SUMARIO:
La navidad de un poeta / José Fernandez del Cacho
En estado de esperanza / Zita Sierra de Grado
La Navidad de un carmelo / Gema Juan
De padre a Padre / José Luis Rodriguez
La navidad de un teólogo / Severiano Blanco
La primera navidad con Chiara / Familia Gallucci-Carrasco
Poema del ilegítimo: "Noche de Paz"
Mirar desde abajo / Pedro Belderrain
Navidades de un obispo / D. José Sáchez
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Las navidades de un obispo
D. José Sánchez *

 
 

Suelo vivir la Navidad con sentimientos encontrados, que van desde la celebración del Misterio del Nacimiento del hijo de Dios, nuestro Salvador, hasta la difícilmente evitable agitación de esos días, provocada por las costumbres, tradiciones, compromisos sociales y por el ambiente.

La celebración de la Navidad me produce paz, alegría y una sensación de cercanía de Dios y de ternura. Me ayudan mucho a ello los preciosos textos de la liturgia y las mismas celebraciones que tengo en diversos lugares y ambientes; también el canto gregoriano, la música clásica referente a la Navidad y algunos villancicos, no todos.
Celebro la Misa de Media Noche, anticipada por las circunstancias de los asistentes, en el Hogar de Ancianos de las Hermanitas de los ancianos desamparados, en Sigüenza; la del Día de Navidad, en la Catedral. Otros días celebro en algún convento de clausura o en otras comunidades; en la cárcel, en Guadalajara, mientras existió. En la Fiesta de la Sagrada Familia celebro en la Concatedral de Guadalajara. Este año tiene lugar en ese día el Jubileo de las familias.

Al terminar el Año 2000 tendremos una vigilia de oración y el día 5 de enero de 2001 clausuraremos el Año Jubilar.

En Noche Buena, después de la celebración en el Hogar de Ancianos, cenamos juntos los que convivimos en la misma residencia del Obispo, acompañados por la familia de mi secretario, sacerdote. En el Día de Navidad, después de la celebración en la Catedral y de recibir la felicitación en mi casa de un nutrido grupo representativo y popular de seguntinos, como en el Centro de Acogida de Sigüenza con los refugiados.
Es también costumbre recibir al Cabildo de la Catedral en pleno, así como la visita y felicitación de la Corporación Municipal de Sigüenza y de algunas comunidades religiosas.
Una jornada especialmente festiva y fraterna la constituye el día del encuentro de los sacerdotes, con un momento más espiritual y de oración, otro más dedicado a la formación y la comida y convivencia festiva.

Aprovecho también estos días para visitar enfermos y alguna comunidad religiosa o parroquia.

Siempre que puedo, paso unos días, en torno al cambio de año, con mi familia y con los viejos amigos en mi pueblo natal. Me sirve para descansar y para ir al campo. Algún año he pasado esas mismas fechas en las Misiones.

Intento en esos días tener más tiempo para la oración personal, para oír música, para dormir algo más y para pasear.

Junto con este programa que templa el espíritu y es físicamente saludable, tengo que cumplir con el menos grato de enviar cientos de felicitaciones y contestar a otros cuantos cientos. Por una parte, la Navidad es una ocasión única para cultivar, aunque sea fugazmente, relaciones personales que, por imperativos de la tarea diaria, tiene uno reducidas al ritmo de “una vez al año”, y eso no está mal. Pero el tiempo que hay que dedicarles, aunque sólo sea para poner una palabra personal y la firma o el nombre a mano, hace que cada año me plantee si merece la pena. El resultado es que sigo haciéndolo, porque creo que tampoco tenemos derecho a “quedar mal” con los amigos y con tantas personas que, con buena voluntad y con cariño, te felicitan y desean que les dediques, al menos una vez al año, un saludo, un buen deseo y tu propio nombre escrito por ti.

Tal vez por causa de mis veinte años pasados en Alemania (sólo en dos ocasiones vine a España en Navidad), donde estas fiestas se celebran o celebraban con menos ruido y jolgorio que en España, prefiero en esos días el ambiente recogido, familiar y religioso que el del ruido y el bullicio.

Por otra parte, el aspecto comercial y de fiestas profanas, que en ocasiones prevalece y asfixia la Navidad, me produce una honda pena, y el derroche y el despilfarro de algunas mesas me parecen un escándalo y una ofensa a los pobres y un contrasentido con el Misterio del Dios Encarnado, nacido pobre en un pesebre y muerto desnudo en la Cruz.


* D. José Sánchez es obispo de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara