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Las
navidades de un obispo |
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La celebración de la Navidad me produce paz, alegría y una
sensación de cercanía de Dios y de ternura. Me ayudan mucho
a ello los preciosos textos de la liturgia y las mismas celebraciones
que tengo en diversos lugares y ambientes; también el canto gregoriano,
la música clásica referente a la Navidad y algunos villancicos,
no todos. Al terminar el Año 2000 tendremos una vigilia de oración y el día 5 de enero de 2001 clausuraremos el Año Jubilar.
En Noche Buena, después de la celebración en el Hogar de
Ancianos, cenamos juntos los que convivimos en la misma residencia del
Obispo, acompañados por la familia de mi secretario, sacerdote.
En el Día de Navidad, después de la celebración en
la Catedral y de recibir la felicitación en mi casa de un nutrido
grupo representativo y popular de seguntinos, como en el Centro de Acogida
de Sigüenza con los refugiados. Aprovecho también estos días para visitar enfermos y alguna comunidad religiosa o parroquia. Siempre que puedo, paso unos días, en torno al cambio de año, con mi familia y con los viejos amigos en mi pueblo natal. Me sirve para descansar y para ir al campo. Algún año he pasado esas mismas fechas en las Misiones. Intento en esos días tener más tiempo para la oración personal, para oír música, para dormir algo más y para pasear. Junto con este programa que templa el espíritu y es físicamente saludable, tengo que cumplir con el menos grato de enviar cientos de felicitaciones y contestar a otros cuantos cientos. Por una parte, la Navidad es una ocasión única para cultivar, aunque sea fugazmente, relaciones personales que, por imperativos de la tarea diaria, tiene uno reducidas al ritmo de una vez al año, y eso no está mal. Pero el tiempo que hay que dedicarles, aunque sólo sea para poner una palabra personal y la firma o el nombre a mano, hace que cada año me plantee si merece la pena. El resultado es que sigo haciéndolo, porque creo que tampoco tenemos derecho a quedar mal con los amigos y con tantas personas que, con buena voluntad y con cariño, te felicitan y desean que les dediques, al menos una vez al año, un saludo, un buen deseo y tu propio nombre escrito por ti. Tal vez por causa de mis veinte años pasados en Alemania (sólo en dos ocasiones vine a España en Navidad), donde estas fiestas se celebran o celebraban con menos ruido y jolgorio que en España, prefiero en esos días el ambiente recogido, familiar y religioso que el del ruido y el bullicio. Por otra parte, el aspecto comercial y de fiestas profanas, que en ocasiones prevalece y asfixia la Navidad, me produce una honda pena, y el derroche y el despilfarro de algunas mesas me parecen un escándalo y una ofensa a los pobres y un contrasentido con el Misterio del Dios Encarnado, nacido pobre en un pesebre y muerto desnudo en la Cruz. |
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| * D. José Sánchez es obispo de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara | ||