En los textos que hoy nos propone la Liturgia, hay una coincidencia evidente. Las palabras “camino”, “senda”, y los verbos “caminar”, “subir”, “ir” que aparecen de manera reiterada conducen hacia el “monte del Señor”, hacia la “casa del Señor”.
Los textos que hoy se proclaman en la Liturgia, además de presentarnos a Isabel, la madre del Precursor, rezuman gozo y un dinamismo espiritual extraordinario.
Al contemplar la escena de la anunciación del ángel, descubrimos no sólo la indigencia de Dios, que pide posada a una mujer para encarnarse en ella, sino que cada ser humano somos mediación para aquellos proyectos que el Creador desee realizar con la cooperación de la Humanidad.
En la fiesta de San Juan de la Cruz, resuena su cántico espiritual que, lleno de amor, desvela que el camino para alcanzar el conocimiento del tesoro revelado en Jesucristo es angosto.
Hay conversaciones íntimas que sólo tienen lugar en momentos privilegiados; uno de los más estelares en la relación de Jesús con los suyos fue cuando subió con ellos al monte alto.
Si dejas que entre hasta lo más hondo de tu conciencia la noticia del proyecto de Dios sobre el ser humano, sobre ti, descubrirás que el Creador está enamorado de su criatura.
Encarcelado, Juan manda preguntar a Jesús si él es quien tenía que venir, después de haberle reconocido como Mesías cuando vino a ser bautizado por él, parece que Jesús no está respondiendo a sus expectativas.
Ella tenía sus planes, se había casado con un joven bien plantado y trabajador, llamado José. Según la costumbre, todavía no convivían, pero ése era su plan en un futuro muy cercano, pensaba la gente.
Dios no fue víctima del error humano, no pereció en una posible reacción airada; la fuerza de su amor rehizo el universo, y recreó el jardín primero con toda clase de árboles, bellos de ver y apreciados por sus frutos.
La Liturgia nos sitúa en escenas iniciales de la vida de Jesús. En ello se descubre la pedagogía de despertar la sana memoria del momento en el que fuimos conscientes del paso del Señor por nuestra vida, el día en que sentimos la presencia interior que sació nuestra hambre y sed de sentido.
Comenzamos el Adviento, que abre el nuevo año litúrgico. En la segunda lectura dice Pablo que “la noche está avanzada, el día se echa encima”, lo cual, cuando se escucha en Murmansk, suena un tanto irónico.
Necesitamos el mensaje de los profetas, que en tiempos de angostura se atrevieron a augurar el florecimiento del desierto, la restauración de casas en ruinas, la repoblación de ciudades deshabitadas.
No sé quién es este señor de la escalera. Pero al ver un cielo vacío, ha cogido su escalera. No está gris el cielo. Pero está muy solitario, muy sin vida.
No retrases tu incorporación al grupo inmenso de los que esperan al Mesías. Ten la seguridad de que Él puede entrar en tu casa en cualquier momento, si tú le dejas.
Nuestro Señor Jesucristo siempre viene, nunca falla a la cita. Su venida es siempre una llamada, una invitación. Nuestro problema reside en que muchas veces no percibimos su llamada porque no estamos preparados para escucharla.
Feria
Mc 9, 38-40. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.
| Lecturas | Comentario |
| Liturgia | Calendario |