: Las posadas. Hay testimonios de que en la noche del 24 de diciembre se cantaban letrillas como las que encabezan este escrito, acompañando una imagen de la Virgen y a veces también la de san José, que iban pidiendo posada por las distintas estancias de la casa. Esta tradición se conserva en muchas de nuestras casas. En la mía no. Sin embargo, la he conocido por hermanas mayores y de otros monasterios en versiones diferentes.

Nosotras como reminiscencia de esto, hemos conservado la costumbre de, una vez celebradas las vísperas de la Natividad, acudir cantando coplas hechas por hermanas que nos han precedido, a buscar al Niño a la celda de la Madre priora, donde para cada una hay un pequeño mensaje espiritual que en ese momento compartimos. Después, acompañando al Niño nos dirigimos al comedor para la cena de la Noche Buena, tocando los instrumentos navideños.

Tras la cena, nos reunimos junto al Belén, lo bendecimos y cantamos los primeros villancicos, introduciéndonos de lleno ya en el ambiente festivo de estos días. De aquí pasamos a celebrar el oficio de Vigilia y Eucaristía de la Noche Buena.

En estos últimos años, en nuestro monasterio, con el fin de tener un encuentro con quienes acuden a esta Eucaristía, preparamos un chocolate al que todos contribuyen, aportando algo para compartir.

Durante estos días, junto a la intensidad contemplativa, la fraternidad que siempre vivimos adquiere un protagonismo mayor, lo mismo entre nosotras que con los demás. Aquí son días especiales para la acogida, para volver a comprobar que la gente que nos rodea tiene muchas ganas de compartir con nosotras y nosotras con ellos y son muchos los que se acercan. Ese ritmo de acogida, algo distinto del resto del año, configura un poco estos días, en los que conjugarlo todo llega a ser un arte y la disponibilidad adquiere un matiz muy especial.

El 28 de diciembre
la comunidad se reúne
y elige priora para un día

Si son días en los que mucha gente piensa en favorecernos para que participemos de sus bienes, también son días especialmente sensibles por nuestra parte para con aquellos que tienen menos que nosotras, aquellos más cercanos de quienes conocemos necesidades. Compartir a todos los niveles es otra de las notas determinantes de estos días. Valores elementales de la vida, que en la Navidad adquieren una relevancia especial.

El 28 de diciembre conservamos una pequeña tradición, que al menos en varios de nuestros monasterios se mantiene. La tradición es que ese día la comunidad se reúne y elige priora para un día. Generalmente, resulta ser la pequeña. En nuestra casa, esto se traduce en que ese día no hay “autoridad”. Manteniendo los mínimos comunitarios, es un día de asueto. No hay cocinera, el horario se flexibiliza; es un día donde predomina lo lúdico y que está especialmente abierto a la creatividad, en un sentido muy nuestro ya que Teresa decía que “el Señor dará gracia a unas para que den recreación a otras”.

El 31 de Diciembre por la noche tenemos nuestro “fin de año”. Tras la cena de fiesta, nos reunimos para compartir una oración como recapitulación de lo que ha sido un año al compás del día a día y como acción de gracias por cuanto en ese tiempo ha habido. Se prolonga hasta el oficio de Vigilia de la maternidad de la Madre de Dios y apenas han dado las doce celebramos una Eucaristía por la paz.

Llega el día 5 de Enero y la Madre priora y el paje designado van y vienen preparando, en la sala donde nos solemos reunir, la fiesta de la noche. Aquí los reyes llegan esa noche. Tras las primeras vísperas de la Epifanía y la cena nos vamos reuniendo a la puerta... esperando el “gran momento”, que consiste en entrar juntas a descubrir, como cuando éramos niñas, con mucha ilusión, lo que los reyes nos han dejado.

Puesto que en realidad todas colaboramos en descubrir las necesidades de las demás, aprovechar este día para hacernos felices. Lo mejor de esta noche para cada una de nosotras es ver cómo las otras encuentran algo no esperado pero deseado: una pequeña necesidad que trae la ocasión de remediarse; cosas simples la mayoría de las veces, pero que facilitan la cotidianidad y sobre todo te descubren que las hermanas piensan en ti. Y ese es el mejor regalo de reyes: el regalo de la fraternidad en gestos sencillos, en detalles, en el hecho de sabernos las unas pendientes de las otras.

La Navidad es eso:
ser capaces de mantener
el corazón despierto,
sin contaminar
por el escepticismo
o la acritud

Porque parte de la Navidad entre nosotras, como para cualquier cristiano, es eso: ser capaces de mantener el corazón despierto, sin contaminar por el escepticismo o la acritud, no perder el sentido de la gratuidad, del valor de lo humano y fomentar todo ello a través de los medios que disponemos, incluso si son muy modestos. Para ello con muy pocas cosas nos basta. Ser capaces de manifestar la alegría y la unidad en la oración que compartimos con quienes se acercan.

Pues más o menos esto es lo que se me ocurre contaros sobre nuestra Navidad. Quizás otras comunidades tengan cosas más especiales, puesto que no sólo hemos recibido algunas tradiciones sino que cada comunidad crea las suyas propias. Nosotras la vivimos así, con mucha normalidad y sencillez, como una familia más. Hemos encontrado nuestro modo de disfrutar un misterio que nos sobrepasa y de vivir una fraternidad que nos modela y hace felices. Por eso la frase de la Santa que dije al principio, “lo que más os despertare a amar, eso haced” es la que marca nuestro ritmo, vamos viendo qué es lo que nos hace crecer en nuestra amistad con Dios, estar más unidas, vivir mejor, disfrutar más y ser más sensibles a cuanto nos rodea.

Feliz Navidad para todos y que de día en día descubramos mejor la humanidad de Jesús, para descubrir nuestra propia humanidad.


* Gema Juan es religiosa elita en el Carmelo de Puzol (Valencia)