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Un
poeta ve lo que otros no ven, oye y dice el silencio y la palabra... Nuestro
autor ofrece un brindis navideño para quienes aún quieren
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La
navidad de un poeta Intentar extraer del acontecimiento del Hijo de Dios hecho hombre» toda la vida que desborda es tarea que jamás se puede dar por finalizada. A la hora de intentar abordar el misterio de la Navidad sufrimos una doble tentación. La de mitificarlo tanto que lo acabamos reduciendo a una narración maravillosa, bella, conmovedora, pero con poca realidad y menos significado. O, lo desmitificamos tanto que acaba siendo un puro dato desnudo sin revelación. La aproximación creyente ha de evitar ser absorvida por una interpretación «celeste» o ser reducida a un hecho más dentro de la cerrada causalidad histórica sin ninguna novedad. Para expresar esta realidad novedosa como es la encarnación del Hijo de Dios, el lenguaje tiene que adquirir múltiples formas, desde la afirmación hasta la narración. Quedarán siempre muchas preguntas envueltas en la oscuridad y llamadas a profundizar siempre en ello. Deberán inventarse nuevas categorías, y éstas, después de aplicadas, deberán retirarse silenciosamente cuando la mente y el corazón queden ante el misterio insondable de Dios. Esta es la finalidad de todo discurso cristiano: llegar ante el misterio de Dios y allí desaparecer para dejar paso a la adoración. TODO UN POEMA DE AMOR
Los poemas son desahogos del alma, gritos lanzados desde la cima de un monte hacia espacios que no tienen fin. Escribir poemas es emitir como el viento la voz, con la flor el perfume. Sentir la poesía es estar vivo y abierto a la vida. El estudio mediante la razón, el análisis de la técnica o del lenguaje, nos muestran cómo se produce la maravilla por la que se puede expresar un mensaje y una vivencia de forma elegante y armoniosa; el porqué de una secuencia de palabras, una determinada cadencia, una métrica o una rima, emergen sensaciones que nos evocan sentimientos más allá de los significados literales. Pero de la poesía, lo más importante es sentirla, saborearla íntimamente, dejar que por sí misma nos revele el mensaje, el dolor o la alegría, la duda o la certeza, la placidez o el desasosiego, la ilusión o la desesperanza, el cariño o el desamor que encerró en ella quien la materializó sobre un papel. La poesía es una palabra de paz lanzada a la vida Organizar el devenir en que se manifiesta el mundo mágico de las cosas, comprenderlas, experimentarlas y contarlas es la función que, dialécticamente consciente, fundamenta la intencionalidad poética. La poesía es el acontecimiento hecho lenguaje del corazón. El poeta es el eterno novio de las cosas y los seres. La poesías es un acto de amor. Látigo y grito; un acto creativo en el que el hombre y la mujer enriquece la realidad con algo que sale de su espíritu. La poesía es una palabra de paz lanzada a la vida, es decir, una golondrina en movimiento. Una palabra del yo habitada por el otro. La poesía es plural y es punto de encuentro. La poesía es un fermento para la unidad de los humanos. La poesía es un territorio abierto sin medida. El poeta se eleva por encima del asfalto, del ruido, de las prisas. Hacer poesía es conectar con la presencia de Dios en nuestro corazón... Creer que un poeta es más útil que un político, que un niño es más importante que un emperador, que la fe es la mejor lotería que nos puede tocar en Navidad, creer que si Dios se hizo hombre, ser hombre/mujer es lo más grande que se puede ser.
HACER DE LA VIDA UN VILLANCICO Tú y yo somos «viajeros en tránsito», como los pastores de Belén: expertos en «noches oscuras», es decir, luchando como «gladiadores» en no ser devorados por el mamón» del dólar, por el «ansia» de placer y la «paranoia» del prestigio, que día a día intentamos que no se tape la memoria de la interioridad y de la compasión, haciendo equilibrios (¡y nos caemos tantas veces!) entre las redes vacías de la intrascendencia. Por eso,
junto a la hoguera donde se calientan del relente de la noche, los pastores
parecen estar diciéndonos: «estad atentos, no perdáis
la conciencia de la noche: sólo en ella se revela el inmenso y
silencioso trabajo de Dios en el mundo; sólo estando del lado de
los que padecen más su intemperie puede sorprendernos la visita
del Ángel». Tú y yo hemos sido deslumbrados por una
gran Luz: «No temáis, os doy una gran alegría... Hos
ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor...».
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| * José Fernández del Cacho aprendiz de poeta, sacerdote pasionista y evangelizador | |||