Ante la lectura de la Carta a Timoteo, del Apóstol San Pablo, a dos días del aniversario de mi ordenación, y de la solemnidad de la Exaltación de la Cruz: “Doy gracias a Cristo Jesús, nuestro Señor, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio”.
Quien se resiste al perdón no llega a conocer el amor de Dios, crece en un subjetivismo nocivo, se endurece, huye del propio conocimiento, busca los defectos de los demás, se incapacita para pertenecer a la comunidad, se vuelve juez inmisericorde, se convierte en pretencioso, piensa que es invulnerable, puede llegar a enloquecer.
“Quiero misericordia, y no sacrificios” (Sal 116). Si conociéramos el amor de Dios, ¡si quedáramos, como representa la imagen con la que acompañamos el texto, con los ojos fijos en quien se entregó por nosotros!
“El Señor es compasivo y misericordioso”
La perfección cristiana consiste en la misericordia, es decir en amar como ama Dios, con amor gratuito, personal y entrañable.
Feria
Jn 17,20-26. Que sean completamente uno.
| Lecturas | Comentario |
| Liturgia | Calendario |