En una de sus primeras novelas, James Carroll ofrece esta conmovedora escena: Un joven está en la sala de partos observando cómo su esposa da a luz a su bebé. Es un parto difícil y ella está en peligro de muerte.
Jesús sigue "llevando a plenitud" la práctica de los mandamientos. El domingo anterior vimos cuatro de ellos. Hoy se ven dos más: el de "ojo por ojo" y el de "amarás a tu prójimo"
Y si perdonas solamente al que te pide perdón y al que "expía sus culpas", ¿qué mérito tendrás? Perdonar no es ignorar, ni consentir, sino confiar en el otro. No habrá paz en este pobre mundo sin perdón primero.
Algunas veces la gente de iglesia intenta señalar una cuestión moral concretacomo la prueba definitiva para determinar si alguien es o no es verdadero seguidor de Jesús. Si hubiera de existir una verdadera prueba definitiva que muestre al genuino seguidor de Jesús, ojalá fuera ésta: ¿Puedes seguir amando a los que te malinterpretan, a los que se te oponen, te son hostiles y te amenazan – sin sentirte paralizado, endurecido o condescendiente?
Hay un cansancio que no se puede curar sólo con un buen sueño, con unas buenas vacaciónes o con un tiempo en compañía de los amigos adecuados y con el vino adecuado. Se trata del cansancio más profundo dentro de nosotros.
Pascua es paso del pecado a la gracia, del rencor al perdón, de la tristeza al gozo. Pascua es paso de la duda a la fe, del resentimiento a la alabanza, del ensimismamiento a la entrega, de la soledad a la pertenencia comunitaria.
Quien se resiste al perdón no llega a conocer el amor de Dios, crece en un subjetivismo nocivo, se endurece, huye del propio conocimiento, busca los defectos de los demás, se incapacita para pertenecer a la comunidad, se vuelve juez inmisericorde, se convierte en pretencioso, piensa que es invulnerable, puede llegar a enloquecer.
Esta semana, según pasen las fechas, encontraremos unas llamadas constantes a cumplir los mandatos del Señor, al mismo tiempo que los textos denuncian la torpeza del pueblo.
Cuantos formamos la Iglesia, debemos evocar constantemente el perdón que nos otorga Cristo y las exigencias de la vida fraterna.
Feria
Mc 6,30-34. Andaban como ovejas sin pastor
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